¡Agoniza!

Con el rostro desnudo de alegría

y la paz arrancada a borbotones;

con el cuero del alma hecho jirones,

la conciencia acomete un nuevo día.

 

Acogido al derecho de ordalía,

no se exime el afán de sus funciones

blandiendo, al sucumbir, preciados dones

aunque el mal lo alancee a sangre fría.

 

¿Dónde está la virtud de aquella España

encendida en el oro de su tierra

balcón de girasoles y amapolas?

 

Hincando en ti su filo la guadaña

segó la libertad, tronó la guerra

regando con tu muerte sus corolas.

 

©Rosa María Lorenzo