Ni un silencio más, ni una voz menos

Solo silencio por aquellas que mueren en mi nombre,
solo silencio por aquellas que cayeron por mi vida,
solo silencio por aquellas que no tienen nombre,
ni voz, ni vida, ni rostro, ni alas, ni sonrisa.

Silencio por aquellas condenadas a él,
silencio por sus cuerpos y por sus heridas,
silencio por las víctimas y el dolor del crimen
del estado, del patriarcado y de la complicidad
de quién no es capaz de ver.

No, no, no quiero en tu rostro más lágrimas,
ni más silencio en nuestras calles.
No, ni una gota más de silencio en los días
ni un segundo más de soledad en tu nombre.

No estás sola, hermana, somos resistencia,
somos flor, somos fuego y seremos mares.
Desbordaremos los muros que te encierran
y partiremos las cadenas y los alambres,
que con golpes han desgarrado tu alma,
roto tu mirada y derramado tu sangre.
Sé fuerte, sé firme y vuela libre, vuela,
que no es amor, eso que pretende,
sino la mayor bestialidad, la de la guerra.
¡Vuela! Que no estás sola en nuestro enjambre,
que los pararemos y picaremos, compañera.

Mujer encarcelada por sus mentiras, levántate
que no hay nada de amor en su violencia,
que nos despertaremos en tormenta
frente a sus golpes y sus grilletes,
frente a sus palabras y sus cadenas,
juntas, mano a mano, frente a frente:
¡Ni un silencio más, ni una voz menos!

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Impotencia

  ¡Cuánta mujer marchita

en la flor de su núbil juventud!

rea de un troglodita

que asoló su virtud

tratándola con infame acritud.

Gritos de dolor, llanto,

el horror se agazapa tras la puerta

cerrada a cal y canto.

La madre yace muerta,

en los ojos de su niño, el espanto.

El cobarde asesino,

mortal enemigo, marido y padre,

decidió el cruel destino

del hijo y de la madre

y en la sociedad, no hay perro que ladre.

El “héroe” de la historia,

asomado a un atisbo de cordura,

el suicidio, la gloria;

ve en la muerte ventura

para escapar de su impía locura.

¿Qué obscura sinrazón

infecta a la sociedad actual

que no ve la ocasión

de desterrar el mal

que corre por sus venas, cual caudal?

Obvia el letal veneno,

absorta como está en sus vacuidades,

fluyendo tan ajeno

a prístinas verdades,

que muestra sin cesar sus necedades.

Y dormimos tranquilos,

aun conviviendo en la misma escalera,

el vecino machista

y su fiel compañera

que en un infierno vive y desespera.

©Rosa María Lorenzo

Déjame que te cuente… (Memorias de un refugiad@)

Este poema está originalmente escrito en gallego, pero aquí os subo la versión traducida al castellano. La esencia del poema no se pierde por ello.

Entre la vida y la muerte camino
donde la luz con las sombras batalla;
la libertad, un alambre de espino,
el barro y el hambre son mi mortaja.

En esta bruma donde nada adivino
es el amor sólo sal y rocalla
obnubilando el rostro vecino;
ojos sin ánimo, pétrea muralla.

Así, sin más, zozobra mi vida
entre el frío de los huesos y del alma;
entre abusos, maltrato y huida
de una guerra que me puso esta albarda.

Sin futuro, sin descanso, sin salida,
¿Quién me tiende una mano, quién me cura
la purulenta y honda herida
de este corazón que ya perdió la calma?

Si ante el amor tú y yo somos iguales,
¿por qué, hermano, tú no me ayudas?
vi morir ahogados a mis padres
y las fauces de la muerte son obstinadas.

Observo el cuervo de la tristeza en los demás,
con sus alas negras y pequeñas,
posado como la noche y, quizás,
con sus ansias más aviesas.

Ya me voy despacito, despacito,
sin la esperanza de volver a mi tierra.
¡Mira allí, ya murió otro pequeño!
que Alá lo acoja… ¡Maldita guerra!

Ruqia Hassan

Ruqia Hassan

Ruqia Hassan

Yo no sabía tu nombre de flor del desierto
de Siria, y hoy lo pronuncio con el aliento triste
de la muerte abriendo la puerta a la lista
interminable de nombres de mujer con aroma
de jazmines, grito
de majestuosa dignidad, “mejor morir, morir,
que vivir humillada
 —dijiste— por esos tipos
que nos imponen su poder
”.

