#19S

Fotografía por Alejandro Juárez @AleJuarezA

Sin paz, sin palabras.
La poesía no está,
solo la desgracia.

La ciudad semeja
un campo de batalla.

Atrás y al frente,
edificios dañados,
derrumbados,
rodeados
de desalojados,
damnificados,
pero también
de voluntarios,
manos ayudando.

Hombres y mujeres
que quedaron
enterrados.
Animalitos
y… niños…
atrapados.

¿Cuándo es que acaba
el horror y la alarma?

¿Cuándo es que cesa
la alerta sísmica?
Y la alerta psíquica…
¿cómo se acalla?

#terremoto #México

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207 años de independencia

207 años de independencia. ¿Cuál es el júbilo?

Estamos a unos cuantos días de iniciar con los festejos del aniversario de la independencia de México.

Nos independizamos de los colonizadores, de los reyes de España, alegando falta de libertad, malos tratos, falta de igualdad ante los nacidos en la Madre Patria y los llamados criollos; las condiciones laborales esclavizantes, la mutilación de tradiciones ancestrales y un sinfín de inconformidades más.

Ahora, dos siglos después, el festejo de independencia es solo un excelente pretexto para tomar tachas y emborracharse con tequila al ritmo de un mariachi reguetonero. Da lo mismo la crisis de todo, lo de hoy es el desmadre.

El estigma de una pseudoindependencia es manifiesta desde el momento en que los medios nos han vendido un modelo arquetípico para festejar, ese híbrido acoplado con trozos de una cultura, mutilaciones de otra y remiendos de otra más. Aquel «charro cibernético» que menciona sabiamente Rodrigo González en su rola Tiempos híbridos, como la exacta parodia del modelo europeo contra los mugrosos intentos de globalización de los países tercermundistas, perdón, de economías emergentes. Quizá no dependemos ya de la reina Isabel o del rey Fernando, pero sí estamos subyugados, a la vista de todos, por un puñado de cínicos rufianes, por emplear un eufemismo.

La triste realidad es esta: vivimos esclavizados por nuestro conveniente conformismo; de nuestro silencio e indiferencia; de nuestra total falta de interés en los temas políticos y sociales. Recibimos malos tratos de los gringos, la discriminación sigue más presente que nunca, las condiciones laborales jamás han mejorado ni a raíz de la creación de sindicatos que solo sirven para descontar una cuota cada semana del mísero ingreso del trabajador que, ahora, más que nunca, se ve vapuleado por las famosas reformas. Volteen a ver a ese sector de la población al que no le preocupa la situación actual del país, ¿ya los ubicaron?

Vemos poco a poco como se pierden los valores, el querer seguir modas y ser nice hace que nosotros mismos despreciemos nuestras tradiciones ancestrales, de las que debemos estar orgullosos por el simple hecho de que representan nuestra identidad y unas raíces antropológicas que cualquier país del mundo desearía tener en su historia. Hagamos a un lado ese falso nacionalismo que desde el preescolar nos inculcan y que casi en su totalidad está basado en ficción.

Los recursos que emplea el gobierno para festejos bien podrían ser aprovechados en otros sectores más ávidos de atención y cuidado como lo es la seguridad pública o la educación, solo por mencionar algunos de la larga lista de deficiencias. ¿Qué es lo que se festeja realmente? ¿Cuál es esa libertad que nos causa tanto júbilo? Si nuestra libertad se ve coartada por individuos en camionetas de lujo con el más sofisticado armamento, una impunidad descarada y un poder compartido con las supuestas autoridades.

Para mí, no hay nada que festejar.

La independencia de España fue hace 207 años. Ahora somos dominados y sometidos por gobernantes, funcionarios, policía, crimen organizado, etc. ¿Por qué somos tan tontos? ¿Por qué nos volvemos esclavos de unos cuantos? Nosotros somos más.

Quizás a la larga no hubiese sido tan diferente seguir siendo una colonia española, piénsenlo por un momento, hablaríamos con la «c» y los fines de semana comeríamos fabada, no está tan mal.

¡Joder!

¿A dónde vas, alma errante?

¿A dónde vas alma errante,

a dónde te veo partir?

Voy en busca de los sueños,

aunque la vida me cueste.

Voy huyendo del hambre,

de la guerra, de la peste.

De la injusticia del hombre,

del escarnio de mi gente.

Voy cruzando el Río Grande,

voy en un camión caliente,

Sofocado por los cuerpos,

ahogado por la corriente.

Vivo, lucho y muero

en mi esperanza,

tan pronto me ven salir

soy un espectro de añoranzas.

