Las jaulas de Trump

 

Un titular del periódico
ha hecho rodar mi pluma
hasta el suelo. La punta se
ha doblado. La única forma que
tenía de enderezarla ha sido con
mis dientes. La tinta me ha llegado
a las manos. No sé bien, si de la pluma
o de la escabrosa noticia con las jaulas de Trump.

Gema Albornoz

[Leer en Emociones encadenadas]

a través de Las jaulas de Trump — Emociones encadenadas

A pesar de todo…

Sigo apostando por la belleza de corazón de la mayoría de los seres humanos, creyendo en ella, viviendo por ella, pese a que me lleguen a diario los ecos lastimosos de millones de niños que la desconocen, que sólo saben de espanto, de miseria, de supervivencia extrema, y para los cuales la vida es un nada y un todo, un soplo de sangre infecta. Se comercia con su niñez y con su exterminio porque se la considera germen de un futuro cotizable y peligroso, y quienes esto hacen, también saben que los niños supervivientes del sutil y feroz entramado del terrorismo y de las guerras, de la inhumanidad de los campos de refugiados, de las obligadas migraciones en desamparo, vivirán siempre con un llanto póstumo y la perpetua muerte de su inocencia.

A pesar de todo…

Necesito seguir pensando que el corazón de la mayoría de los seres humanos es fuente de bondad, de amor, de entrega, y que nunca sucumbirá al miedo y al potencial sentimiento de indiferencia —trágica ceguera— ante los crímenes y violaciones que se comenten contra la infancia por aquéllos que se escudan en un sinfín de pretextos, y por quienes se proclaman “caudillos” y ejecutan sentencias en nombre de patrias, banderas y religiones.

A pesar de todo…

Necesito seguir creyendo que algún día, en algún momento, todos los niños del mundo puedan sentir que la vida, su vida, es, como la belleza, un feliz anhelo.

A los niños.

A los niños que padecen un presente desolador y un futuro incierto, para que dejen de ser objetivo y fin de la más ponzoñosa violencia humana.

Con amor.      

fotopoema

Jesús, vuelve (Villancico)

nino_24854

Porque hoy has vuelto a nacer
vengo a cantarte otra vez.

Nace en el mar, en pateras
o en campos de refugiados,
en la montaña, en los prados,
en el centro, en las afueras,
al borde de las fronteras
y nace y vuelve a nacer
pa que le cante otra vez.

Nace en la paz y en la guerra
entre el más rico y más pobre;
recoge lo que nos sobre
del producto de la tierra,
al Amor, al Bien se aferra
y porque vuelve a nacer
quiero cantarle otra vez.

Y nace en grandes palacios
y en las humildes chabolas;
y a veces, entre las olas
y allí donde no hay espacios
y llora entre los presagios
y porque lo quiero ver
vengo a cantarle otra vez.

Niños que nacen y mueren
otros se quedan perdidos
sin papeles ni apellidos
niños que a todos nos duelen,
nada piden, nada tienen.
Jesús ha vuelto a nacer
y yo le canto otra vez.

©Julie Sopetrán

 

Pederasta

NIÑOS-700

Imágenes de la pintora Margaret Keane.

Sientes que te quema el deseo.
¡Víbora que asaltas a niños, amparado
en la densa vegetación de su ingenuidad!
Clavas tus colmillos edulcorados
e inyectas sutilmente el veneno de tu abuso
adormeciendo,
matando sus sentidos,
lento
lento
lento…
¡Miedo!
Veneno
más veneno,
lento
lento
lento…

Gritarás un día tu inocencia
¡cobarde!
y aullarás vergüenza aparente
en el cadalso de tu pública agonía
ante el dedo acusador
de cuantos pudieron sobrevivir
a los efectos traumáticos de tu lascivia.
Ante el fiscal de la Vida.
En cualquier juzgado.
Cualquier día.
¡Justicia!

Isabel F. Bernaldo de Quirós
Poema de mi libro “Las farolas caminan la calle” (Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen, 2017).

Huyendo

refugiados-bn

«Centroamérica. Niños refugiados», por Julio Alejandre

─Toda la noche fue de andar y andar, una cadena larga de gente que se movía y daba vueltas igual que las revueltas del propio camino.
─Todos en la misma cadena.
─Todos. El que tenía algo y el que no tenía nada, el que debía como el que no.
─Cabal, es que las bombas no respetaban a nadie.
─Ni tampoco los que vinieron detrás.
─Fue noche de andar huyendo.
─Huyendo por entre los cerros y las sierras, buscando las hondonadas, la oscuridad de los árboles, huyendo por las veredas y las trochas de los animales y los animales. Perseguidos, acosados, atrapados estábamos entre el yunque y el martillo.
─De miedo fue la noche.
─Miedo de que nos descubrieran y nos mataran a todos, que nos mataran como masacraron a tantos. Balaceados. Quemados.
─Botados al río.
─A más de uno lo hicieron así.
─Crucificados en los cercos.
─Peor que a Nuestro Señor
─Miedo de que nos masacraran a nosotros también.
─Y no había otro ruido que el de los pasos de tanta gente que caminaba en silencio, un silencio tan terrible, tan terrible que todavía lo tengo tallado en la memoria, amasado con miedo y polvo y pasos y con más miedo.
─Un silencio de sí o sí.
─Con la tropa por todos lados, peinando los cerros, los campos, la montaña, peinándola apretaditos, igual a los dientes de un quitaliendres.
─Un silencio de morirse.
─De no oírse ni el llanto de una criatura, porque las madres con trapos les cerraban las bocas, con trapos bien apretados aunque se ahogaran, aunque reventaran de un sofocón.
─Qué brutas que fuimos, verdad.
─Verdad, y yo la que más.
─Pero era el miedo, vos, el miedo a morirse.
─Es que era una criatura. ¿Qué debía ella?
─Ya no te atormentes más, mujer. La pobrecita se murió y se murió.

Cada 3 segundos

Frank HOll

«Faces in the Fire», 1867, por Frank Holl (Ashmolean Museum).

Si de entrada te quedas callado,
o lo que es peor,
si nada haces
y además pregonas
que nada se puede hacer por ellos.
Si no participas con tu grano de arena
en llenar el cubo del niño que te lo ofrece,
clama y reclama,
para mejorar su vida o salvarla…
Ten en cuenta entonces,
que cada 3 segundos se muere uno de ellos,
que cada 3 segundos, quizá,
podrías haber contribuido a evitarlo.

Isabel F. Bernaldo de Quirós
apalabrandolosdias.wordpress.com

Poema de mi libro “Al son de las mareas”, Ediciones Vitruvio (2014)