UN LIBRO EN LA BASURA

 

buitres_comiendo

Dos buitres despedazan un libro en la basura
picotean las letras cual si fueran gusanos;
mientras un niño busca latas de coca-cola
y una anciana investiga lo que perdió en la guerra.
La lluvia ya ha borrado las páginas del centro
las rapaces pelean las manchas de la tinta;
el niño encuentra un lápiz que todavía escribe
y la mujer sin fuerzas, se sacude las lágrimas…
Tres buitres han rasgado lo que fue la portada
ya el título se borra, Cervantes está herido;
el niño esboza rayas sobre su piel mugrienta
y la mujer se traga la sal de un mar sin agua.
Cien rapaces rebuscan la carne de las páginas
el niño abraza fuerte su lápiz que aún escribe;
la mujer mira al cielo como único refugio
y entre las mil rapaces hay ya quebrantahuesos.
El libro ya no es libro que es carne de rapaces
el niño con su lápiz, busca, busca maestro;
la mujer está hambrienta su patria es la basura
otro camión se acerca, corriendo va a buscarlo.
Ya son miles los buitres que han destrozado el libro
Don Quijote ya ha muerto Sancho está moribundo;
el niño busca, busca, las páginas en blanco
para dejar que fluyan palabras en su lápiz…
Y los camiones vuelven, las rapaces aplauden
cuántos libros perecen en la inmensa basura;
Y ya mi pulso, tiembla… Soy la mano del niño,
mi grito, es todo el llanto, de la mujer que llora.

©Julie Sopetrán

Foto: Dominio Público – Internet

Los que le hacen el amor a las palabras

Aunque llegué a la FIL Guadalajara apenas ayer, ya tengo grabados en la mente momentos que quisiera guardar en un cajón para no perderlos, como el poeta y narrador Andrés Neuman aceptando que no le gusta enseñarle a nadie lo que está escribiendo, porque si lo critica podria desalentarlo de seguir (“la inseguridad siempre está presente”) y quizá haya un acierto “debajo” de eso que hoy es fallido.
O el novelista argentino Martín Caparrós portando un pin que dice simple pero poderosamente “43”.
O la dupla del poeta Eduardo Casar y el músico-escritor Fernando Rivera Calderón llenando a reventar de adolescentes el enorme auditorio para hablar de Cortázar y divertirse a fondo con él, en la que Laura García llamó “la mejor clase de literatura que he oído jamás”. Y coincido.
O el novelista argentino Rodrigo Fresán afirmando que prefiere arriesgarse al escribir y fracasar, que quedarse del lado “seguro” de un estilo demasiado limpio.
O la investigadora mexicana Margo Glantz afirmando que Sor Juana nunca quiso ser santa, sino sabia, y con eso abrió puertas a la literatura moderna.
O el texto de Benito Taibo en el programa de la Feria, que anuncia: “Creemos en los libros […] Somos lo que hemos leído; por el contrario, seremos la ausencia que los libros dejaron en nuestras vidas”.
O el narrador mexicano Carlos Velázquez comentando entre cervezas y pulpo atropellado que está por terminar su siguiente novela, que le ha costado meses de entre 8 y 10 horas diarias de escritura porque “tiene un lenguaje muy difícil”.

De verdad es emocionante atestiguar la pasión de esta bola de locos que aman las palabras, las cortejan, buscan seducirlas y, un día, si tienen suerte, les hacen el amor.

IMG_2745.PNG