Vidas que fueron

En el entresuelo de una pared de mármol gris
—lujo delator de una entidad bancaria—
hay excavados dos nichos contiguos
como si fueran féretros ilustres
de una fachada de claustro
o capilla de catedral.

Cada nicho
alberga vidas
que también fueron ilustres
y que hoy son humildes sombras,
invisibles sombras
ante los ojos de quienes fingen
no saber de pobrezas ni de fracasos.
Un edredón doblado, mullido colchón.
Una desvencijada mochila,
almohada y tenencias que proteger.
Una manta de cuadros desvaídos,
abrigo de noches eternas
y esbozo esquivo de insolencias.

Son vecinos.
Comparten pared
equipo de fútbol
horizonte sin futuro
tetrabriks
desamparo
incomprensión.

Son amigos.
Se dan las buenas noches.
Se desean un buen día.
Ayer tuvieron casa, mujer y trabajo.
Hoy, nada. Ni sueños.
Se extinguen.
Solos.
En sus nichos.

Isabel F. Bernaldo de Quirós (Poema de mi libro “Las farolas caminan la calle, Ediciones Vitruvio, 2017).

El artículo titulado “Aporofobia, en síntesis” que hoy publicó en su blog Borgeano ha sido el detonante que me ha llevado a publicar “Vidas que fueron”, poema que en su día escribí desde el sentimiento de comprensión y solidaridad hacia todas aquellas personas que por diversos motivos han hecho de la calle su “hogar”.

Os dejo el enlace que os llevará directamente al magnífico artículo antes mencionado: https://borgeano.wordpress.com/2017/12/11/aporofobia-en-sintesis/

También podéis acceder a mi blog «Apalabrando los días»:

https://apalabrandolosdias.wordpress.com/2017/12/11/vidas-que-fueron/

Aunque el basurero les cueste la vida

DANIEL CORVINO

Pintura de Daniel Corvino

 

Buscan entre los desperdicios del vertedero.
No son más que niños.
Hijos de padres nacidos
en la más penosa indigencia
y en la que compiten con sus congéneres
al tiempo que con los animales carroñeros.

Buscan objetos
que la opulencia desecha como basura,
«plata» para ellos en el mercado de la
explotación y la miseria.

Comida putrefacta como alimento.
Aire para respirar que no es aire,
sino humo que envenena sus pulmones
por la combustión de sus desechos.

Niños de la basura les llaman.
Hijos de la injusticia.
Vergüenza del desdén ajeno.
Desprecio de un mundo que se hace el ciego.

Y aunque el basurero les cueste la vida,
antes eso,
a que el hambre se la arrebate.
En silencio.

Isabel F. Bernaldo de Quirós

Poema incluido en mi libro «Al son de las mareas», Ediciones Vitruvio, 2014. Madrid.