Sucesos de un 9 de abril

Declaran un nuevo incendio forestal en Galicia.
El eucalipto declarada especie no invasiva.
Cuarenta y cuatro accidentes en un fin de semana.
Los números 9,28, 40, 42, 43 y 47, complementario 37, reintegro 2
regalan más de 2 millones de euros en la Bonoloto.
Unos cuantos conductores dan positivo en drogas.
El cielo está nublado y hay probabilidad de precipitaciones.
Dos grupos radicales se apalean en una calle.
La policía interviene 400 kg de marihuana.
Un joven lía un porro                                                        y se lo fuma bajo el sol.
Una pandilla discute sobre el lugar donde cenar.
Una enferma ingresa sola en el hospital.
Tengo que pasar la tarjeta sanitaria de mi madre por la farmacia.
Una cuenta bancaria da el pésame.
El papa Francisco publica una exhortación apostólica sobre la santidad.
Una pareja se persigna —alarmada— ante un beso
de dos hombres dos mujeres un hombre y una mujer.
Las temperaturas bajan.
Se condena el uso de las armas.
Otro nuevo tiroteo en parte del mundo.
Aparece un nuevo vídeo de un gol de chilena a metro y medio del suelo.
Un niño uniformado entra a clase                                                      otro recorre las calles descalzo.
Un acusado de maltrato sale indemne por las puertas de un juzgado.
Otra mujer asesinada.                                                                                                ¿Cuántas van este año?
Se reactiva la alerta ante el viento la lluvia la crecida del río.
Se compra una firma para un documento oficial.
Abro un correo con sucesos que me son ajenos
hasta ser parte del titular.

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A pesar de todo…

Sigo apostando por la belleza de corazón de la mayoría de los seres humanos, creyendo en ella, viviendo por ella, pese a que me lleguen a diario los ecos lastimosos de millones de niños que la desconocen, que sólo saben de espanto, de miseria, de supervivencia extrema, y para los cuales la vida es un nada y un todo, un soplo de sangre infecta. Se comercia con su niñez y con su exterminio porque se la considera germen de un futuro cotizable y peligroso, y quienes esto hacen, también saben que los niños supervivientes del sutil y feroz entramado del terrorismo y de las guerras, de la inhumanidad de los campos de refugiados, de las obligadas migraciones en desamparo, vivirán siempre con un llanto póstumo y la perpetua muerte de su inocencia.

A pesar de todo…

Necesito seguir pensando que el corazón de la mayoría de los seres humanos es fuente de bondad, de amor, de entrega, y que nunca sucumbirá al miedo y al potencial sentimiento de indiferencia —trágica ceguera— ante los crímenes y violaciones que se comenten contra la infancia por aquéllos que se escudan en un sinfín de pretextos, y por quienes se proclaman “caudillos” y ejecutan sentencias en nombre de patrias, banderas y religiones.

A pesar de todo…

Necesito seguir creyendo que algún día, en algún momento, todos los niños del mundo puedan sentir que la vida, su vida, es, como la belleza, un feliz anhelo.

A los niños.

A los niños que padecen un presente desolador y un futuro incierto, para que dejen de ser objetivo y fin de la más ponzoñosa violencia humana.

Con amor.      

fotopoema

Oración en el huerto

“Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Lucas 22:42

Abrir los ojos y cerrar la boca.
Abrir los ojos para no apartar de mí
esta copa. Cerrar la boca para que se haga
mi voluntad y no la de quien olvida que la alerta de vida
es innata al ser. No viene como temporal de lluvia.
Extender las manos y apartar los pies.
Condensar el vapor con palabras que no pronunciaré
al leer un suceso. Suspender el agua de los tejados,
aquellos que no habitas porque reina la provocación.
Y si es posible, aparta de mí a quienes violan,
a quienes sorprenden el alud, a quienes matan.
Aparta de mí, a la misma muerte y a quienes viven
en la desgracia tras atravesar el Mediterráneo
en una balsa de jabón; a quienes apuñalan,
a quienes juegan con los panfletos de desaparecidos
esparcidos por el suelo. Y no atropellaré a la vida que florece
al quebrar la solidez del mismo suelo que piso. Y sus pétalos,
óyeme bien, anidarán mi ánimo. Y llenarán mi copa.

Gema Albornoz

Mirando las joyas

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Hoy me paré a mirar un viejo escaparate

es de una joyería estable en mi camino;

y me vino a la mente algún lugar lejano

letal para ese niño obrero de la mina.

Hoy es San Valentín las joyas se cotizan

soles, lunas, y el brillo aciago que conecta

y así, cuenta me doy, que la gema es humana.

El niño que separa el oro del mercurio

el veneno que el aire expande entre las llamas

la enfermedad no cuenta, el rico compra todo.

Es San Valentín, la luna se ha escondido

y me paro a mirar la vieja joyería

veo por el espejo, el trabajo ilegal

y el mercurio de termómetro entre sus manos…

Metal hiriente, líquidos envenenados

entre la inocencia de millones de niños.

La amalgama está lista, el oro se separa

y las llamas muerden cual peligrosos monstruos

para niños de África, América latina…

“y mi papá es minero y si tenemos hambre…”

La salud se fractura y la familia sufre

mientras la joya brilla un sentimiento oculto.

 

©Julie Sopetrán

Wall

tru(e)mp

Indiferencia

(Sedoka)

Sordos y ciegos,
viendo sin observar
la agonía del otro.
Ciegos y mudos,
el estómago lleno,
el corazón vacío.

Rosa María Lorenzo ( 31/1/18)

Vidas que fueron

En el entresuelo de una pared de mármol gris
—lujo delator de una entidad bancaria—
hay excavados dos nichos contiguos
como si fueran féretros ilustres
de una fachada de claustro
o capilla de catedral.

Cada nicho
alberga vidas
que también fueron ilustres
y que hoy son humildes sombras,
invisibles sombras
ante los ojos de quienes fingen
no saber de pobrezas ni de fracasos.
Un edredón doblado, mullido colchón.
Una desvencijada mochila,
almohada y tenencias que proteger.
Una manta de cuadros desvaídos,
abrigo de noches eternas
y esbozo esquivo de insolencias.

Son vecinos.
Comparten pared
equipo de fútbol
horizonte sin futuro
tetrabriks
desamparo
incomprensión.

Son amigos.
Se dan las buenas noches.
Se desean un buen día.
Ayer tuvieron casa, mujer y trabajo.
Hoy, nada. Ni sueños.
Se extinguen.
Solos.
En sus nichos.

Isabel F. Bernaldo de Quirós (Poema de mi libro “Las farolas caminan la calle, Ediciones Vitruvio, 2017).

El artículo titulado “Aporofobia, en síntesis” que hoy publicó en su blog Borgeano ha sido el detonante que me ha llevado a publicar “Vidas que fueron”, poema que en su día escribí desde el sentimiento de comprensión y solidaridad hacia todas aquellas personas que por diversos motivos han hecho de la calle su “hogar”.

Os dejo el enlace que os llevará directamente al magnífico artículo antes mencionado: https://borgeano.wordpress.com/2017/12/11/aporofobia-en-sintesis/

También podéis acceder a mi blog “Apalabrando los días”:

https://apalabrandolosdias.wordpress.com/2017/12/11/vidas-que-fueron/