Germen

Un estornudo se despide
en, apenas, un segundo.
Podría recorrer hasta
cuatro metros. Podría
permanecer en el aire
durante cuarenta y cinco
minutos. Numerosos sucesos
podrían ocurrir en un segundo,
por ejemplo, que otra mujer
sea asesinada. El recuerdo
de este caso podría ser
inferior al tiempo
que persiste un estornudo
en tu habitación.

¿Cuántos estornudos?

¿Cuántas mujeres asesinadas?

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Nuevos futuros

Que la desesperanza en la humanidad me salpique la sangre , mas libra a mis trémulos ojos de ver.

Equivocarte en el trazo de tantas formas que
deshacerlo no sea lo suficiente, sino que se deban
crear nuevas formas para arreglar el entuerto.

Apostar tantas veces al caballo perdedor que le
salgan alas a los lomos y pueda trotar por
nuevos prados de universos desconocidos.

Romper tantas veces la línea de la razón que
se la trague el agujero negro y su ciénaga
hermana, mas todo lo que se sumerja en ella.

Equivocarte, apostar y romper con los prejuicios
y contradicciones. Volver a ellos para asirlos,
volverlos a negar, volverlos a negar, negar. ¿Ya?

Manifestación tras la sentencia

«Because men are men, and women are women. We must not fly in the face of nature».
«Are Women People?», 1915.

Alice Duer Miller.

 

Cinco puntas de estrella clavadas en mis ojos.
La custodia de mi espalda
la ejerce mi igual.

Volví a escuchar a
aquellos fantasmas de 1915.
Me susurraban que estaba loca, que
acallase mis neuras y no gritase fuera
de mí —contra natura.

Pasé mi brazo por el suelo,
me deshice de mis ropas y
extendí la mancha del flujo de mi sangre
y mi silencio, haciendo una senda un río.
Despertaron como mariposas sanguinolentas
y echaron a volar. Me quedé desnuda, herida y con
los malditos fantasmas del pasado —pasado, que
nunca fue mejor—, malditos. Lucho por mi propia
humanidad, mientras hay hombres que van contra ella.

Me levanto y alzo mis manos vacías.
Alguien paga un precio y alguien es el precio,
así ha sido hasta ahora. ¿La furia también será ciega?

Cinco puntas de estrella clavadas en mis ojos,
quien me las quita, se las coloca como insignia
y ambos poseemos, con ellas, una distinción.

Sucesos de un 9 de abril

Declaran un nuevo incendio forestal en Galicia.
El eucalipto declarada especie no invasiva.
Cuarenta y cuatro accidentes en un fin de semana.
Los números 9,28, 40, 42, 43 y 47, complementario 37, reintegro 2
regalan más de 2 millones de euros en la Bonoloto.
Unos cuantos conductores dan positivo en drogas.
El cielo está nublado y hay probabilidad de precipitaciones.
Dos grupos radicales se apalean en una calle.
La policía interviene 400 kg de marihuana.
Un joven lía un porro                                                        y se lo fuma bajo el sol.
Una pandilla discute sobre el lugar donde cenar.
Una enferma ingresa sola en el hospital.
Tengo que pasar la tarjeta sanitaria de mi madre por la farmacia.
Una cuenta bancaria da el pésame.
El papa Francisco publica una exhortación apostólica sobre la santidad.
Una pareja se persigna —alarmada— ante un beso
de dos hombres dos mujeres un hombre y una mujer.
Las temperaturas bajan.
Se condena el uso de las armas.
Otro nuevo tiroteo en parte del mundo.
Aparece un nuevo vídeo de un gol de chilena a metro y medio del suelo.
Un niño uniformado entra a clase                                                      otro recorre las calles descalzo.
Un acusado de maltrato sale indemne por las puertas de un juzgado.
Otra mujer asesinada.                                                                                                ¿Cuántas van este año?
Se reactiva la alerta ante el viento la lluvia la crecida del río.
Se compra una firma para un documento oficial.
Abro un correo con sucesos que me son ajenos
hasta ser parte del titular.

