14 de abril

 

Labios de dinamita
cruzan el frío de la estepa
y se encuentran.
Los corceles de la luna
y todos los soles de la tierra
se desvelan.
El pueblo ha hablado,
se arma de primavera
y se rebela.

Los cuerpos, las alas,
el sudor, el llanto.
El deseo se desata.
La tierra, el mar,
la muerte, el espanto.
Llega la esperanza.
El amor, la paz,
el pan, el trabajo.
El pueblo y su palabra.

Y así nos encontramos,
libres y desnudos,
en las sábanas de la luna
desatando los campos.
Una vez hace mucho tiempo,
cuando en el Este amanecía
y aquí estaba brotando
su esperanza sin miedo.
Tus ojos y mis ojos
danzaron una vez,
no recuerdo cuando,
pero ardían el fango y el lodo
entre nuestros labios y su latido
sobre las cadenas rotas
y las tierras exigidas
por los que nunca habían existido.

Los labios, los abrazos,
las ideas, las escuelas.
Misiones pedagógicas.
La poesía, el teatro,
la vida, las huelgas.
Reforma agraria.
El pueblo, los cantos,
la lucha, su bandera.
Justicia social.

Sombras fugitivas
a la luz de las estrellas
me llevaron a ti
lejos de la ciudad cautiva.
Y te vi caminar por el desierto,
cruzar los olivos y castillos,
navegar barcos y caminos
borrando el oscuro negro.
Y te vi desatar cadenas,
surcar las máquinas
donde las alas se rompían
y encender las almenas.
Y vi tus labios,
y escuche tu voz,
y te seguí hasta donde
los árboles se amaron.

Pero, ya no sé dónde estás,
te perdí la pista
en los años sin memoria,
pero te recuerdo sobre la estepa,
de pie con nuestra bandera
y no he sabido olvidar
la esperanza de tus ojos
ni tu conciencia despierta.
Y ya no sé dónde estás,
pero te recuerdo
a ti y a tu pueblo heroico
obligado al luto y a la miseria.

Labios de dinamita,
cruzan el frío de la estepa
y se encuentran.
La memoria de los años
y la sed de la tierra
se avivan.
La memoria de tus hijos,
la lucha de tus nietas
se acrecientan.
El pueblo hablará de nuevo,
se armará de primavera,
nuevamente, sobre las alamedas.

Llegaste en primavera
y me encontré con tus labios,
y al pueblo sin tierra
reclamando tu nombre.
Llegaste en primavera,
hija del pueblo trabajador
y ahora pocos te recuerdan,
República Española.
Y cuando intentaron matarte
con un golpe de estado,
de género y de clase
te defendieron con sus vidas,
con cada gota de su sangre
y con el orgullo en el asta.

Y yo ahora te recuerdo,
más que nunca y suspiro
porque sé que ese pueblo
que una vez fuiste
resurgirá sin miedo,
como en aquellos años,
estando dispuesto
a recuperar la vida,
la esperanza, los sueños,
la poesía y la justicia
y como aquel poeta del viento
volverás otra vez,
hecha de nuestras propias manos.

VIVA LA REPÚBLICA

La insoportable brevedad del ser mujer*

Por: Mayté Guzmán Mariscal

No se nombra lo que no se conoce. La maldad con la que se aniquila la vida de menores y mujeres, en particular, no tiene nombre. Algo debe estar podrido en quien no tiene escrúpulos para infligir semejante daño a una criatura inocente. No es humano quien detona un arma a sangre fría, quien viola, quien tortura, quien mutila, quien apuñala sin que le tiemble la mano. Y ni hablar de las cifras, que desafortunadamente resultan ser un indicador que la realidad siempre supera: mayor número de desapariciones, feminicidios, infanticidios, secuestros, asesinatos. Sé que tengo que escribir algo, no sé exactamente qué ni con qué fin. Quien lea estas líneas solo podrá sentir la rabia, la impotencia y la tremenda conmoción que intento expresar.

