Oración en el huerto

“Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Lucas 22:42

Abrir los ojos y cerrar la boca.
Abrir los ojos para no apartar de mí
esta copa. Cerrar la boca para que se haga
mi voluntad y no la de quien olvida que la alerta de vida
es innata al ser. No viene como temporal de lluvia.
Extender las manos y apartar los pies.
Condensar el vapor con palabras que no pronunciaré
al leer un suceso. Suspender el agua de los tejados,
aquellos que no habitas porque reina la provocación.
Y si es posible, aparta de mí a quienes violan,
a quienes sorprenden el alud, a quienes matan.
Aparta de mí, a la misma muerte y a quienes viven
en la desgracia tras atravesar el Mediterráneo
en una balsa de jabón; a quienes apuñalan,
a quienes juegan con los panfletos de desaparecidos
esparcidos por el suelo. Y no atropellaré a la vida que florece
al quebrar la solidez del mismo suelo que piso. Y sus pétalos,
óyeme bien, anidarán mi ánimo. Y llenarán mi copa.

Gema Albornoz

Profetización apocalíptica

«The comet will soon become visible to the naked eye»
Omega: the Last Days of the World, by Camille Flammarion; 1894

El pájaro negro liderará las almas
de las aves blancas subyugadas por su belleza.
La multitud se dirigirá al omega encripto
por encima de cualquier puerta hacia el fin.
Los bienaventurados cruzarán el pórtico
limítrofe sin distinción, a las tres en punto.
Los malaventurados esperarán la señal
del oráculo para unirse a la estampida
tras la declaración caótica terminal.
Los fanáticos militarán por el despotismo
digital mientras que los sumisos calculan
las cifras. El destino se dibujará en los rostros
y se dejará adivinar la decadencia de sus despedidas.
Los extraños se dirigirán a ti sin titubeos
y excitará la envidia de quienes te conocen sin hablarte.
La expectación y la no certeza vagarán libremente
y serán catástrofe anunciando las horas finales.
La contaminación atmosférica envenenará de sofocación
y cambiará la red alimentaria sin romperla, sin romperla.
Moldeando las transformaciones que acompañan al misterio
de lo inevitable antes de tiempo. Antes del fin, antes del fin.
Nadie sufrirá la tortura de querer lograr lo inalcanzable
puesto que tras cumplir el designio terrenal pasará al observatorio
celestial donde sólo será juez, dios de lo que la noche traerá
y dios de lo que el día se lleva. Y no al revés. Y nadie sufra. Y nadie sufra
su muerte sino millones de muertes ajenas,
como humano aterrado y marinero del cielo,
solitario y superviviente de las islas terrestres,
profetizando en las estrellas, los últimos días del mundo.

Vomitemos las palabras

YO TE CREO

Hace frío, impacable se adentra
en mis tripas.
Se revuelven, dando vueltas
a mi estómago.
Una boca articula palabras,
resuenan mientras
las niego.
“No hubo agresión sexual,
sino una relación consentida y placentera”.

No. No. No. Tres veces no.

El café enluta,
se hace más amargo.
Probablemente, ya han destrozado
la corona de Puta sobre su cabeza.
Probablemente, siga con una vida
fraccionada.
Probablemente, quienes escuchamos
cómo una víctima habla de una agresión
sexual, en un portal, la vivimos
repitiendo lo que ella ya vivió,
siempre que no vomitemos las palabras
perdidas en aquel portal. Y levantemos
el vómito más alto que su propia voz.

Mi bandera

Crumpled. Gerd Altmann. CC0 Creative Commons.

Mi bandera
perdió el color
y las siglas.

Ondeó, tantas veces,
su historia que decidió
desteñirse; ser blanca,
inmaculada.
Sensata
ante cualquier presión
que arremetiese contra mí.

Esa mi bandera.

Mi bandera
espera en silencio,
adentro.

Sale a corazón abierto
con las sonrisas que veo.

Eleva un cántico en coro
con arterias y venas.

Todo mi cuerpo
hace reverencia
cuando aparece.

¿Dónde mi patria? —pregunta.
¿Cuál mi emblema? —cuestiona.
Tierra—le digo.

Tierra calma
para la cosecha,
cuando llega
nueva primavera.

Cuando entonces.
Cuando nueva primavera
llega.

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La noche fue larga  – Emociones encadenadas

La noche fue larga.
Vi a Lorca,
hace 81 años,
con unos focos sobre él.
Antes de su “Yo confieso”
la luna se fue.
No quiso verlos.
No verá el amanecer.
La noche fue larga.
La luna se fue.

Picasso y Dalí gritan:
¡No tenemos miedo!

Elefantes rojos,
rosas levitando.
Mis paredes
y la vida de azul.

La noche fue larga.
La luna se fue.
Sueño que no florezca el terror
donde otros siembran miedos.
¡No tenemos miedo!— gritan.

Que no se aplauda el dolor
donde quien pena
batallas libró
por ríos rojos en el asfalto.
¡No tenemos miedo! —gritan.

Que tiemble la tierra
por las letales pisadas
de quien se abandera de paz,
de cordura, de esperanza,
de vida, de unidad,
de lucha contra la injusticia
armada;
quien no se cansará de gritar:

¡No tenemos miedo!

¡Basta ya!
Gema Albornoz

Una de las Rosas

Paredes habitan el canto
de una voz casi apagada.
La puerta del sótano se abre.
Luce cruz de hierro como estandarte.
Ventana abierta a la esperanza.
Ventana cerrada a la desesperación.
Una alfombra de sangre se extiende
bajo la rendija de esa puerta.
Dirección a la tapia del cementerio,
el corazón bombea tortura.
No sabe o no quiere saber.
Antes de saberse doler
prefiere no desfallecer.
Ha sufrido en piel
y ha sufrido en ojos.
Ha sido mancillada:
corrientes en los pezones,
ropas a jirones,
violaciones.
Dirección a la tapia del cementerio.
Das una vuelta al horizonte,
todos tus años fueron espinas
y serás rosa.

Gema Albornoz

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A punto de rebosar

Drinking glass. Foto: Pexels. CC0 Public Domain.

Hasta el borde
y a punto de rebosar.
Llega el fin
y acaba de empezar.
Tabula rasa.
Mi experiencia no nació
en parto natural.
Seguí el rastro de cada ruido
y guardé sus vibraciones
y silencios.
Me escondí tras cada proyección
y capté por mi ojo
aquello que recibía  
y expulsaba.
Anoté con timbre oficial
cada localización,
paraje durante la fulminación,
de mi idea pretenciosa
de un mundo con aspiraciones
de quietud y sosiego,
tan difícil de alcanzar.
Un día al levantarte:
hasta el borde,
a punto de rebosar.
La credibilidad
en un linaje
sin lazos,
sin escrúpulos,
ni raíces:
la humanidad.

Gema Albornoz

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