Fragas do Eume

El latido del bosque

Siempre fue el bosque refugio de ninfas y pastores, morada del amor y albergue de la fantasía. En los claros del bosque danzan los dioses antiguos y en lo más hondo se refugian los proscritos; los maquis se lamen las heridas de la derrota al tiempo que los enamorados primerizos retozan al abrigo de las sombras.

El bosque es la casa inacabable de ardillas, linces y corzos; mariposas, libélulas y mantis religiosas. En las noches de celo se oye la berrea de los machos; el cielo del bosque es un clamor de pájaros.

Y si agudizas el oído, podrás escuchar un bisbiseo que viene de las hadas, los duendes, y los enanitos de Blancanieves.

Si te coge la caída de la tarde sobre el Eume, verás una serpiente de cobre salir de un bosque encantado; sin embargo estos días parecía un chorro de lava emergiendo de las entrañas del volcán. ¿Dónde habrán ido a parar las ninfas y pastores del Eume? ¿Dónde los corzos, ardillas, mirlos, águilas culebreras, mariposas, hadas, enanitos y duendes? ¿Sobre qué manto de hierba se dejarán caer los enamorados? ¿Por qué tanto desmán o descuido?

Dicen las autoridades que el fuego está controlado y que han hecho lo que había que hacer. Pero muchos paisanos vuelven a gritar Nunca Máis y reclaman que el bosque esté mejor cuidado.


Esta entrada la escribí hace algunos años, cuando el incendio de las Fragas del Eume; hoy vale lo mismo.

En estos días arde todo el noroeste de la Península Ibérica: el norte de Portugal y las Comunidades Españolas de Galicia, Asturias y parte de Castilla y León; hay más de cuarenta muertos. Y hay que repetir: 

Dirán las autoridades que el fuego está controlado y que han hecho lo que había que hacer. Pero muchos paisanos vuelven a gritar Nunca Máis y reclaman que el bosque esté mejor cuidado”.

 

Imagen: Fragas do Eume, por publikaccion, bajo licencia de Creative Commons (CC BY).

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13 comentarios en “El latido del bosque

  1. inspectordisaster dijo:

    Por desgracia, Alfonso, me temo que tu entrada seguirá vigente año tras año. Nuestros montes -los gallegos, los asturianos, los portugueses- no importan lo bastante como para destinar una partida presupuestaria en época de recortes (te diría que ni siquiera de bonanza). En esta ocasión ha habido muertos, y quizás por ello, se les preste más atención, pero la noticia pasará, expulsada por la siguiente, y no nos quedarán más que tierras arrasadas, sin ardillas, linces, serpientes ni ninfas… sin vida.

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    • Alfonso Cebrián dijo:

      Eso parece. El abandono y desprecio hacia la casa común, la que a todos nos cobija, no merece la atención de los que acomodan el mundo hacia el deterioro y la destrucción. El problema, a mi juicio, es que cuentan con la complicidad de una parte importante de la ciudadanía que, por ignorancia o mala intención, los secunda. Hemos perdido la relación con la naturaleza, a la que vemos, no como el ser vivo del que formamos parte, sino como un componente más de la ‘riqueza’ a la que asignamos un valor especulativo, y así nos va ¿Cómo cambiar el sentido de las cosas? De momento aplaudo, y siento no estar cerca, el coraje de los que, tiznados aún por el fuego, agotados de tanto bregar, han vuelto a gritar ‘Nunca Máis’, porque sí, es verdad, necesitamos cambiar este estado de cosas. Y un sentido recuerdo para las víctimas.

      Gracias por el comentario. Saludos.

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  2. Julie Sopetrán dijo:

    Sin bosque no somos nada, nadie…Y cuánta razón alberga tu reflexión y tu denuncia! Ojalá se ponga fin a este desmadre a este caos de gobernantes que tenemos. Si no cuidamos el bosque ¿qué somos capaces de cuidar? Te mando mi abrazo y espero que la desgracia nos enseñe a todos. Mis abrazos repartidos, para ti, y para ellos los que se han quedado sin casa, los muertos, los animales desorientados, la tierra, ahora negra…

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    • Alfonso Cebrián dijo:

      Hola Julie. La verdad es que la indignación me pedía otro texto y otro lenguaje, pero hay que templar los ánimos. Porque pensaba en el bosque, pero también en ese monte que sirve de cobijo y sustento para tanta gente, que no forma parte de una cohorte de figurantes para alimentar el tipismo, sino que vive en continua relación con la tierra.

      Por elección y gusto tengo la fortuna de pasar los veranos en una aldea del norte de Galicia, y sé de sus trabajos y sus días, de la escasez de agua de los últimos años, de la dureza de la hierba escasa y seca, del miedo al fuego y al jabalí, que busca el sustento en los huertos por carecer de éste en las tierras que habita y en las que está cómodo. Y me consta que año tras año nadie hace nada, no se limpia, no se ordena el territorio. Y luego vienen las desgracias y lamentos.

      En fin: “Ojalá se ponga fin a este desmadre a este caos de gobernantes que tenemos”, y ojalá caigamos en la cuenta de todo lo que está en juego.

      Un abrazo.

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  3. Francisco J. Martín dijo:

    Que lástima que haya tenido que seguir valiendo tu entrada (que me encanta), no por ella sino por el fuego de nuevo. No alcanzo a saber porqué sigue ocurriendo, que si mafias, que si no, que algún despistado, algún loco, que no se cuida el monte, que uno asando chorizos, …….
    Saludos ¡¡

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    • Alfonso Cebrián dijo:

      No, esto no tiene pinta de acabar. No es de incendiarios, precisamente, de lo que andamos escasos, y yo tampoco alcanzo a saber los porqués. Pero creo que los poderes estatales, autonómicos y locales, y los creadores de opinión, pueden hacer eso que hoy damos en llamar ‘pedagogía’: los primeros invirtiendo recursos en prevención y extinción; los segundos abriendo grietas en esa especie de ‘omertá’, tan perjudicial para todos, de modo que se mejore la lucha contra el fuego y contra los incendiarios. Aun así, seguiría habiendo fuegos, pero al menos no se tendría esa sensación de desprotección, desorden e impunidad..

      Muchas gracias y un abrazo.

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  4. nator dijo:

    Palabras tras palabras me hizo viajar a la infancia, a esa infancia en la cual conocí un delicioso sentir, en donde aprendí que la imaginación no tiene limites, y me hizo retornar también hacia un tiempo atrás, cuando regrese y encontré que algo quizás peor que un incendio destruyo la mayor parte de mis recuerdos.
    Gracias por compartir tu relato.

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