Del adobe al plástico pasando por el mar

 

Yo vi cómo mi padre hacía adobes
Todavía conservo el molde que usaba para darles forma
utilizaba la tierra, el agua, la paja, el barro
toda una masa hecha con los pies
me encantaba pisar, bailar con pies descalzos sobre aquella materia natural…
Luego, los dejaba al sol dos o tres días y cuando estaban secos
los ponía de canto para que se airearan, varios días después, los cepillaba
y no había aditivos y así se construían nuestras casas
y las de los animales, como las gallinas, los cerdos, las mulas…
y a esos lugares los llamábamos casas, establos, cortes, cuadras, gallineros.

Y en menos de cincuenta años hemos pasado del adobe al plástico
Por ejemplo, ya se inauguró el moderno edificio Media-Tic en Barcelona
arquitectura sostenible de plástico, nueva tecnología, sistema resistente, más de veinte millones de euros de presupuesto, innovación, comunicación, restaurante, sala de actos para unas tres mil personas…

—y seiscientas en el mar sin techo, sin comida, sin patria… esperando
que algún plástico generoso les lleve a alguna parte—

…y a la  piel de este edificio se la llama ETFE, que es un polímero Ethilene Tetrafluor Ethilene
algo así como un plástico especial capaz de atraer la atención
del más moderno de los habitantes de este planeta.

Hemos pasado por la piedra, la madera, el ladrillo, el hormigón, el hierro,
el acero, el vidrio.. y ahora somos de plástico… el mismo que reciclamos,
para no destruir los mares, no contaminar los ríos,
para no ser partícipes del desastre
y es la nueva moda de edificar con plástico.
Y sí, un día nos señalarán con el dedo
por crear la época flexible, dúctil, moldeable…

¿Empezó todo con aquellas flores de plástico ya descoloridas
o fue la cirugía plástica en desgaste de encantos?
Pero ahí están los teléfonos móviles hechos con plástico, el dinero, las tarjetas, las gafas… los edificios, los muebles, los zapatos, las bolsas… los platos, los etcs. interminables del consumo diario.
Los envases de cada cosa que tocamos… botellas, cajas, dulces…
en cualquier momento nos invade el mercado de basuras para al instante
instalar en cada casa el reciclaje, porque ya no tenemos otra cosa que hacer
y cualquier día hasta los ataúdes serán de plástico.

Y llueve, llueve y los adobes se deshacen, pero ahí queda ese plástico
que ya  estamos comiendo… y poco a poco nos está matando.
¿Hay alguien que pueda o quiera evitar ésta náusea?

©Julie Sopetrán

MEDITERRÁNEO

400-el-litoral

El mar; cama de muerte.

Desde dos mil catorce,
ya van más de diez mil migrantes muertos.
La tarde llora
más acá de las nubes
y yo, con ella miro hacia los lados
con la boca reseca y sin palabras.
Se apaga mi garganta
La expresión no tiene gestos.

Tan sólo pienso, siento, con la tarde
el ocaso
de los grises oscuros
en el luto del llanto.

Estoy gritando y nadie, nadie sabe
que me estoy muriendo.
Se me duermen las quejas
estoy arando surcos en el agua
para enterrar el crimen, de…
¿Quién sabe es culpable?
La tarde se va lenta
el mar llora entre mis árboles
no existen cruceros de socorro
ni tampoco hospitales
para las luces que se acaban
sobre la herida
siempre abierta de los náufragos
Me estoy ahogando en tierra
contemplando el vientre hinchado
del agua.

©Julie Sopetrán

Migración3