La vida buena

No paramos de hablar de la vida humana y de su duración. Lo normal es que tenga un comienzo, y un final que viene dado por su extinción y regreso a la naturaleza de la que procede, culminando así el ciclo natural. Pero a ese ciclo también está sometido el resto de los seres vivos. Lo que nos caracteriza como humanos no es la capacidad de alimentarnos, reproducirnos o cobijarnos, tampoco la de asociarnos o comunicarnos, sino la de hacerlo con la palabra, con un lenguaje articulado, la de fabricar utensilios y cosas innecesarias, o crear elementos cuya única finalidad son ellos mismos y nuestro deleite, disfrute o entretenimiento; pero sobre todo, lo que nos caracteriza como humanos es el hecho de aspirar a la libertad y a una vida buena y activa.

Cuando faltan la libertad y la vida buena, al menos como posibilidad, se menoscaba nuestra condición y llegamos a convencernos de que así no merece la pena vivir, de modo que llegamos a la rebelión para conseguir la libertad y a usar esa libertad para poner fin a la vida cuando ésta se hace insoportable y no hay remedio que la pueda curar.

En eso o en algo parecido pensaría José Antonio Arrabal, aquejado de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), cuando decidió poner fin a su vida el pasado domingo en su casa de Alcobendas (Madrid). Dijo: “Me indigna tener que morir en clandestinidad”, y eso es lo que ocurre cuando los poderes no se hacen cargo de regular por ley el derecho a la eutanasia y a la muerte digna, porque la vida, si no es buena, en el sentido digno y clásico, no es vida.

Sobre José Antonio Arrabal, ver «Me indigna tener que morir en clandestinidad», El País, 6 de abril de 2017.

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5 comentarios en “La vida buena

    • Alfonso Cebrián dijo:

      Tu respuesta me ha llevado a tu poema, que me tomo la libertad de reproducir. Así unimos nuestras voces:

      Cuando la enfermedad domina,
      la soledad es sola,
      la vejez asfixia,
      el hambre duele
      y la violencia aterroriza.
      Cuando el amor es recuerdo,
      las ilusiones humo,
      las alegrías penas
      y los afectos abandono.
      Cuando ya no queda una palabra,
      un valerse,
      un quehacer.
      Cuando ya nada sustenta la esperanza.
      La vida, siéndolo, ya no lo es.

      Contrapunto:
      El deseo de vivir, o no,
      son dos melodías independientes
      que, cuando suenan juntas,
      forman una composición armónica única:
      La vida.

      Un fuerte abrazo, amiga.

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