Una de las Rosas

Paredes habitan el canto
de una voz casi apagada.
La puerta del sótano se abre.
Luce cruz de hierro como estandarte.
Ventana abierta a la esperanza.
Ventana cerrada a la desesperación.
Una alfombra de sangre se extiende
bajo la rendija de esa puerta.
Dirección a la tapia del cementerio,
el corazón bombea tortura.
No sabe o no quiere saber.
Antes de saberse doler
prefiere no desfallecer.
Ha sufrido en piel
y ha sufrido en ojos.
Ha sido mancillada:
corrientes en los pezones,
ropas a jirones,
violaciones.
Dirección a la tapia del cementerio.
Das una vuelta al horizonte,
todos tus años fueron espinas
y serás rosa.

Gema Albornoz

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A punto de rebosar

Drinking glass. Foto: Pexels. CC0 Public Domain.

Hasta el borde
y a punto de rebosar.
Llega el fin
y acaba de empezar.
Tabula rasa.
Mi experiencia no nació
en parto natural.
Seguí el rastro de cada ruido
y guardé sus vibraciones
y silencios.
Me escondí tras cada proyección
y capté por mi ojo
aquello que recibía  
y expulsaba.
Anoté con timbre oficial
cada localización,
paraje durante la fulminación,
de mi idea pretenciosa
de un mundo con aspiraciones
de quietud y sosiego,
tan difícil de alcanzar.
Un día al levantarte:
hasta el borde,
a punto de rebosar.
La credibilidad
en un linaje
sin lazos,
sin escrúpulos,
ni raíces:
la humanidad.

Gema Albornoz

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Cada 3 segundos

Frank HOll

«Faces in the Fire», 1867, por Frank Holl (Ashmolean Museum).

Si de entrada te quedas callado,
o lo que es peor,
si nada haces
y además pregonas
que nada se puede hacer por ellos.
Si no participas con tu grano de arena
en llenar el cubo del niño que te lo ofrece,
clama y reclama,
para mejorar su vida o salvarla…
Ten en cuenta entonces,
que cada 3 segundos se muere uno de ellos,
que cada 3 segundos, quizá,
podrías haber contribuido a evitarlo.

Isabel F. Bernaldo de Quirós
apalabrandolosdias.wordpress.com

Poema de mi libro “Al son de las mareas”, Ediciones Vitruvio (2014)

Convulsión

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«Convulsion of nature», por Kazuki Takahashi

 

La Tierra está llorando y lamentándose.

Los humanos, sus hijos más capaces,

comen todos los días de sus frutos,

pero no la oyen.

 

¿Tiene alguien conciencia del día exacto

en que la humanidad le dio la espalda a su madre?

 

La madre Tierra convulsiona.

Lo que vemos son síntomas, no castigos.

¿Volverá el hijo arrepentido

a hacerse cargo de su madre enferma?

24 de marzo

Les comparto este poema de Ana Conde Menazzi: 

La calle no es prisión

 ni detiene mis ojos recorriendo el plasma de tus piernas

con la voluntad absorta de mis venas

pecando sobre la perversa ambigüedad que retratan mis penas.

Hablo de antes, no de ahora, ni después.

Antes de la muerte, antes de la vida.

Está este útero vacío,

este vicio negro cruzando la autopista,

el grito del orgasmo,

el salvaje llanto de los desaparecidos el 24 de marzo.

Llora, caucásica muchedumbre.

Espina de la villa,

jodida esquina de la misma comparsita.

Mierda que duele.

Te lloro desde la angustia lisérgica misma.

Quizás encuentre la sabia cuchilla en filo

y tuerza cada maldito suicidio.

Vamos, salgamos de esta cíclope penumbra.

La luz es un vitral confuso,

el calidoscopio del vómito que recuerda mi boca

vaciada de saliva sobre tus piernas

 que yacen por fuera de mí sepulcro.

@aconme1

Hace ciento ocho meses atrás

Hay pérdidas
que cambian el curso de los días

a través de Hace ciento ocho meses atrás — Emociones encadenadas

Una pétrea figura
fue testigo
hace ciento ocho meses atrás.
Los tejados quedaron mudos
—durante ciento ocho segundos.

Ninguno viró su veleta en su dirección.
Las antenas medían entonces,
la velocidad del viento,
en su lugar.
Una electricidad lúgubre inundó
el ambiente.
Los gorriones
dieron ciento ocho vueltas
con ciento ocho aleteos,
premonizando en sus alas
—y pinzando con sus plumas—
cada sensación voluble en el aire.

Los muros enseñaron cicatrices
y desconchones en sus fachadas
—aún sin revestir de blanco.
Caían ciento ocho costras
llorando el momento, por el que el suelo
se llenó de ríos de sangre incolora
—porque nadie había pinchado
su superficie para verla sangrar.

Los árboles tiraron el ropaje ramado
que vestían mientras hacían un camino
señalando una emigración sin residencia,
silenciosa y sin causa,
ni necesidad.

Ciento ocho entradas al instante congelado
donde todo se repite.

Sin salida
sin entrada,
sin camino,
sin una visita
a ese mosaico sepulcral
—faltante aún,
ahora —
teniendo en mi pecho,
tu vida
y en mis manos,
un ramo de crisantemos.

Gema Albornoz

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El día de los cuervos

Rocks. Foto: Unsplash. CC0 Public Domain.

Rocks. Foto: Unsplash. CC0 Public Domain.

Consiguió formarse una ola
en el centro de un océano
de hebras de seda negras.
Mi pie sujetaba el epicentro
de un tsunami
que no dejaba formar.
Tres cuervos
grajeaban mi canción favorita.
Dándome la clave secreta
de que esperaban por mí.
Llevaban colgando piedras aguamarinas
a juego con el señorial reflejo verdoso de sus plumas.
¿No les bastaba con graznar?
Me aparté del centro,
moví el pie.
Vuelvo a tierra firme
donde volaré como serpiente que se arrastra,
donde aún puedo plantar.

Gema Albornoz

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📍📍📍Colaborar en lugares como este, me hacer ser mucho más consciente de las olas de violencia, de eventos tan indeseables que no ocurren tan lejos como cuentan las noticias, los puedo leer a través de los relatos, poesías de todos vosotros. Cada país sufre una ola diferente de violencia e injusticia, cada país sufre.
⛔️No a la violencia, en ninguna de sus formas.
⛔️No a la injusticia, por ninguna de sus vías.