Vomitemos las palabras

YO TE CREO

Hace frío, impacable se adentra
en mis tripas.
Se revuelven, dando vueltas
a mi estómago.
Una boca articula palabras,
resuenan mientras
las niego.
“No hubo agresión sexual,
sino una relación consentida y placentera”.

No. No. No. Tres veces no.

El café enluta,
se hace más amargo.
Probablemente, ya han destrozado
la corona de Puta sobre su cabeza.
Probablemente, siga con una vida
fraccionada.
Probablemente, quienes escuchamos
cómo una víctima habla de una agresión
sexual, en un portal, la vivimos
repitiendo lo que ella ya vivió,
siempre que no vomitemos las palabras
perdidas en aquel portal. Y levantemos
el vómito más alto que su propia voz.

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Fragas do Eume

El latido del bosque

Siempre fue el bosque refugio de ninfas y pastores, morada del amor y albergue de la fantasía. En los claros del bosque danzan los dioses antiguos y en lo más hondo se refugian los proscritos; los maquis se lamen las heridas de la derrota al tiempo que los enamorados primerizos retozan al abrigo de las sombras.

El bosque es la casa inacabable de ardillas, linces y corzos; mariposas, libélulas y mantis religiosas. En las noches de celo se oye la berrea de los machos; el cielo del bosque es un clamor de pájaros.

Y si agudizas el oído, podrás escuchar un bisbiseo que viene de las hadas, los duendes, y los enanitos de Blancanieves.

Si te coge la caída de la tarde sobre el Eume, verás una serpiente de cobre salir de un bosque encantado; sin embargo estos días parecía un chorro de lava emergiendo de las entrañas del volcán. ¿Dónde habrán ido a parar las ninfas y pastores del Eume? ¿Dónde los corzos, ardillas, mirlos, águilas culebreras, mariposas, hadas, enanitos y duendes? ¿Sobre qué manto de hierba se dejarán caer los enamorados? ¿Por qué tanto desmán o descuido?

Dicen las autoridades que el fuego está controlado y que han hecho lo que había que hacer. Pero muchos paisanos vuelven a gritar Nunca Máis y reclaman que el bosque esté mejor cuidado.


Esta entrada la escribí hace algunos años, cuando el incendio de las Fragas del Eume; hoy vale lo mismo.

En estos días arde todo el noroeste de la Península Ibérica: el norte de Portugal y las Comunidades Españolas de Galicia, Asturias y parte de Castilla y León; hay más de cuarenta muertos. Y hay que repetir: 

Dirán las autoridades que el fuego está controlado y que han hecho lo que había que hacer. Pero muchos paisanos vuelven a gritar Nunca Máis y reclaman que el bosque esté mejor cuidado”.

 

Imagen: Fragas do Eume, por publikaccion, bajo licencia de Creative Commons (CC BY).

Mi bandera

Crumpled. Gerd Altmann. CC0 Creative Commons.

Mi bandera
perdió el color
y las siglas.

Ondeó, tantas veces,
su historia que decidió
desteñirse; ser blanca,
inmaculada.
Sensata
ante cualquier presión
que arremetiese contra mí.

Esa mi bandera.

Mi bandera
espera en silencio,
adentro.

Sale a corazón abierto
con las sonrisas que veo.

Eleva un cántico en coro
con arterias y venas.

Todo mi cuerpo
hace reverencia
cuando aparece.

¿Dónde mi patria? —pregunta.
¿Cuál mi emblema? —cuestiona.
Tierra—le digo.

Tierra calma
para la cosecha,
cuando llega
nueva primavera.

Cuando entonces.
Cuando nueva primavera
llega.

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207 años de independencia

207 años de independencia. ¿Cuál es el júbilo?

Estamos a unos cuantos días de iniciar con los festejos del aniversario de la independencia de México.

