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¿A dónde vas, alma errante?

¿A dónde vas alma errante,

a dónde te veo partir?

Voy en busca de los sueños,

aunque la vida me cueste.

Voy huyendo del hambre,

de la guerra, de la peste.

De la injusticia del hombre,

del escarnio de mi gente.

Voy cruzando el Río Grande,

voy en un camión caliente,

Sofocado por los cuerpos,

ahogado por la corriente.

Vivo, lucho y muero

en mi esperanza,

tan pronto me ven salir

soy un espectro de añoranzas.

Llora mi viuda, llora mi madre,

lloran mis hijas descalzas.

Ya yo no sé si es peor

desgajarme en esta tierra rancia,

o dejar mi ánima vagabunda

en esta travesía falsa.

El miedo no tiene lugar,

tengo que hacer el intento,

esconderé mi contento

si llego a alcanzar mi destino.

Trabajaré sol a sol,

no me quejaré de nada.

Déjame cruzar el río,

deja agua en mi camino,

déjame lograr mi sueño…

soy un esqueleto en el desierto.

imagen: https://pixabay.com/en/rio-grande-river-water-texas-1584102/

Huyendo

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«Centroamérica. Niños refugiados», por Julio Alejandre

─Toda la noche fue de andar y andar, una cadena larga de gente que se movía y daba vueltas igual que las revueltas del propio camino.
─Todos en la misma cadena.
─Todos. El que tenía algo y el que no tenía nada, el que debía como el que no.
─Cabal, es que las bombas no respetaban a nadie.
─Ni tampoco los que vinieron detrás.
─Fue noche de andar huyendo.
─Huyendo por entre los cerros y las sierras, buscando las hondonadas, la oscuridad de los árboles, huyendo por las veredas y las trochas de los animales y los animales. Perseguidos, acosados, atrapados estábamos entre el yunque y el martillo.
─De miedo fue la noche.
─Miedo de que nos descubrieran y nos mataran a todos, que nos mataran como masacraron a tantos. Balaceados. Quemados.
─Botados al río.
─A más de uno lo hicieron así.
─Crucificados en los cercos.
─Peor que a Nuestro Señor
─Miedo de que nos masacraran a nosotros también.
─Y no había otro ruido que el de los pasos de tanta gente que caminaba en silencio, un silencio tan terrible, tan terrible que todavía lo tengo tallado en la memoria, amasado con miedo y polvo y pasos y con más miedo.
─Un silencio de sí o sí.
─Con la tropa por todos lados, peinando los cerros, los campos, la montaña, peinándola apretaditos, igual a los dientes de un quitaliendres.
─Un silencio de morirse.
─De no oírse ni el llanto de una criatura, porque las madres con trapos les cerraban las bocas, con trapos bien apretados aunque se ahogaran, aunque reventaran de un sofocón.
─Qué brutas que fuimos, verdad.
─Verdad, y yo la que más.
─Pero era el miedo, vos, el miedo a morirse.
─Es que era una criatura. ¿Qué debía ella?
─Ya no te atormentes más, mujer. La pobrecita se murió y se murió.

Tráfico humano

atrafico

Una mujer se aborrece a sí misma. Tomó la decisión más horrible que una madre puede tomar. La vida de un hijo sobre la otra. Miró a los dos y sacrificó a la hija. A su niña hermosa de dos años. Perdió de cualquier modo, porque le quitaron al varón y nunca lo volvió a ver. Ni siquiera sabía si vivían. Llorando sobre una cama su desventura, se preguntaba por qué el varón y no la niña. No había justificación a su acto.

####

 —Amina, ven —escuchó la voz de su madre como en un sueño.

—Voy, mami —contestó.

Caminó dando pasos pequeños, con los brazos abiertos para hacer balance. Entró a una habitación donde una mujer estaba acostada en la cama, a medio vestir. Un hombre la acariciaba y la pequeña Amina intentó regresarse, pero el hombre se levantó rápidamente de la cama y la cargó.

—Es hermosa tu hija —dijo él.

—¿Por cuánto la quieres?

—Podemos llegar a un precio razonable.

