Germen

Un estornudo se despide
en, apenas, un segundo.
Podría recorrer hasta
cuatro metros. Podría
permanecer en el aire
durante cuarenta y cinco
minutos. Numerosos sucesos
podrían ocurrir en un segundo,
por ejemplo, que otra mujer
sea asesinada. El recuerdo
de este caso podría ser
inferior al tiempo
que persiste un estornudo
en tu habitación.

¿Cuántos estornudos?

¿Cuántas mujeres asesinadas?

Ni un silencio más, ni una voz menos

Solo silencio por aquellas que mueren en mi nombre,
solo silencio por aquellas que cayeron por mi vida,
solo silencio por aquellas que no tienen nombre,
ni voz, ni vida, ni rostro, ni alas, ni sonrisa.

Silencio por aquellas condenadas a él,
silencio por sus cuerpos y por sus heridas,
silencio por las víctimas y el dolor del crimen
del estado, del patriarcado y de la complicidad
de quién no es capaz de ver.

No, no, no quiero en tu rostro más lágrimas,
ni más silencio en nuestras calles.
No, ni una gota más de silencio en los días
ni un segundo más de soledad en tu nombre.

No estás sola, hermana, somos resistencia,
somos flor, somos fuego y seremos mares.
Desbordaremos los muros que te encierran
y partiremos las cadenas y los alambres,
que con golpes han desgarrado tu alma,
roto tu mirada y derramado tu sangre.
Sé fuerte, sé firme y vuela libre, vuela,
que no es amor, eso que pretende,
sino la mayor bestialidad, la de la guerra.
¡Vuela! Que no estás sola en nuestro enjambre,
que los pararemos y picaremos, compañera.

Mujer encarcelada por sus mentiras, levántate
que no hay nada de amor en su violencia,
que nos despertaremos en tormenta
frente a sus golpes y sus grilletes,
frente a sus palabras y sus cadenas,
juntas, mano a mano, frente a frente:
¡Ni un silencio más, ni una voz menos!

Una de las Rosas

Paredes habitan el canto
de una voz casi apagada.
La puerta del sótano se abre.
Luce cruz de hierro como estandarte.
Ventana abierta a la esperanza.
Ventana cerrada a la desesperación.
Una alfombra de sangre se extiende
bajo la rendija de esa puerta.
Dirección a la tapia del cementerio,
el corazón bombea tortura.
No sabe o no quiere saber.
Antes de saberse doler
prefiere no desfallecer.
Ha sufrido en piel
y ha sufrido en ojos.
Ha sido mancillada:
corrientes en los pezones,
ropas a jirones,
violaciones.
Dirección a la tapia del cementerio.
Das una vuelta al horizonte,
todos tus años fueron espinas
y serás rosa.

Gema Albornoz

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Donde más le duele

El amor a los hijos, su cuidado, la preocupación, el desvelo, la alegría y el contento son los sentimientos naturales de los padres. Veo desde mi ventana, en el afán de una hembra de vencejo por acarrear el barro del nido que milagrosamente se sostiene bajo una cornisa, la diligencia con que transporta el alimento de sus crías, el cuidado con que otea el horizonte.

Cuesta entender la muerte de un niño; es una violencia que ofende en lo más hondo. Quienes gustamos de contar historias apenas nos permitimos crear una vida incipiente para luego quitarla. En Ángel Guerra, Benito Pérez Galdós narra con la minuciosidad que lo caracteriza la enfermedad y muerte de Ción, la hija del protagonista; conmueve profundamente la pérdida; el padre queda destrozado. Hace unos días, en el programa Hoy por hoy de la cadena SER  (España), una mujer a la que se le había muerto un hijo hablaba de esas madres que no pueden celebrar su día. Y sin embargo…

Sin embargo hay maltratadores que golpean a sus víctimas donde más les duele. Se conoce que no tienen bastante con insultarlas, vejarlas, pegarles hasta la muerte, porque su enfebrecida mente maquina algo peor: matarle al hijo que es su propio hijo.

Se aprueban leyes, nos concentramos en plazas, lucimos lazos en la solapa, escribimos, nos movilizamos, nos sobrecogemos, pero no falta el día en que el noticiario no abra con una nueva víctima. Habrá que mirar dentro de uno mismo, hasta el fondo, para ver dónde reside el monstruo, para conocerlo, saberlo y dominarlo; acabar con él.

Pero no todo induce al pesimismo. En España, por ejemplo, se ha constituido una plataforma de menores contra el maltrato. Bajo el lema Avanza sin miedo, Patricia Fernández, de diecinueve años y víctima del maltrato, con su voz joven habla con pulcritud, precisión y convicción y marca un nuevo camino a seguir para acabar con esta lacra.

El domingo siete de mayo, Día de la Madre en España, Javier, de once años, fue asesinado por su padre. La madre del menor había denunciado su desaparición. La orden de alejamiento por maltrato a que estaba sometido el padre fue sobreseída en el año 2013.

(http://www.elperiodico.com/es/noticias/sucesos-y-tribunales/hallado-nino-11-anos-presuntamente-asesinado-padre-a-coruna-6025460)