Nos independizamos de los colonizadores, de los reyes de España, alegando falta de libertad, malos tratos, falta de igualdad ante los nacidos en la Madre Patria y los llamados criollos; las condiciones laborales esclavizantes, la mutilación de tradiciones ancestrales y un sinfín de inconformidades más.

Ahora, dos siglos después, el festejo de independencia es solo un excelente pretexto para tomar tachas y emborracharse con tequila al ritmo de un mariachi reguetonero. Da lo mismo la crisis de todo, lo de hoy es el desmadre.

El estigma de una pseudoindependencia es manifiesta desde el momento en que los medios nos han vendido un modelo arquetípico para festejar, ese híbrido acoplado con trozos de una cultura, mutilaciones de otra y remiendos de otra más. Aquel «charro cibernético» que menciona sabiamente Rodrigo González en su rola Tiempos híbridos, como la exacta parodia del modelo europeo contra los mugrosos intentos de globalización de los países tercermundistas, perdón, de economías emergentes. Quizá no dependemos ya de la reina Isabel o del rey Fernando, pero sí estamos subyugados, a la vista de todos, por un puñado de cínicos rufianes, por emplear un eufemismo.

La triste realidad es esta: vivimos esclavizados por nuestro conveniente conformismo; de nuestro silencio e indiferencia; de nuestra total falta de interés en los temas políticos y sociales. Recibimos malos tratos de los gringos, la discriminación sigue más presente que nunca, las condiciones laborales jamás han mejorado ni a raíz de la creación de sindicatos que solo sirven para descontar una cuota cada semana del mísero ingreso del trabajador que, ahora, más que nunca, se ve vapuleado por las famosas reformas. Volteen a ver a ese sector de la población al que no le preocupa la situación actual del país, ¿ya los ubicaron?

Vemos poco a poco como se pierden los valores, el querer seguir modas y ser nice hace que nosotros mismos despreciemos nuestras tradiciones ancestrales, de las que debemos estar orgullosos por el simple hecho de que representan nuestra identidad y unas raíces antropológicas que cualquier país del mundo desearía tener en su historia. Hagamos a un lado ese falso nacionalismo que desde el preescolar nos inculcan y que casi en su totalidad está basado en ficción.

Los recursos que emplea el gobierno para festejos bien podrían ser aprovechados en otros sectores más ávidos de atención y cuidado como lo es la seguridad pública o la educación, solo por mencionar algunos de la larga lista de deficiencias. ¿Qué es lo que se festeja realmente? ¿Cuál es esa libertad que nos causa tanto júbilo? Si nuestra libertad se ve coartada por individuos en camionetas de lujo con el más sofisticado armamento, una impunidad descarada y un poder compartido con las supuestas autoridades.

Para mí, no hay nada que festejar.

La independencia de España fue hace 207 años. Ahora somos dominados y sometidos por gobernantes, funcionarios, policía, crimen organizado, etc. ¿Por qué somos tan tontos? ¿Por qué nos volvemos esclavos de unos cuantos? Nosotros somos más.

Quizás a la larga no hubiese sido tan diferente seguir siendo una colonia española, piénsenlo por un momento, hablaríamos con la «c» y los fines de semana comeríamos fabada, no está tan mal.

¡Joder!

La noche fue larga  – Emociones encadenadas

La noche fue larga.
Vi a Lorca,
hace 81 años,
con unos focos sobre él.
Antes de su “Yo confieso”
la luna se fue.
No quiso verlos.
No verá el amanecer.
La noche fue larga.
La luna se fue.

Picasso y Dalí gritan:
¡No tenemos miedo!

Elefantes rojos,
rosas levitando.
Mis paredes
y la vida de azul.

La noche fue larga.
La luna se fue.
Sueño que no florezca el terror
donde otros siembran miedos.
¡No tenemos miedo!— gritan.

Que no se aplauda el dolor
donde quien pena
batallas libró
por ríos rojos en el asfalto.
¡No tenemos miedo! —gritan.

