Perdiendo el ripio

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La tierra se quema
me siento muy triste,
intuyo las llamas
del Apocalipsis.

Los árboles sangran
los peces se mueren,
las nubes van altas
sin agua, no llueven.

El viento se enfada
el rayo destruye,
se me seca el alma
en llanto sin nube.

La luna no tiene
ningún cascabel,
los niños no juegan
con su redondel.

Que nada es verdad
la mentira sabe
lo malo es noticia
que revuela el aire.

Y ya el periodista
no comprueba acciones,
repite y repite
las murmuraciones.

El WhatsApp, el Twitter
la falsa noticia,
y un pozo sin fondo
para la avaricia.

Políticos nuevos
para leyes viejas…
las contradicciones
atascan orejas…

…y los desacuerdos
entre las parejas…

¿Por qué no nos vamos
por donde vinimos,
y en vez de tabletas
leemos más libros?

Mi propia impotencia
es contemplativa…
Que un mundo de plástico
me deja sin vida.

Dime, ¿adónde vamos
sin meta y sin medios,
sin huertos, sin agua,
con árboles secos?

No sigo, no sigo
me atacan indicios…

Volveré otro día
con los nuevos ripios…

©Julie Sopetrán

 

Del adobe al plástico pasando por el mar

 

Yo vi cómo mi padre hacía adobes
Todavía conservo el molde que usaba para darles forma
utilizaba la tierra, el agua, la paja, el barro
toda una masa hecha con los pies
me encantaba pisar, bailar con pies descalzos sobre aquella materia natural…
Luego, los dejaba al sol dos o tres días y cuando estaban secos
los ponía de canto para que se airearan, varios días después, los cepillaba
y no había aditivos y así se construían nuestras casas
y las de los animales, como las gallinas, los cerdos, las mulas…
y a esos lugares los llamábamos casas, establos, cortes, cuadras, gallineros.

Y en menos de cincuenta años hemos pasado del adobe al plástico
Por ejemplo, ya se inauguró el moderno edificio Media-Tic en Barcelona
arquitectura sostenible de plástico, nueva tecnología, sistema resistente, más de veinte millones de euros de presupuesto, innovación, comunicación, restaurante, sala de actos para unas tres mil personas…

—y seiscientas en el mar sin techo, sin comida, sin patria… esperando
que algún plástico generoso les lleve a alguna parte—

…y a la  piel de este edificio se la llama ETFE, que es un polímero Ethilene Tetrafluor Ethilene
algo así como un plástico especial capaz de atraer la atención
del más moderno de los habitantes de este planeta.

Hemos pasado por la piedra, la madera, el ladrillo, el hormigón, el hierro,
el acero, el vidrio.. y ahora somos de plástico… el mismo que reciclamos,
para no destruir los mares, no contaminar los ríos,
para no ser partícipes del desastre
y es la nueva moda de edificar con plástico.
Y sí, un día nos señalarán con el dedo
por crear la época flexible, dúctil, moldeable…

¿Empezó todo con aquellas flores de plástico ya descoloridas
o fue la cirugía plástica en desgaste de encantos?
Pero ahí están los teléfonos móviles hechos con plástico, el dinero, las tarjetas, las gafas… los edificios, los muebles, los zapatos, las bolsas… los platos, los etcs. interminables del consumo diario.
Los envases de cada cosa que tocamos… botellas, cajas, dulces…
en cualquier momento nos invade el mercado de basuras para al instante
instalar en cada casa el reciclaje, porque ya no tenemos otra cosa que hacer
y cualquier día hasta los ataúdes serán de plástico.

Y llueve, llueve y los adobes se deshacen, pero ahí queda ese plástico
que ya  estamos comiendo… y poco a poco nos está matando.
¿Hay alguien que pueda o quiera evitar ésta náusea?

©Julie Sopetrán

Lista de la compra

Bajé al súper a hacer la compra

con una bolsa de tela

pensando que podía hacer

algo

por el medio ambiente.

Algo, como un gramo menos,

de una bolsa de plástico

de los ocho millones de toneladas

que se arrojan al mar.

Luego, en la caja, antes de pagar,

observé lo que había comprado:

Ensalada envuelta en plástico.

Brócoli envuelto en plástico.

Salmón envuelto en plástico.

Yogures envueltos en plástico.

Arándanos envueltos en plástico.

Tomates envueltos en plástico.

Naranjas envueltas en plástico.

Uvas  envueltas en plástico.

Hasta el pan

estaba envuelto con papel

y plástico.

Y por un momento pensé

-tengo que reconocerlo-

que estamos perdidos.

Pero os garantizo

que mañana

cuando vuelva al súper

volveré

con mi bolsa de tela.