Perdiendo el ripio

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La tierra se quema
me siento muy triste,
intuyo las llamas
del Apocalipsis.

Los árboles sangran
los peces se mueren,
las nubes van altas
sin agua, no llueven.

El viento se enfada
el rayo destruye,
se me seca el alma
en llanto sin nube.

La luna no tiene
ningún cascabel,
los niños no juegan
con su redondel.

Que nada es verdad
la mentira sabe
lo malo es noticia
que revuela el aire.

Y ya el periodista
no comprueba acciones,
repite y repite
las murmuraciones.

El WhatsApp, el Twitter
la falsa noticia,
y un pozo sin fondo
para la avaricia.

Políticos nuevos
para leyes viejas…
las contradicciones
atascan orejas…

…y los desacuerdos
entre las parejas…

¿Por qué no nos vamos
por donde vinimos,
y en vez de tabletas
leemos más libros?

Mi propia impotencia
es contemplativa…
Que un mundo de plástico
me deja sin vida.

Dime, ¿adónde vamos
sin meta y sin medios,
sin huertos, sin agua,
con árboles secos?

No sigo, no sigo
me atacan indicios…

Volveré otro día
con los nuevos ripios…

©Julie Sopetrán

 

A ti, Palestina

A ti, Palestina,
pueblo arrojado de su tierra.
A ti, Palestina,
que yaces bajo las escombreras.
A ti, Palestina,
que te matan y te entierran.
A ti, Palestina,
hasta ti mis lágrimas trepan
en silencio y en agonía,
mar de flores muertas
en el hueco de las sonrisas
de tus hijas de arenas
y de las flores de tus ausencias.

Quiero llorar tu llanto
a través de los mares y las sierras.
Quiero hablar tu voz
en este silencio que me quiebra.
Quiero tallar tu nombre
en la carne de mis letras.
Quiero no olvidarte,
Palestina contra las hiedras.

A ti, Palestina,
corren corceles blancos
frente a tu espiga,
sembrando de cadáveres tus campos
y de desierto tu sonrisa.
A ti, Palestina,
incendiada de olores y de fangos,
asfixiada de mentiras.
Tú, que resistes y te enfrentas,
tú, que tienes el nombre de la vida
escrito sobre tu cintura.
A ti, Palestina,
hija del mar y de la Luna,
a ti, Palestina,
mis ojos y mis manos.

Quiero ser las lágrimas
que te han negado.
Quiero ser la garganta
de la voz que te mataron.
Quiero ser la carne
de los huesos que te han arrancado.
Quiero buscar tu nombre
entre las pieles secas del ocaso,
quiero encontrarlo desnudo
en los ojos de los pueblos que te han amado.
Tu grito y mi grito: Quiero libre
a tu gente y a tus campos,
a tu nombre y a tu vida,
a tus aguas y a tus manos.

A ti, Palestina,
te escribo desde el abismo de mi sangre,
sin más luz que la de tu vida,
sin más tinta que mi carne
y a ti te grito, Palestina,
porque tu dolor es el mío
y mis lágrimas son las tuyas.

A ti, Palestina,
pueblo del jazmín y de la Luna,
tu pecho abierto y tus venas rotas,
tendríamos que escribirte, una a una,
todas las estrellas del cielo.
A ti, Palestina,
que resistes y te enfrentas,
a ti, Palestina,
que te desangras con nuestras guerras,
que mueres en nuestro silencio,
a ti, que galopas por tus tierras,
mis ojos y mis manos,
mis lágrimas y mis venas,
a ti, Palestina.

 

Tristeza

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Lágrimas llueven
por las calles vacías
donde el silencio grita.
Todas las muertes
son la noche en el puente
por donde cruza el miedo.

©Julie Sopetrán