Ella —su madre— le habló al hombre en el oído, él aceptó y ambos rieron.

—Eso será suficiente —concluyó ella.

Amina vio a su madre recoger su ropa —que no era mucha—, entregarla al extraño quien la puso en su camioneta. Luego tomó a la niña en los brazos y la subió en el asiento de atrás, cerrando la puerta. El hombre encendió el vehículo y la pequeña vio a la mujer parada en la orilla de la carretera, haciéndose cada vez más diminuta.

Llevaron a la niña a un lugar donde había muchas otras, todas de menos de cinco años. Las desnudaron y un hombre comenzó a fotografiarlas. Las ponían juntas y separadas, en diferentes poses, algunas no apropiadas para la edad. Amina era especialmente hermosa. De cabellera negra rizada, piel tostada y ojos inmensos color verde oliva, era la más llamativa del grupo. Seguramente habría un postor muy pronto, comentaban los lascivos que estaban allí.

Llegaron unos papeles solicitando una adopción. Una mujer de ojos muy dulces entró en la habitación en la que estaba Amina sola. Ella se acercó suavemente y le habló en otro idioma. La niña no conocía su lenguaje, pero sí el de las caricias buenas. Se hizo el trámite y ella fue separada de las otras muchachitas para partir con un padre y una madre nueva a un destino desconocido.

Amina viajó por primera vez en avión. La llevaron a otro lugar en el que le enseñaron una habitación —su propio cuarto—, adornado de personajes de cuentos, una cama de princesa y un armario lleno de ropas bonitas. La niña sonrió olvidándose —aparentemente— de su pasado con la mujer que era su madre. Esta otra era amorosa, tierna, la atendía, la alimentaba, compraba cosas lindas y la llevaba a la escuela. El nuevo padre viajaba mucho, pero cuando llegaba no dormía con su esposa. Entraba al cuarto de la pequeña y debajo de las sábanas la manoseaba. Y ella no se atrevía a decirlo a nadie.

A los doce años salió embarazada. La madre le preguntó de mil maneras quién era el padre de la criatura. Nunca dijo. No quería lastimar a esa mujer que le había dado tanto, mucho más que la que la vendió. Amina se había dado cuenta de que quién la había criado no tenía idea de los «viajecitos nocturnos» que daba su esposo a la recámara para violarla. Lo que el hombre no calculó bien fueron los días de su fertilidad.

Amina parió un niño hermosísimo como ella. La casa era lo suficientemente grande como para que la criatura se quedara. Así lo decidieron todos. La madre dejó de preguntar por el padre y alegre de ser abuela se dedicó a su cuidado mientras su hija regresaba a la escuela. Pero las violaciones no pararon ahí. El hombre se sentía dueño de las dos. De su mujer y de la hija. Poco le importaba el niño, nunca estaba en casa. Cada vez que volvía la jovencita seguía siendo objeto de la lujuria del infeliz. Hasta que volvió a embarazarse.

Esta vez las cosas no fueron iguales. La madre de Amina sabía que ella no tenía novio ni ningún amigo especial. Se había fijado muy bien. La llevaba a la universidad y allí mismo la recogía. Esta niña adoptada ya no era la pequeña dulce y amorosa que la seguía a todas partes. De hecho, desde que nació el niño ya no era la misma.

La mujer comenzó a hacer sus averiguaciones porque las sospechas la estaban consumiendo. Cuando su esposo llegó del último viaje no tomó sus pastillas para dormir y esperó simulando estar dormida. Unos minutos más tarde el hombre se levantó muy despacio para que ella no lo sintiera. Caminó sigiloso por las escaleras hasta el primer nivel de la casa en donde se encontraba la habitación de Amina y su hijo. Entró y puso su mano en la boca de la muchacha para que no hablara. Abrió el botón de su pijama y sin siquiera bajarla se subió sobre ella que en silencio recibía las sucias estocadas de su «padre adoptivo» sin protestar. Sus lágrimas mojaban sus orejas y la almohada. Nada podía hacer.

