Mi bandera

Crumpled. Gerd Altmann. CC0 Creative Commons.

Mi bandera
perdió el color
y las siglas.

Ondeó, tantas veces,
su historia que decidió
desteñirse; ser blanca,
inmaculada.
Sensata
ante cualquier presión
que arremetiese contra mí.

Esa mi bandera.

Mi bandera
espera en silencio,
adentro.

Sale a corazón abierto
con las sonrisas que veo.

Eleva un cántico en coro
con arterias y venas.

Todo mi cuerpo
hace reverencia
cuando aparece.

¿Dónde mi patria? —pregunta.
¿Cuál mi emblema? —cuestiona.
Tierra—le digo.

Tierra calma
para la cosecha,
cuando llega
nueva primavera.

Cuando entonces.
Cuando nueva primavera
llega.

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La noche fue larga  – Emociones encadenadas

La noche fue larga.
Vi a Lorca,
hace 81 años,
con unos focos sobre él.
Antes de su “Yo confieso”
la luna se fue.
No quiso verlos.
No verá el amanecer.
La noche fue larga.
La luna se fue.

Picasso y Dalí gritan:
¡No tenemos miedo!

Elefantes rojos,
rosas levitando.
Mis paredes
y la vida de azul.

La noche fue larga.
La luna se fue.
Sueño que no florezca el terror
donde otros siembran miedos.
¡No tenemos miedo!— gritan.

Que no se aplauda el dolor
donde quien pena
batallas libró
por ríos rojos en el asfalto.
¡No tenemos miedo! —gritan.

Que tiemble la tierra
por las letales pisadas
de quien se abandera de paz,
de cordura, de esperanza,
de vida, de unidad,
de lucha contra la injusticia
armada;
quien no se cansará de gritar:

¡No tenemos miedo!

¡Basta ya!
Gema Albornoz

Una de las Rosas

Paredes habitan el canto
de una voz casi apagada.
La puerta del sótano se abre.
Luce cruz de hierro como estandarte.
Ventana abierta a la esperanza.
Ventana cerrada a la desesperación.
Una alfombra de sangre se extiende
bajo la rendija de esa puerta.
Dirección a la tapia del cementerio,
el corazón bombea tortura.
No sabe o no quiere saber.
Antes de saberse doler
prefiere no desfallecer.
Ha sufrido en piel
y ha sufrido en ojos.
Ha sido mancillada:
corrientes en los pezones,
ropas a jirones,
violaciones.
Dirección a la tapia del cementerio.
Das una vuelta al horizonte,
todos tus años fueron espinas
y serás rosa.

Gema Albornoz

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A punto de rebosar

Drinking glass. Foto: Pexels. CC0 Public Domain.

Hasta el borde
y a punto de rebosar.
Llega el fin
y acaba de empezar.
Tabula rasa.
Mi experiencia no nació
en parto natural.
Seguí el rastro de cada ruido
y guardé sus vibraciones
y silencios.
Me escondí tras cada proyección
y capté por mi ojo
aquello que recibía  
y expulsaba.
Anoté con timbre oficial
cada localización,
paraje durante la fulminación,
de mi idea pretenciosa
de un mundo con aspiraciones
de quietud y sosiego,
tan difícil de alcanzar.
Un día al levantarte:
hasta el borde,
a punto de rebosar.
La credibilidad
en un linaje
sin lazos,
sin escrúpulos,
ni raíces:
la humanidad.

Gema Albornoz

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Hace ciento ocho meses atrás

Hay pérdidas
que cambian el curso de los días

a través de Hace ciento ocho meses atrás — Emociones encadenadas

Una pétrea figura
fue testigo
hace ciento ocho meses atrás.
Los tejados quedaron mudos
—durante ciento ocho segundos.

Ninguno viró su veleta en su dirección.
Las antenas medían entonces,
la velocidad del viento,
en su lugar.
Una electricidad lúgubre inundó
el ambiente.
Los gorriones
dieron ciento ocho vueltas
con ciento ocho aleteos,
premonizando en sus alas
—y pinzando con sus plumas—
cada sensación voluble en el aire.

Los muros enseñaron cicatrices
y desconchones en sus fachadas
—aún sin revestir de blanco.
Caían ciento ocho costras
llorando el momento, por el que el suelo
se llenó de ríos de sangre incolora
—porque nadie había pinchado
su superficie para verla sangrar.

Los árboles tiraron el ropaje ramado
que vestían mientras hacían un camino
señalando una emigración sin residencia,
silenciosa y sin causa,
ni necesidad.

Ciento ocho entradas al instante congelado
donde todo se repite.

Sin salida
sin entrada,
sin camino,
sin una visita
a ese mosaico sepulcral
—faltante aún,
ahora —
teniendo en mi pecho,
tu vida
y en mis manos,
un ramo de crisantemos.

Gema Albornoz

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El día de los cuervos

Rocks. Foto: Unsplash. CC0 Public Domain.

Rocks. Foto: Unsplash. CC0 Public Domain.

Consiguió formarse una ola
en el centro de un océano
de hebras de seda negras.
Mi pie sujetaba el epicentro
de un tsunami
que no dejaba formar.
Tres cuervos
grajeaban mi canción favorita.
Dándome la clave secreta
de que esperaban por mí.
Llevaban colgando piedras aguamarinas
a juego con el señorial reflejo verdoso de sus plumas.
¿No les bastaba con graznar?
Me aparté del centro,
moví el pie.
Vuelvo a tierra firme
donde volaré como serpiente que se arrastra,
donde aún puedo plantar.

Gema Albornoz

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📍📍📍Colaborar en lugares como este, me hacer ser mucho más consciente de las olas de violencia, de eventos tan indeseables que no ocurren tan lejos como cuentan las noticias, los puedo leer a través de los relatos, poesías de todos vosotros. Cada país sufre una ola diferente de violencia e injusticia, cada país sufre.
⛔️No a la violencia, en ninguna de sus formas.
⛔️No a la injusticia, por ninguna de sus vías.

En el hueso

La Sed. Dibujo original. Artista: Paula Bonet. All rights reserved.

«La Sed», dibujo original  por Paula Bonet. (Todos los derechos reservados).

«El machismo está en el hueso». Paula Bonet

Un río de sangre corre
desde mi brazo hasta el tuyo.
Mojas el dedo en él
para testar la androginia
de mis pensamientos.
Un río de lágrimas
es cascada entre mis ojos
y tus mejillas.
Sigue un estereotipo
donde siempre quedas por encima.
Un mar de micromachismos
en los que caer,
sin querer zambullirme.
Forman un agujero negro
por donde tiro toda la sangre
—y las lágrimas—
que me extirpo del hueso.
Un hueso que es arma
en su taxonomía
y veneno
—cuando se apura sorbiéndolo.
Raspo hasta su parte más esponjosa.
Raspo arañando la médula.
Raspo haciendo cavidades con mis uñas.
Las clavo haciéndolas irrompibles
al bañarlas en mi propia sangre.

Gema Albornoz
https://emocionesencadenadas.com/

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