Decidme…

La separación de padres  e hijos, cruel, absolutamente inhumana y despreciable que está llevando a cabo con su política migratoria el presidente de los Estados Unidos de América ¿no es una práctica absolutamente nazi?
Jaulas como perreras , “pabellones de la muerte” donde se aniquila la inocencia de los niños, se les alimenta de terror y se les marca con símbolos de abandono, soledad y llanto…
Decidme…
¿Hay algún lugar donde habiten los derechos humanos?
¿Alguien sabe para qué sirve la ONU?
¿Y la Corte Internacional de Justicia (CIJ)?
Decidme…

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Miradle…
Tiene el perfil del tirano endiosado por el dinero y el poder, del provocador innato que le gusta llegar a extremos nunca sospechados en un país que presume de ser el más democrático del mundo.
Francotirador de Twitts.
Experto jugador en desestabilizar la economía y la paz mundial.
¡Negocio!

Miradles…
Los iris de sus ojos están manchados de sangre.

Isabel F. Bernaldo de Quirós

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A ti, Palestina

A ti, Palestina,
pueblo arrojado de su tierra.
A ti, Palestina,
que yaces bajo las escombreras.
A ti, Palestina,
que te matan y te entierran.
A ti, Palestina,
hasta ti mis lágrimas trepan
en silencio y en agonía,
mar de flores muertas
en el hueco de las sonrisas
de tus hijas de arenas
y de las flores de tus ausencias.

Quiero llorar tu llanto
a través de los mares y las sierras.
Quiero hablar tu voz
en este silencio que me quiebra.
Quiero tallar tu nombre
en la carne de mis letras.
Quiero no olvidarte,
Palestina contra las hiedras.

A ti, Palestina,
corren corceles blancos
frente a tu espiga,
sembrando de cadáveres tus campos
y de desierto tu sonrisa.
A ti, Palestina,
incendiada de olores y de fangos,
asfixiada de mentiras.
Tú, que resistes y te enfrentas,
tú, que tienes el nombre de la vida
escrito sobre tu cintura.
A ti, Palestina,
hija del mar y de la Luna,
a ti, Palestina,
mis ojos y mis manos.

Quiero ser las lágrimas
que te han negado.
Quiero ser la garganta
de la voz que te mataron.
Quiero ser la carne
de los huesos que te han arrancado.
Quiero buscar tu nombre
entre las pieles secas del ocaso,
quiero encontrarlo desnudo
en los ojos de los pueblos que te han amado.
Tu grito y mi grito: Quiero libre
a tu gente y a tus campos,
a tu nombre y a tu vida,
a tus aguas y a tus manos.

A ti, Palestina,
te escribo desde el abismo de mi sangre,
sin más luz que la de tu vida,
sin más tinta que mi carne
y a ti te grito, Palestina,
porque tu dolor es el mío
y mis lágrimas son las tuyas.

A ti, Palestina,
pueblo del jazmín y de la Luna,
tu pecho abierto y tus venas rotas,
tendríamos que escribirte, una a una,
todas las estrellas del cielo.
A ti, Palestina,
que resistes y te enfrentas,
a ti, Palestina,
que te desangras con nuestras guerras,
que mueres en nuestro silencio,
a ti, que galopas por tus tierras,
mis ojos y mis manos,
mis lágrimas y mis venas,
a ti, Palestina.

 

Las jaulas de Trump

 

Un titular del periódico
ha hecho rodar mi pluma
hasta el suelo. La punta se
ha doblado. La única forma que
tenía de enderezarla ha sido con
mis dientes. La tinta me ha llegado
a las manos. No sé bien, si de la pluma
o de la escabrosa noticia con las jaulas de Trump.

Gema Albornoz

[Leer en Emociones encadenadas]

a través de Las jaulas de Trump — Emociones encadenadas

Diario de una cooperante

Campamento de refugiados de…

«Entre tanta tarea como tengo, me ha salido una nueva ocupación que me llena más que otras: colaborar con un grupo de mujeres para documentar casos de niños perdidos durante la huida de su país. El asunto surgió espontáneamente, como surge casi todo por aquí, y como es un tema que, desde que supe de él, me ha interesado y me ha tocado el corazón, no me ha costado echar una mano.