Yo no sabía tu nombre, el que abre la esperanza de los pueblos
y la libertad de sus mujeres. Ruqia Hassan,
asesinada en Raqa. “Seguramente
seré detenida
y decapitada —
lo sabías—,
pero conservaré mi dignidad”. Y al corazón
del mundo
llega el aliento de tus últimas palabras; y enmudece
el mundo
porque
tu juventud está hecha
de sabiduría y honradez,
de la belleza imparable de la vida
que otra vez, ¡ay, el alma y la memoria de Hypatia de Alejandría!,
harán sangre en sus manos aquellos que interpretan
los designios de los hombres y los deseos de Dios
para justificar sus crímenes en todas las ciudades
y los pueblos ocupados. Contra ellos
nada valen tu valor y el conocimiento de la filosofía,
pero saben que puede más que ellos la verdad que ilumina
tus sólo treinta años contra el totalitarismo de velos
y nicabs negros, crucifixiones,
decapitaciones, torturas,
flagelaciones públicas en las plazas de Raqa,
la ciudad que está siendo aniquilada
silenciosamente.

El valle del Eúfrates se ahoga en sangre;
yo no sabía tu nombre ni la alegría de los pétalos blancos
de sus letras, y ahora tengo en mis manos
todo el terror que desangra a Siria y no sé qué hacer
con las bombas aliadas
ni con el horror del Califato. Tú estás muerta
y tu muerte defiende nuestras vidas, pero sé
que no será suficiente
si seguimos callados ante el crimen.

Julio González Alonso
lucernarios.net


Con tristeza ante la realidad, comparto este poema con los lectores de Arte y denuncia, para hacer notar lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Un poema del extraordinario poeta Julio González Alonso, que me ha conmovido intensamente. Ruqia Hassan se adentra en nuestras vidas, nos habla de lo que está pasando. Es importante que reflexionemos ante su muerte. Ruqia Hassan tenía 30 años, fue acusada de espionaje y asesinada por decir la verdad, murió en manos de los yihadistas por contar lo que estaba pasando en su ciudad.
Julie Sopetrán

Infanticidio

Corrompen tu carne las babas añejas,
inmundos regueros de afán filicida;
viciosos sin alma de mente torcida
persiguen, lascivos, la flor que bosquejas.

Los sátiros gozan la impúdica hazaña
ocultos tras roles de vida intachable
e inmunes cometen su acción execrable
vejando tu cuerpo con pútrida saña.

Un limo de oprobio te ciñe la piel,
tu mente perfila su albor de locura:
misérrimas horas de ergástula oscura,
de bilis y acíbar, de abyecto burdel…

Tus ojos esgrimen el yermo vacío
de savia corrupta; de tierra impostora.
Mujer germinaste… ¡maldita la hora!
el hombre no quiere tu libre albedrío.

La inquina del hambre, su adusta miseria,
baldonan tu casa, el gozo de ayer;
la infante alegría fenece en tu ser,
deseos lobunos sajaron su arteria.

Maltrato

Ese querer de gritos y estilete,
de talle agostado y ánima rota,
de hueco perdón e impía derrota,
de golpes en manojo y ramillete.

Ese querer no es más que un vil grillete
de furia visceral y palabrota,
de pavor enraizado que le acota
el sentir como el filo de un machete.

El sollozo de un alma desgarrada
uncida a la montura del quebranto
sabiendo que su vida está acabada.

Con la pena sellada a cal y canto
y el dolor  en el filo de su almohada
se abandona a la urdimbre del espanto.

(Dedicado a todas las víctimas de maltrato)

Rosa María Lorenzo

Vidas que fueron

En el entresuelo de una pared de mármol gris
—lujo delator de una entidad bancaria—
hay excavados dos nichos contiguos
como si fueran féretros ilustres
de una fachada de claustro
o capilla de catedral.

Cada nicho
alberga vidas
que también fueron ilustres
y que hoy son humildes sombras,
invisibles sombras
ante los ojos de quienes fingen
no saber de pobrezas ni de fracasos.
Un edredón doblado, mullido colchón.
Una desvencijada mochila,
almohada y tenencias que proteger.
Una manta de cuadros desvaídos,
abrigo de noches eternas
y esbozo esquivo de insolencias.

Son vecinos.
Comparten pared
equipo de fútbol
horizonte sin futuro
tetrabriks
desamparo
incomprensión.

Son amigos.
Se dan las buenas noches.
Se desean un buen día.
Ayer tuvieron casa, mujer y trabajo.
Hoy, nada. Ni sueños.
Se extinguen.
Solos.
En sus nichos.

Isabel F. Bernaldo de Quirós (Poema de mi libro “Las farolas caminan la calle, Ediciones Vitruvio, 2017).

El artículo titulado “Aporofobia, en síntesis” que hoy publicó en su blog Borgeano ha sido el detonante que me ha llevado a publicar “Vidas que fueron”, poema que en su día escribí desde el sentimiento de comprensión y solidaridad hacia todas aquellas personas que por diversos motivos han hecho de la calle su “hogar”.

Os dejo el enlace que os llevará directamente al magnífico artículo antes mencionado: https://borgeano.wordpress.com/2017/12/11/aporofobia-en-sintesis/

También podéis acceder a mi blog “Apalabrando los días”:

https://apalabrandolosdias.wordpress.com/2017/12/11/vidas-que-fueron/