Llora mi viuda, llora mi madre,

lloran mis hijas descalzas.

Ya yo no sé si es peor

desgajarme en esta tierra rancia,

o dejar mi ánima vagabunda

en esta travesía falsa.

El miedo no tiene lugar,

tengo que hacer el intento,

esconderé mi contento

si llego a alcanzar mi destino.

Trabajaré sol a sol,

no me quejaré de nada.

Déjame cruzar el río,

deja agua en mi camino,

déjame lograr mi sueño…

soy un esqueleto en el desierto.

imagen: https://pixabay.com/en/rio-grande-river-water-texas-1584102/

Hay cosas que piensas
y no las dices a nadie
porque no tienes a nadie,
o al menos eso piensas.

Pasan como flechas oscuras
que lastiman, que asustan,
que confunden,
que avergüenzan.

Pensamientos turbios
o afilados como cuchillos,
desoladores o confusos,
violentos como estallido.

Sueñas golpear, atacar,
destruir al mundo.
Deseas herir, terminar,
destruir tu mundo.

Y luego irrumpe el mismo mundo
—la cotidianidad, el absurdo—
y tú finges y sigues
en ese aislamiento mudo.

A veces tratas de romper el muro:
sacas a flote
algún pensamiento oscuro.
Y recibes a cambio
el miedo en sus ojos,
la extrañeza en sus hombros,
la incomprensión a todo.

¿No has pensado que el problema no es tuyo,
sino de aquellos que no saben ver lo profundo?

Y entonces
el silencio
atrapado
se vuelca
en ira
y en caos.

¿De dónde viene esa violencia?
¿Quién la puso y desde cuándo?
¿Estás seguro de que no hay llanto
tras tu puño que se cierra,
tras el arma en tu mano?

Quizá nada de eso sea tuyo,
no es tu carga ni tu deuda.
Puede que si lo lloras
desaparezca.

¿Y con quién llorar?
¿Con quién hablar?
¿Quién será tu guía,
tu supervivencia,
tu mejor interlocutor,
tu fortaleza?

¿Quién escuchará sin escandalizarse,
sin juzgar?

¿Quién podrá amarte?
¿En quién confiarás?

Hay alguien que te sostendrá,
que te guiará con destreza,
que sabrá conseguir ayuda,
que será tu fuerza.

Hay alguien
que escucha
y tomará tu mano.

Hay alguien
que apacigua
y da orden al caos.

Si quieres conocerlo,
solo escribe
tu propio nombre
en este espacio:
________________

 

Inspirado en el episodio de violencia ocurrido en una escuela de Nuevo León, México, este miércoles 18 de enero: Tiroteo en escuela de Nuevo León deja un muerto.
Sin afán de pretender saber lo que sucede dentro de la cabeza de un chico que comete actos de violencia contra los demás y contra sí mismo, este poema busca abrir los ojos a los recursos propios que cada ser humano tiene para afrontar su lucha interna incluso cuando las personas a su alrededor lo ignoran o le dan la espalda.
aquí, La opinión de una experta de por qué suceden estos casos y quÉ se puede hacer para prevenirlos:
https://www.youtube.com/watch?v=H9j-DrBftlY

Imagen: Swords, por David Goehring (CC BY).

El día de los cuervos

Rocks. Foto: Unsplash. CC0 Public Domain.

Rocks. Foto: Unsplash. CC0 Public Domain.

Consiguió formarse una ola
en el centro de un océano
de hebras de seda negras.
Mi pie sujetaba el epicentro
de un tsunami
que no dejaba formar.
Tres cuervos
grajeaban mi canción favorita.
Dándome la clave secreta
de que esperaban por mí.
Llevaban colgando piedras aguamarinas
a juego con el señorial reflejo verdoso de sus plumas.
¿No les bastaba con graznar?
Me aparté del centro,
moví el pie.
Vuelvo a tierra firme
donde volaré como serpiente que se arrastra,
donde aún puedo plantar.

Gema Albornoz

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📍📍📍Colaborar en lugares como este, me hacer ser mucho más consciente de las olas de violencia, de eventos tan indeseables que no ocurren tan lejos como cuentan las noticias, los puedo leer a través de los relatos, poesías de todos vosotros. Cada país sufre una ola diferente de violencia e injusticia, cada país sufre.
⛔️No a la violencia, en ninguna de sus formas.
⛔️No a la injusticia, por ninguna de sus vías.

Nos siguen faltando 43

No se olvida

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No se olvida

Grabado en linóleo – Giovanni Rios Castro

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