De cansancios e inercias

Más fuerte que la crítica
más agresivo que lo corrupto
más potente resulta la inocuidad
ante la ceguera voluntaria de los videntes.

“¡Ya basta!” Gritaron desde el sofá
desde la comodidad de su rutina,
pues lo único que les duele y les molesta
son las heridas más superficiales de sus fiestas.

La resaca de conformidad
las voces compradas y los silencios forzados
la sangre derramada de quienes nos defendieron
de quienes intentaron ser más que poetas
Y cambiar al mundo sin dormir siestas.

Porque se necesitaban, los necesitamos
¿será que probaremos que su muerte no fue en vano?
No quiero encontrarme frente al espejo
mirando la televisión o escribiendo un libro
sin saber que antes luché por el exilio
Por ser libre de hipócritas, de engreídos y asesinos
que se creyeron más que la tierra que les brindó auxilio.

Porque en su piel aún yace el polvo que nos forma y nos aguarda
que en algún momento la vida nos pone de nuevo
como vecinos de la misma cuadra
ya sea en las calles o en la tumba,
en el dolor o en la lujuria,
recordándonos que su sangre es también la mía.

Ya me cansé de todo esto
me cansé de ellos y me cansé también de mi
por anhelar vacíos sin recelo
olvidando que esa distracción me podría convertir en uno de ellos
los que matan y se esconden, a los que el poder absorbe
por olvidarse que no solo unos cuantos son pueblo
y que en quienes más sufren se aferra el recuerdo
pariendo hijos, también canallas
a la espera eterna de cualquier hazaña;
renunciemos de una a toda la inercia
demostremos con actos nuestra consciencia.

Anuncios