Nana para dormir el dolor que causa la estupidez

Wifredo Lam - Your Own Life, 1942 at The Kreeger Art Museum Washington DC

«Your Own Life» (1942), obra de Wifredo Lam, Art Museum Washington, D.C.

No llores, corazón
el ser es una deuda de lo errático
ea ea ea o
el destierro es la pena
bo bo bo

Minerva inspira el canto
del mundo, disparate
Demócrito está triste
ea ea e e e

El asno
rebuzna entre las flores
de Apuleyo
no llores, corazón
ea ea ea o

Ser libre cual soy yo
no es comprensible
rústica, tosca, basta
ea ea e

Complacer
es honor
y quien se ofenda…
es culpable o no es
lo que parece

ea ea e
así es
la estupidez
e e e e.

©Julie Sopetrán

Camino de la frontera

orilla lejana

Fotografía por Fredmosc, en Pixabay (CC0).

En cuanto anocheció emprendió el camino. Tenía que cruzar antes del amanecer. Notaba la cabeza algo despejada, pero la malaria lo martirizaba como nunca, el cuerpo le dolía, los huesos le dolían. Una luna pequeña, en creciente, se acercaba al horizonte con su claridad amortiguada. En lo alto de la cúpula del cielo, una miríada de estrellas lo contemplaba.

Intentó caminar con paso regular, sin apretar la marcha, calculando que le aguantaran las fuerzas, pero al ratito ya sentía un cansancio inmenso y la vida se le iba con cada paso. Voy a dar uno más y ya veré, decía el hombre, y lo daba, y ahora otro, decía, y luego otro, y así contó trescientos, mil, dos mil pasos, más o menos un quilómetro. Jadeaba, se mareaba y no podía, pero voy a caminar otro quilómetro, decía, y volvía a empezar la cuenta. Había dejado el camino y avanzaba por veredas entre los cerros, por trochas de animales, alejadas de los caminos y carreteras.

La luna hacía tiempo que se había escondido, sólo oscuridad en la tierra y estrellas en el cielo. El hombre tropezó varias veces, con sus respectivos revolcones y golpes en las piedras. En los repechos más duros, se arrodillaba y gateaba y se daba ánimos a sí mismo, ánimo, hombre, que ya queda menos. ¿Menos para qué? Menos para todo. A veces se detenía para escudriñar las sombras, para escuchar la noche, por los si la policía, por si alguna patrulla. Aquellos altos lo aliviaban, le daban tregua, pero después le costaba más reemprender la marcha, que parecía que las articulaciones se le hubieran soldado, y la voluntad huido. Y otro paso, y otro y van quinientos, quinientos uno, dos, tres, y otro quilómetro, y este ya es el último y me dejo caer, pensaba, ya, ya, y que sea lo que Dios quiera, que me hallen los policías, que coman los buitres, de todas formas nada le importaba sin ella, la vida, la salvación, el mañana, se la llevó el otro, el de antes, el de siempre, será verdad que la quiere, piensa, todo lo piensa, porque la palabra es un lujo que no se puede permitir, y otra vez la fiebre lo asalta, lo fatiga, la tiritera, los escalofríos, otro paso, otro cerro, otra bajada, y las estrellas lo miraban, blancas como cartas, como notas blancas, infinidad de estrellas, las mismas que estarán viendo otros pobres diablos como yo, piensa, no puedo, no puedo más, grita dentro de su cabeza, le estallan los pulmones, el corazón, el cuerpo todo, cada fibra muscular se rompe, rota como una cuerda vieja de un violín, pero sigue y sigue hasta que siente el río, el río que es la frontera.

Una claridad muy tenue apunta por oriente y a su luz ilumina la otra orilla, lejana como el infierno.

Germen

Un estornudo se despide
en, apenas, un segundo.
Podría recorrer hasta
cuatro metros. Podría
permanecer en el aire
durante cuarenta y cinco
minutos. Numerosos sucesos
podrían ocurrir en un segundo,
por ejemplo, que otra mujer
sea asesinada. El recuerdo
de este caso podría ser
inferior al tiempo
que persiste un estornudo
en tu habitación.

¿Cuántos estornudos?

¿Cuántas mujeres asesinadas?

Muertos del gobierno

‘MULTIPLE FATALITIES’ IN FLORIDA VIDEO GAME TOURNAMENT SHOOTING

Fuente: National online


Nada ha cambiado

a pesar de todos los que han

dado la vida sin razón.

Son los muertos del gobierno,

asesinados por su negligencia.