Oración en el huerto

“Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Lucas 22:42

Abrir los ojos y cerrar la boca.
Abrir los ojos para no apartar de mí
esta copa. Cerrar la boca para que se haga
mi voluntad y no la de quien olvida que la alerta de vida
es innata al ser. No viene como temporal de lluvia.
Extender las manos y apartar los pies.
Condensar el vapor con palabras que no pronunciaré
al leer un suceso. Suspender el agua de los tejados,
aquellos que no habitas porque reina la provocación.
Y si es posible, aparta de mí a quienes violan,
a quienes sorprenden el alud, a quienes matan.
Aparta de mí, a la misma muerte y a quienes viven
en la desgracia tras atravesar el Mediterráneo
en una balsa de jabón; a quienes apuñalan,
a quienes juegan con los panfletos de desaparecidos
esparcidos por el suelo. Y no atropellaré a la vida que florece
al quebrar la solidez del mismo suelo que piso. Y sus pétalos,
óyeme bien, anidarán mi ánimo. Y llenarán mi copa.

Gema Albornoz

Profetización apocalíptica

«The comet will soon become visible to the naked eye»
Omega: the Last Days of the World, by Camille Flammarion; 1894

El pájaro negro liderará las almas
de las aves blancas subyugadas por su belleza.
La multitud se dirigirá al omega encripto
por encima de cualquier puerta hacia el fin.
Los bienaventurados cruzarán el pórtico
limítrofe sin distinción, a las tres en punto.
Los malaventurados esperarán la señal
del oráculo para unirse a la estampida
tras la declaración caótica terminal.
Los fanáticos militarán por el despotismo
digital mientras que los sumisos calculan
las cifras. El destino se dibujará en los rostros
y se dejará adivinar la decadencia de sus despedidas.
Los extraños se dirigirán a ti sin titubeos
y excitará la envidia de quienes te conocen sin hablarte.
La expectación y la no certeza vagarán libremente
y serán catástrofe anunciando las horas finales.
La contaminación atmosférica envenenará de sofocación
y cambiará la red alimentaria sin romperla, sin romperla.
Moldeando las transformaciones que acompañan al misterio
de lo inevitable antes de tiempo. Antes del fin, antes del fin.
Nadie sufrirá la tortura de querer lograr lo inalcanzable
puesto que tras cumplir el designio terrenal pasará al observatorio
celestial donde sólo será juez, dios de lo que la noche traerá
y dios de lo que el día se lleva. Y no al revés. Y nadie sufra. Y nadie sufra
su muerte sino millones de muertes ajenas,
como humano aterrado y marinero del cielo,
solitario y superviviente de las islas terrestres,
profetizando en las estrellas, los últimos días del mundo.

Ni un silencio más, ni una voz menos

Solo silencio por aquellas que mueren en mi nombre,
solo silencio por aquellas que cayeron por mi vida,
solo silencio por aquellas que no tienen nombre,
ni voz, ni vida, ni rostro, ni alas, ni sonrisa.

Silencio por aquellas condenadas a él,
silencio por sus cuerpos y por sus heridas,
silencio por las víctimas y el dolor del crimen
del estado, del patriarcado y de la complicidad
de quién no es capaz de ver.

No, no, no quiero en tu rostro más lágrimas,
ni más silencio en nuestras calles.
No, ni una gota más de silencio en los días
ni un segundo más de soledad en tu nombre.

No estás sola, hermana, somos resistencia,
somos flor, somos fuego y seremos mares.
Desbordaremos los muros que te encierran
y partiremos las cadenas y los alambres,
que con golpes han desgarrado tu alma,
roto tu mirada y derramado tu sangre.
Sé fuerte, sé firme y vuela libre, vuela,
que no es amor, eso que pretende,
sino la mayor bestialidad, la de la guerra.
¡Vuela! Que no estás sola en nuestro enjambre,
que los pararemos y picaremos, compañera.

Mujer encarcelada por sus mentiras, levántate
que no hay nada de amor en su violencia,
que nos despertaremos en tormenta
frente a sus golpes y sus grilletes,
frente a sus palabras y sus cadenas,
juntas, mano a mano, frente a frente:
¡Ni un silencio más, ni una voz menos!