¿A dónde vas, alma errante?

¿A dónde vas alma errante,

a dónde te veo partir?

Voy en busca de los sueños,

aunque la vida me cueste.

Voy huyendo del hambre,

de la guerra, de la peste.

De la injusticia del hombre,

del escarnio de mi gente.

Voy cruzando el Río Grande,

voy en un camión caliente,

Sofocado por los cuerpos,

ahogado por la corriente.

Vivo, lucho y muero

en mi esperanza,

tan pronto me ven salir

soy un espectro de añoranzas.

Llora mi viuda, llora mi madre,

lloran mis hijas descalzas.

Ya yo no sé si es peor

desgajarme en esta tierra rancia,

o dejar mi ánima vagabunda

en esta travesía falsa.

El miedo no tiene lugar,

tengo que hacer el intento,

esconderé mi contento

si llego a alcanzar mi destino.

Trabajaré sol a sol,

no me quejaré de nada.

Déjame cruzar el río,

deja agua en mi camino,

déjame lograr mi sueño…

soy un esqueleto en el desierto.

imagen: https://pixabay.com/en/rio-grande-river-water-texas-1584102/

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Nota al pie

Llueve en la habitación.

Si esto

fuera un verso

podría ser un buen verso

para empezar un poema.

Un poema de amor, desamor

de paso del tiempo o

uno de esos que

no entiendo

pero amo.

Podría ser hermoso

y alegre

y quizás alguien

en algún lugar

lo leyera

y lo hiciera suyo.

Pero no.

“Llueve en la habitación”*

no es un verso.

*La gotera ocupaba toda la sala// Sala 1 del hospital// Habían colocado unos plásticos a modo de guía para que las gotas —caprichosas— no tuvieran otro recorrido hacia suelo// que al cubo// Esperábamos nuestro turno// El mío 16 A// Y esperábamos viendo cómo se llenaba igual que una clepsidra grotesca// Llueve en la habitación// Ahora los hospitales los llaman Fundaciones y el dinero público lo gastan —gota a gota— de forma privada// Se está desbordando// Llueve en la habitación// Por desgracia, algunos pacientes no somos rentables.

Desavenencia

 

cristovelasquez

«Cristo crucificado» (detalle), por Diego Velázquez (Museo del Prado).

¿Cómo puedo quejarme en este día
cuando hasta el sol se esconde entre las nubes
para que nada brille en campo injusto?
Muertos en los derribos de la guerra,
mujeres, hombres, niños lastimados,
llanto de la impotencia en el exilio.
Mentiras por doquier en sementeras,
la química en la piel del inocente,
la sangre río abajo ya sin límites…
Políticos limándose las uñas,
espadas encubiertas de patrañas,
poder de las palabras sin paisaje.
El poema se ha roto en las esquinas,
las letras están muertas, no se mezclan,
el esquema visual ya está cifrado
y la razón se pierde en las pantallas.
Reconstruimos las ruinas que son cárceles,
la armonía se rompe en lo mudable.
¿Dónde vamos, venimos, sin trabajo,
puede algún “móvil” darme la respuesta?
¿Cómo puedo quejarme si los niños
no saben por qué mueren entre escombros?
¡Qué inocente dolor entre metralla!
¿Cómo puedo quejarme en este día
de un pequeño dolor, de un día gris
si el tiempo aún no ha curado los agravios
al ver a Dios clavado en una cruz?

©Julie Sopetrán

Cada 3 segundos

Frank HOll

«Faces in the Fire», 1867, por Frank Holl (Ashmolean Museum).

Si de entrada te quedas callado,
o lo que es peor,
si nada haces
y además pregonas
que nada se puede hacer por ellos.
Si no participas con tu grano de arena
en llenar el cubo del niño que te lo ofrece,
clama y reclama,
para mejorar su vida o salvarla…
Ten en cuenta entonces,
que cada 3 segundos se muere uno de ellos,
que cada 3 segundos, quizá,
podrías haber contribuido a evitarlo.

Isabel F. Bernaldo de Quirós
apalabrandolosdias.wordpress.com

Poema de mi libro “Al son de las mareas”, Ediciones Vitruvio (2014)

Coltán

Coltán, coltán, coltán

los expertos en psicología

hacen que NO pienses

                     en

      un elefante blanco

y dicen coltán, al menos,

debes repetir 3 veces un nombre

para recordarlo.

        < suena un teléfono móvil >

—¿Dónde estás?

—Estoy enterrando vivo a un niño.

COLTÁN

Miseria

En toda ella se intuye
la oscuridad que modula su drama.

Es el hambre que corroe su vida
es la impotencia de la desesperanza
es la miseria que genera desdicha y muerte.
Es la imposibilidad de sustentar
a quienes un día alimentó su vientre.

La mirada solícita de sus hijos es hielo
que quema
desgarra
intimida
y estremece.

Recostada sobre una mesa desnuda
esconde su rostro
y sus ojos de vidrio seco

Isabel F. Bernaldo de Quirós
(Poema incluido en el libro Luz velada, Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen. 2015)

De este poema podéis también escuchar un audio en: https://apalabrandolosdias.wordpress.com/2017/01/27/miseria/

frank-holl-despair

«Despair», por Frank Holl (1881).

Niñas sin infancia

nina-oculta

Moneda de cambio,

niñas.

Resolución de impagos,

cobardía, mafias, secuestros,

niñas.

Lascivia de insaciables de todo origen,

niñas.

Ojos de humo que el terror aviva,

niñas.

Cuerpos trashumantes en pobreza extrema

que cobijan nichos de adobe y cielo,

niñas.

 

Niñas cuyo nacimiento es deshonra.

Niñas que prefieren la muerte

a ser víctimas de abusos y sometimiento.

Niñas metamorfoseadas en niños

para sentir el gozo de la libertad

-incluso para rastrear basureros en la calle-

que se otorga al sexo masculino.

Tradiciones, fundamentalismos,

hipocresía, machismo.

 

Niñas de todos los “mundos”

privadas de su infancia…

¡Vergüenza de la humanidad!

Isabel F. Bernaldo de Quirós                                                                                    https://apalabrandolosdias.wordpress.com/2016/10/16/ninas-sin-infancia/

 

pobreza