¡Maldita segunda enmienda!

—¡Mierda!—

Más vale un derecho

que la vida.

Como caballo desbocado

al que no quieren poner bridas,

nada debe existir

a rienda suelta.

¡Paren ya!

¡Deténgalo!

Los desangrados lo reclaman,

llorar de nada sirve.

Harta estoy,

imágenes idénticas se suscitan,

quién sabe y un día

muera alguien que importe.

Decidme…

La separación de padres  e hijos, cruel, absolutamente inhumana y despreciable que está llevando a cabo con su política migratoria el presidente de los Estados Unidos de América ¿no es una práctica absolutamente nazi?
Jaulas como perreras , “pabellones de la muerte” donde se aniquila la inocencia de los niños, se les alimenta de terror y se les marca con símbolos de abandono, soledad y llanto…
Decidme…
¿Hay algún lugar donde habiten los derechos humanos?
¿Alguien sabe para qué sirve la ONU?
¿Y la Corte Internacional de Justicia (CIJ)?
Decidme…

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Miradle…
Tiene el perfil del tirano endiosado por el dinero y el poder, del provocador innato que le gusta llegar a extremos nunca sospechados en un país que presume de ser el más democrático del mundo.
Francotirador de Twitts.
Experto jugador en desestabilizar la economía y la paz mundial.
¡Negocio!

Miradles…
Los iris de sus ojos están manchados de sangre.

Isabel F. Bernaldo de Quirós

Nuevos futuros

Que la desesperanza en la humanidad me salpique la sangre , mas libra a mis trémulos ojos de ver.

Equivocarte en el trazo de tantas formas que
deshacerlo no sea lo suficiente, sino que se deban
crear nuevas formas para arreglar el entuerto.

Apostar tantas veces al caballo perdedor que le
salgan alas a los lomos y pueda trotar por
nuevos prados de universos desconocidos.

Romper tantas veces la línea de la razón que
se la trague el agujero negro y su ciénaga
hermana, mas todo lo que se sumerja en ella.

Equivocarte, apostar y romper con los prejuicios
y contradicciones. Volver a ellos para asirlos,
volverlos a negar, volverlos a negar, negar. ¿Ya?

A ti, Palestina

A ti, Palestina,
pueblo arrojado de su tierra.
A ti, Palestina,
que yaces bajo las escombreras.
A ti, Palestina,
que te matan y te entierran.
A ti, Palestina,
hasta ti mis lágrimas trepan
en silencio y en agonía,
mar de flores muertas
en el hueco de las sonrisas
de tus hijas de arenas
y de las flores de tus ausencias.

Quiero llorar tu llanto
a través de los mares y las sierras.
Quiero hablar tu voz
en este silencio que me quiebra.
Quiero tallar tu nombre
en la carne de mis letras.
Quiero no olvidarte,
Palestina contra las hiedras.

A ti, Palestina,
corren corceles blancos
frente a tu espiga,
sembrando de cadáveres tus campos
y de desierto tu sonrisa.
A ti, Palestina,
incendiada de olores y de fangos,
asfixiada de mentiras.
Tú, que resistes y te enfrentas,
tú, que tienes el nombre de la vida
escrito sobre tu cintura.
A ti, Palestina,
hija del mar y de la Luna,
a ti, Palestina,
mis ojos y mis manos.

Quiero ser las lágrimas
que te han negado.
Quiero ser la garganta
de la voz que te mataron.
Quiero ser la carne
de los huesos que te han arrancado.
Quiero buscar tu nombre
entre las pieles secas del ocaso,
quiero encontrarlo desnudo
en los ojos de los pueblos que te han amado.
Tu grito y mi grito: Quiero libre
a tu gente y a tus campos,
a tu nombre y a tu vida,
a tus aguas y a tus manos.

A ti, Palestina,
te escribo desde el abismo de mi sangre,
sin más luz que la de tu vida,
sin más tinta que mi carne
y a ti te grito, Palestina,
porque tu dolor es el mío
y mis lágrimas son las tuyas.

A ti, Palestina,
pueblo del jazmín y de la Luna,
tu pecho abierto y tus venas rotas,
tendríamos que escribirte, una a una,
todas las estrellas del cielo.
A ti, Palestina,
que resistes y te enfrentas,
a ti, Palestina,
que te desangras con nuestras guerras,
que mueres en nuestro silencio,
a ti, que galopas por tus tierras,
mis ojos y mis manos,
mis lágrimas y mis venas,
a ti, Palestina.