Que tiemble la tierra
por las letales pisadas
de quien se abandera de paz,
de cordura, de esperanza,
de vida, de unidad,
de lucha contra la injusticia
armada;
quien no se cansará de gritar:

¡No tenemos miedo!

¡Basta ya!
Gema Albornoz

Hace cuarenta y cinco años

Cuando era niño, como todos los niños, imitaba a los mayores (eran mayores los que tenían de catorce para arriba) y con ellos me bañaba en el río, en un lugar secreto. Nos bañábamos desnudos y así andábamos entre los chopos; nos rebozábamos de arena y nos la quitábamos en el agua. Había una prueba legendaria e inequívoca para comprobar que habíamos estado en el río: pasar la uña por la piel: si quedaba grabada una raya blanca y tardaba en desaparecer, habías estado, y tu madre te podía dar una zurra; pero las madres no habían oído hablar de esta prueba. En el Tajo aprendí a nadar.

Pasados dos veranos, por nuestro lugar secreto aparecieron familias y con ellas llegó el bañador; pusieron un gango* donde se podía merendar siempre que se tomara una consumición, generalmente vino con gaseosa; cerveza los más pudientes. La gente empezó a ir de veraneo sin salir de la ciudad. Pero esto no es todo: el río alimentaba multitud de acequias que regaban frondosas huertas: la ciudad estaba bien abastecida de frutas y hortalizas “de la tierra”. El Tajo era un río lleno de vida que se podía permitir el lujo de alimentar, vestir y adornar a la ciudad de Toledo.

En el Poema de Mio Cid, el autor habla de las pepitas de oro que arrastraban las arenas del río; bajo el puente viejo de San Martín, en el Peñón, los muchachos fantaseábamos con las apariciones de La Cava, desnuda, rodeada de esclavos ciegos, y la leyenda atribuye a la pasión que sintió por ella el rey godo Don Rodrigo nada menos que la pérdida de España. Con las aguas del Tajo, las ninfas “peinaban sus cabellos de oro fino”, nos dice Garcilaso en su Égloga III. Hace cuarenta y cinco años, las autoridades prohibieron el baño en sus aguas a su paso por Toledo.

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¿Fue por precaución? ¿Demasiados accidentes? No, qué va. Las aguas verdes tornaron en gris; como grandes icebergs, montañas de espuma flotaban formando una fantasmagoría de formas caprichosas: el río pasaba contaminado. Y así sigue.

El crecimiento económico rápido, la instalación de industrias contaminantes, la falta de control de las aguas, el abandono y la desidia mataron al río; como ocurre con otros ríos, como ocurre con mares, océanos y cascos polares; ciudades, campos y lagos.

Y muchos gobernantes y gobiernos, encabezados por el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dan la espalda al problema y se proponen incrementarlo con la excusa del crecimiento de la economía.

Os cuento mi visión de un problema local, universal por el valor de un sitio patrimonio de todos y paradigma de lo que nos está pasando, de lo que estamos haciendo. Creo que urge tomar conciencia para ayudar a salvar lo que queda y dar la vuelta a lo que aún no sea irreversible.

 

*Gango: merendero de tablas y techado de cañas o lona.

Imagen destacada: Obtenida de “Toledo y el Tajo”:
http://toledoolvidado.blogspot.com.es/2011/07/toledo-y-el-tajo.html

Imagen insertada en el texto por Amaianos (Wikimedia). Obtenida de: “La leyenda de La Cava y la ‘pérdida de España'”:
http://www.abc.es/cultura/20150201/abci-leyenda-cava-perdida-espana-201502171213.html

Dicho de otro modo

Amarillo.

Malva.

Y amapola

son los colores

de las cunetas de España.

O dicho de otro modo:

“Es el segundo país del mundo en número de desapariciones después de Camboya, con 114.226 hombres y mujeres que permanecen en fosas comunes, algunas con más de mil personas dentro, sin haber sido identificados y enterrados dignamente por sus familias” (http://memoriahistorica.org.es/tag/desaparecidos-del-franquismo/)