Se encendió la luz. Su madre, la única que la había amado y aceptado, vio a su marido sobre Amina. Él se levantó, se cerró el botón del pantalón y salió del cuarto sin dar una explicación. La niña que «había recogido» era una traidora, después de tanto amor y cuidados que le había dado, no solo a ella, sino también a su bastardo. Ni quiso preguntar si el niño era de su marido. Tampoco quiso saber si el embarazo era también de él. Salió de la habitación sin decir una palabra, pero antes miró —hasta ahora su hija— con odio.

####

—No puedes quedarte con tus hijos —condenó la mujer.

—Pero, mamá, ¿cómo me haces algo así? —preguntó Amina, que vivía en un cuartito desde que la echaron de la gran casa de su niñez cuando todavía estaba embarazada.

—Desde que decidiste acostarte con mi marido no eres mi hija. ¿No has entendido? ¿Te di mi hogar, te cuidé y así me pagaste?

—Por favor, escúchame. Puedo explicarte…

—¡No quiero saber nada, desagradecida! Vives en este cuchitril. No puedes alimentar a esos niños. Mi esposo se llevará a uno de ellos. ¡Escoge!

—¿Él? ¿Cómo puedo escoger? Los dos son carne de mi carne, sangre de mi sangre…

—Sí, pero también son sus hijos. Deja el dramatismo. ¡Escoge!

Amina miró a sus hijos con dolor. El varón ya entendía todo lo que pasaba y la miraba con ojos temerosos. Su amada niña, nada sabía todavía. No tendría recuerdos. Como si le desgarraran el alma, extendió los brazos y depositó a su hija en las manos de la mujer que una vez amó tanto como a una madre. Luego entró otro hombre, agarró al niño y se lo llevó arrastras. Ella trató de evitarlo, pero le dieron un golpe que la dejó tirada en el suelo. Solo escuchaba los gritos de sus hijos alejándose.

####

Amina sigue sin entender su decisión. Debió protegerlos a ambos. Dejarse matar por ellos, el resultado habría sido el mismo. Se los habrían robado. Pero no sentiría este peso, el de haber decidido entre uno y la otra. «¿A dónde irán mis hijos? Les tomarán fotos y los venderán como me vendieron a mí», sollozó.

Imagen: https://pixabay.com/en/feet-children-s-feet-baby-barefoot-619399/

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Réquiem por Berta Cáceres

Hoy es el aniversario de la muerte de Berta. ¡Furia, Berta, rabia contra el mundo en declive!

Arte y denuncia

Berta Caceres (Imagen: © 2016 foodfirst.org)


Berta Cáceres, activista ambiental y de derechos indígenas de Honduras, 
fue premiada con el Premio Ambiental Goldman después de que condujo una campaña pacífica para detener a uno de los constructores de represas más grandes del mundo de perseguir la construcción, lo que habría cortado a la etnia Lenca de agua, alimentos y medicinas.

En su último proyecto, ella estaba trabajando para detener otra empresa de construir una presa hidroeléctrica. Berta se había enfrentado a amenazas por su activismo ambiental. Tanto es así que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había pedido al gobierno de Honduras a que le facilitara protección.

Fue asesinada en su ciudad natal de La Esperanza, Intibucá, el 3 de marzo de 2016. Hubiese cumplido 46 años el siguiente día.

Berta Cáceres (Wikipedia)

Berta Cáceres (EL País)

originalmente publicada en: https://poemundo.wordpress.com/2016/03/21/requiem-por-berta-caceres/

I.

El aire no se vende

Ni las raíces de las primeras gentes
Que pusieron huevos de…

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¿El Sí o el No? Reflexión de un colombiano — Sopetrán en Colombia

de Darío Sevillano Álvarez – Historiador de Sopetrán en Colombia. Carísimos amigos: A lo largo de mi carrera política, que como ya lo he expresado, empezó cuando tenía siete años en la calle Bomboná, en el año de 1948, cuando se desató la peor violencia que haya tenido Colombia, por colores políticos, siempre he sabido […]

a través de ¿El Sí o el No? Reflexión de un colombiano. — sopetrán en colombia

Réquiem por Berta Cáceres

Berta Caceres (Imagen: © 2016 foodfirst.org)


Berta Cáceres, activista ambiental y de derechos indígenas de Honduras, 
fue premiada con el Premio Ambiental Goldman después de que condujo una campaña pacífica para detener a uno de los constructores de represas más grandes del mundo de perseguir la construcción, lo que habría cortado a la etnia Lenca de agua, alimentos y medicinas.