Los titulares se han llenado con las opiniones de los expertos en culpar, revictimizar, criticar, desinformar. Sobra decir que los medios de comunicación tienen todo que ver en este declive social. Lo cierto es que todo falló en el cruel asesinato de la pequeña Fátima, y en el de Ingrid, y en el de la bebé Karen, y… Pero es que hace años que todo falla.

Es imposible que esta cadena de feminicidios se cometa a manos de dos personas solamente. Yo no me lo creo, y esa justicia a medias no debería calmar nuestras conciencias. Detrás de estos incesantes crímenes hay una inmensa cantidad de cómplices, muchos de ellos de cuello blanco, a quienes el peso de la ley jamás ha incomodado. Y qué hay que hacer, cómo debemos actuar, a quién podemos recurrir, cuánto más tendremos que soportar.

Reconozco, ahora que soy madre, que el día en que me anunciaron el sexo de mi bebé inconscientemente sentí alivio de que no fuese niña. Tengo claro que nacer y ser mujer no es un castigo. Y sé que si hubiese parido una niña la amaría igual, aunque no hubiese podido evitar esa terrible sensación de temor por haber traído al mundo un ser más vulnerable que la otra mitad restante. Porque si somos vulnerables como mujeres evidentemente es una cuestión más allá de nuestro deseo. Es porque el capitalismo y patriarcado se ha cebado con nosotras, por el simple hecho de ser dadoras de vida. Es su venganza, es la sinrazón. Al menos eso parece.

Nadie puede llegar a entender el dolor que sienten las madres a quienes les han arrebatado a sus hijas, ni el daño irreparable que una pérdida en esas circunstancias ocasiona. Por ellas y por todas nosotras, debemos frenar esta violencia. Debemos recuperar el espacio público, un espacio que también es nuestro, llenar las calles, cuidarnos entre nosotras, y nunca más vivir con miedo.

En estos días leí un post con una idea muy cierta: las mujeres vivimos pretendiendo que no se nos noten las arrugas, las estrías, las lonjas, etcétera. La lógica del “que no se nos note” llegó al tal grado, que tampoco se notaba cuando nos agredían, nos violaban, nos desaparecían o nos mataban. Pero una situación así es insostenible en el tiempo. Teníamos que decir «¡basta!». Y lo hicimos, sin embargo, no ha sido suficiente.

Sí, México es un país feminicida, asquerosamente machista y misógino. Que todo el mundo lo sepa. ¿Y después qué?

Como sugerí en un artículo anterior, nunca deberíamos responder que nos provoca miedo nuestra condición de género, mucho menos avergonzarnos ni despreciarnos por ser mujeres. La voz y la palabra son armas de construcción masiva. Alcemos entonces nuestras voces, nuestros gritos cargados de futuro. Digamos «¡BASTA!».

*A la memoria de todas y cada una de las niñas, adolescentes y mujeres que han sido asesinadas en México.

Pederasta

NIÑOS-700

Imágenes de la pintora Margaret Keane.

Sientes que te quema el deseo.
¡Víbora que asaltas a niños, amparado
en la densa vegetación de su ingenuidad!
Clavas tus colmillos edulcorados
e inyectas sutilmente el veneno de tu abuso
adormeciendo,
matando sus sentidos,
lento
lento
lento…
¡Miedo!
Veneno
más veneno,
lento
lento
lento…

Gritarás un día tu inocencia
¡cobarde!
y aullarás vergüenza aparente
en el cadalso de tu pública agonía
ante el dedo acusador
de cuantos pudieron sobrevivir
a los efectos traumáticos de tu lascivia.
Ante el fiscal de la Vida.
En cualquier juzgado.
Cualquier día.
¡Justicia!

Isabel F. Bernaldo de Quirós
Poema de mi libro “Las farolas caminan la calle” (Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, 2017).