manos hombre y niño

Foto obtenida de Pixabay, con licencia Creative Commons CCO

»Y en eso llevo trabajando desde hace unas semanas, aunque sea a ratos perdidos. Ya hemos documentado al menos once casos de desapariciones de niños, aunque algunos de ellos en realidad no fueran niños perdidos, sino “regalados”; es decir, que durante las largas huidas de la zona de conflicto la situación llegaba a ser tan dramática que hubo madres que dejaron a sus hijos en las casas que encontraron por el camino, con cualquier persona, porque de seguir con ellos seguramente morirían. De hecho, según me cuenta la gente, no es raro entre los campesinos la costumbre de “regalar” niños. Por ejemplo, si una mujer tiene muchos hijos y por el motivo que sea no puede cuidarlos a todos, “regala” uno a quien pueda hacerlo mejor que ella: a su hermana, su tía o incluso a su propia madre, y a partir de ese momento el hijo es adoptado por esta madre de acogida, la llama mamá y actúa en todo momento como si de verdad lo fuera.

»Pero como digo, eso son sólo unos pocos casos. En los demás, los niños se perdieron de verdad. De todos los que hemos documentado, hay uno que me ha llamado la atención, no porque fuese más terrible que los demás, sino porque la mujer hablaba de la pérdida de su chiquitín con un desconsuelo tal, mostraba una tristeza tan desoladora, que también a mí me dieron ganas de llorar. Dijo que se le perdió cuando cruzaban la frontera, hasta donde una tropa los había estado siguiendo y hostigando. Fue de repente: se le zafó un momento mientras corrían y ya no lo vio más. Y aunque examinó uno a uno los muertos por el ataque, y lo estuvo buscando durante más de una semana, arriesgándose incluso a separarse del grupo, no logró dar con él. Dijo también que un periodista que cubría la llegada de los refugiados le sacó una foto al niño antes de que se perdiese, que tal vez él tenga alguna información… pero no sabe como contactarlo. En todo caso, le gustaría conseguir la foto para tener siquiera un recuerdo de él».

 23 de abril de cualquier año

Oración en el huerto

“Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Lucas 22:42

Abrir los ojos y cerrar la boca.
Abrir los ojos para no apartar de mí
esta copa. Cerrar la boca para que se haga
mi voluntad y no la de quien olvida que la alerta de vida
es innata al ser. No viene como temporal de lluvia.
Extender las manos y apartar los pies.
Condensar el vapor con palabras que no pronunciaré
al leer un suceso. Suspender el agua de los tejados,
aquellos que no habitas porque reina la provocación.
Y si es posible, aparta de mí a quienes violan,
a quienes sorprenden el alud, a quienes matan.
Aparta de mí, a la misma muerte y a quienes viven
en la desgracia tras atravesar el Mediterráneo
en una balsa de jabón; a quienes apuñalan,
a quienes juegan con los panfletos de desaparecidos
esparcidos por el suelo. Y no atropellaré a la vida que florece
al quebrar la solidez del mismo suelo que piso. Y sus pétalos,
óyeme bien, anidarán mi ánimo. Y llenarán mi copa.

Gema Albornoz

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Déjame que te cuente… (Memorias de un refugiad@)

Este poema está originalmente escrito en gallego, pero aquí os subo la versión traducida al castellano. La esencia del poema no se pierde por ello.

Entre la vida y la muerte camino
donde la luz con las sombras batalla;
la libertad, un alambre de espino,
el barro y el hambre son mi mortaja.

En esta bruma donde nada adivino
es el amor sólo sal y rocalla
obnubilando el rostro vecino;
ojos sin ánimo, pétrea muralla.

Así, sin más, zozobra mi vida
entre el frío de los huesos y del alma;
entre abusos, maltrato y huida
de una guerra que me puso esta albarda.

Sin futuro, sin descanso, sin salida,
¿Quién me tiende una mano, quién me cura
la purulenta y honda herida
de este corazón que ya perdió la calma?

Si ante el amor tú y yo somos iguales,
¿por qué, hermano, tú no me ayudas?
vi morir ahogados a mis padres
y las fauces de la muerte son obstinadas.

Observo el cuervo de la tristeza en los demás,
con sus alas negras y pequeñas,
posado como la noche y, quizás,
con sus ansias más aviesas.

Ya me voy despacito, despacito,
sin la esperanza de volver a mi tierra.
¡Mira allí, ya murió otro pequeño!
que Alá lo acoja… ¡Maldita guerra!