En su último proyecto, ella estaba trabajando para detener otra empresa de construir una presa hidroeléctrica. Berta se había enfrentado a amenazas por su activismo ambiental. Tanto es así que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había pedido al gobierno de Honduras a que le facilitara protección.

Fue asesinada en su ciudad natal de La Esperanza, Intibucá, el 3 de marzo de 2016. Hubiese cumplido 46 años el siguiente día.

Berta Cáceres (Wikipedia)

Berta Cáceres (EL País)

originalmente publicada en: https://poemundo.wordpress.com/2016/03/21/requiem-por-berta-caceres/

I.

El aire no se vende

Ni las raíces de las primeras gentes
Que pusieron huevos de sangre y carne
En la espalda virgen de la gran madre

El mar no tiene precio

Ni el sanguinario abono
Que vistió los montes de verde
Y bronceó las calles del viejo mundo

II.

Berta…
A tu cama de sueños verdes
Vino una mano cobarde y sin nombre:
La muerte vestida de envidia,
señor de Xibalbá
Se robó la orquídea de la huerta en tu alma
Y cuando dormías inocente
Derramó el subversivo tecnicolor que fluía
Por tus venas henchidas

Al madrugar
El ruiseñor y el quetzal
Ya lo habían barruntado
Y entonces musitaron
Una endecha a la aurora gris
De ese día fatal

III.

Las estrellas no están en oferta

Berta de maíz
Berta de frijol
Berta de chocolate
Mazorca de tierra y carne
Te plantaste y echaste raíces
Cuyos dedos profundos escribieron
Nuevos capítulos en el Libro del Consejo
Que desafiaron pensares moribundos del mundo viejo

Berta madre
Berta hija de Flores
Berta guardián de colores
Berta víctima de rencores
Berta de las primeras gentes
Berta corazón del cielo
Berta Huracán
¡Berta Cáceres!
Yo voceo tu nombre alto y estruendoso
En los mismos rostros cobardes,
Dementes, insidiosos,
De hombres defectuosos
Como el primer deshilvanado hombre de barro
Hasta quedarme en sollozos
Por una humanidad tambaleando
Hacia el lugar de la calavera

IV.

Desde el reino crepúsculo
Debajo la huerta
Donde duermes inocente
Denuncia la voz desierta
Cual contagió la sequía en tus venas
Transmite tu clamor al Rey del Maíz
A través del musgo y el follaje
Pídele a la Serpiente Emplumada
Que arrasen con piedad los traidores del alborozo
Que castiguen con clemencia los que ensucian el aire
Que azoten con misericordia los infame envidiosos
Y asi conozcan el arma feroz de tu alma blanca

V.

Y te fuiste por el aire
Libre
Con el Rey del Maíz de la mano
Y desde el cerro todavía baja tu grito
Entre el musgo y follaje
Alumbrando la orilla del río sucio de angustia
Pintando el entorno de verde
Dando voz a tu gente
Y con tu aliento a nuestra espalda
Juntos venceremos la fusta
Juntos derrumbaremos la herrumbre
Juntos ganaremos la batalla contra la mustia

VI.

Compañera…
Anoche vinieron a comprar
El aire
El mar
El color verde
Quisieron pagarte por el viento
Por estrellas que no quisieron venderse
Vinieron a comprar tu corazón rebelde
Plantaste tu hito y no vendiste
¡No!
Y cuando cantaba el rey de la noche allá en el alto sauce
En el cúspide de la esperanza
Murió la flor del grito

Hoy ERES Berta Isabel Cáceres Flores
¡Limpia y clara!
¿Y aquellos hombres cero de barro?
¡No son nada!

No descanses en paz
Descansa en potencia
Descansa en fulgor