Todas las pérdidas (#JusticiaParaClaudiaMatilde)

Todas las pérdidas
se vuelven una,
se aglutinan
en un llanto,
en una furia,
en un dolor.

Y el grito
por las que no están
es suprema indignación.

Todas las pérdidas
se vuelven una,
se materializan
en un rostro,
en un nombre,
en una petición.

Y la exigencia
por quien ya no está
se vuelve una demanda
inmediata,
superlativa,
en una obligación:

tráiganlo aquí.


Claudia Matilda Farrera Esponda falleció el 18 de diciembre de 2020, en Jiquipilas Chiapas, México, víctima de feminicidio. Su esposo y presunto asesino, Jesús Humberto N, escapó y se busca para ser llevado ante la justicia.

Pueden mostrar su apoyo en la página facebook.com/justiciaparaclaudiamatilde desde su lugar de residencia, tomando una foto con el hashtag #justiciaparaClaudiaMatilde:

#UnDíaSinNosotras

En México, el próximo lunes 9 de marzo, las mujeres han convocado a un paro nacional en protesta por los feminicidios y la violencia contra la mujer en el país.

La indignación se apoderó de la sociedad tras dos recientes asesinatos, de una mujer y una niña, que el New York Times explica de la siguiente manera:

«La mujer, Íngrid Escamilla, de 25 años, fue apuñalada, desollada y desentrañada, y la niña, Fátima Cecilia Aldrighett, de 7 años, fue secuestrada después de salir de la escuela, su cuerpo fue encontrado posteriormente en una bolsa de plástico».

Les comparto esa cruda descripción y los invito a leer el siguiente artículo del mismo diario para mostrar cómo un medio internacional ve y explica la situación de violencia contra la mujer en México y el próximo paro nacional: Un día sin mujeres en México como señal de protesta (https://www.nytimes.com/es/2020/02/27/espanol/america-latina/un-dia-sin-nosotras-mexico.html).

¿Qué significa el paro nacional?

Ninguna mujer en oficinas ni escuelas. Ninguna mujer en restaurantes y en tiendas. Ni en el transporte público, en los automóviles ni en las calles. Ni tampoco en las redes sociales. Un México sin mujeres, por un día.

La idea es hacer patente nuestra ausencia si nos mataran o desaparecieran a todas. Un día sin mujeres, viralizado con el hasthag #UnDíaSinMujeres, busca mostrar esta realidad.

Como editora de los blogs colectivos Arte y denuncia y Salto al reverso, no publicaré nada ese día y me ausentaré de mis labores administrativas de ambos sitios y de las redes sociales en general. Invito a las autoras de ambos blogs a solidarizarse y no publicar nada el 9 de marzo. Los hombres deberían seguir publicando en los blogs y haciendo sus labores cotidianas para hacer más visible nuestra ausencia.

Como en todos los aspectos de la vida, yo tengo la creencia de que, desde nuestras trincheras y con una convicción apasionada, podemos luchar por el cambio y nuestra voz será escuchada.

Desaparezcamos a manera de protesta este 9 de marzo para hacer visible el daño despiadado que el asesinato y la violencia infligen a las mujeres de México y de todos los países.

La insoportable brevedad del ser mujer*

Por: Mayté Guzmán Mariscal

No se nombra lo que no se conoce. La maldad con la que se aniquila la vida de menores y mujeres, en particular, no tiene nombre. Algo debe estar podrido en quien no tiene escrúpulos para infligir semejante daño a una criatura inocente. No es humano quien detona un arma a sangre fría, quien viola, quien tortura, quien mutila, quien apuñala sin que le tiemble la mano. Y ni hablar de las cifras, que desafortunadamente resultan ser un indicador que la realidad siempre supera: mayor número de desapariciones, feminicidios, infanticidios, secuestros, asesinatos. Sé que tengo que escribir algo, no sé exactamente qué ni con qué fin. Quien lea estas líneas solo podrá sentir la rabia, la impotencia y la tremenda conmoción que intento expresar.

Los titulares se han llenado con las opiniones de los expertos en culpar, revictimizar, criticar, desinformar. Sobra decir que los medios de comunicación tienen todo que ver en este declive social. Lo cierto es que todo falló en el cruel asesinato de la pequeña Fátima, y en el de Ingrid, y en el de la bebé Karen, y… Pero es que hace años que todo falla.

Es imposible que esta cadena de feminicidios se cometa a manos de dos personas solamente. Yo no me lo creo, y esa justicia a medias no debería calmar nuestras conciencias. Detrás de estos incesantes crímenes hay una inmensa cantidad de cómplices, muchos de ellos de cuello blanco, a quienes el peso de la ley jamás ha incomodado. Y qué hay que hacer, cómo debemos actuar, a quién podemos recurrir, cuánto más tendremos que soportar.

Reconozco, ahora que soy madre, que el día en que me anunciaron el sexo de mi bebé inconscientemente sentí alivio de que no fuese niña. Tengo claro que nacer y ser mujer no es un castigo. Y sé que si hubiese parido una niña la amaría igual, aunque no hubiese podido evitar esa terrible sensación de temor por haber traído al mundo un ser más vulnerable que la otra mitad restante. Porque si somos vulnerables como mujeres evidentemente es una cuestión más allá de nuestro deseo. Es porque el capitalismo y patriarcado se ha cebado con nosotras, por el simple hecho de ser dadoras de vida. Es su venganza, es la sinrazón. Al menos eso parece.

Nadie puede llegar a entender el dolor que sienten las madres a quienes les han arrebatado a sus hijas, ni el daño irreparable que una pérdida en esas circunstancias ocasiona. Por ellas y por todas nosotras, debemos frenar esta violencia. Debemos recuperar el espacio público, un espacio que también es nuestro, llenar las calles, cuidarnos entre nosotras, y nunca más vivir con miedo.

En estos días leí un post con una idea muy cierta: las mujeres vivimos pretendiendo que no se nos noten las arrugas, las estrías, las lonjas, etcétera. La lógica del “que no se nos note” llegó al tal grado, que tampoco se notaba cuando nos agredían, nos violaban, nos desaparecían o nos mataban. Pero una situación así es insostenible en el tiempo. Teníamos que decir «¡basta!». Y lo hicimos, sin embargo, no ha sido suficiente.

Sí, México es un país feminicida, asquerosamente machista y misógino. Que todo el mundo lo sepa. ¿Y después qué?

Como sugerí en un artículo anterior, nunca deberíamos responder que nos provoca miedo nuestra condición de género, mucho menos avergonzarnos ni despreciarnos por ser mujeres. La voz y la palabra son armas de construcción masiva. Alcemos entonces nuestras voces, nuestros gritos cargados de futuro. Digamos «¡BASTA!».

*A la memoria de todas y cada una de las niñas, adolescentes y mujeres que han sido asesinadas en México.

Ha aparecido un cuerpo — Emociones encadenadas

Sobre el terreno busco
pistas para respaldar
esta rabia con palabras.

Moderan el par de minutos
en la cama, la ilusión
voluntaria, la exclamación
de la pantalla y el trago
de sangre. Intercede la
melancolía navideña y
tres pasos más.

Ninguna de ellas me concilia
con esta realidad en la que
hay que soñar para que ningún
criminal sorprenda a alguna
chica en una esquina, en una
calle, en una carretera,
en un portal, en un parque.

Otro cuerpo hallado,                        otra víctima
mortal, otro asesinato por

violencia                                                machista.

Soñar otra posible existencia.
Juzgar el poder de ser                          muerte
de una vida que no les pertenece.
Manifestar rechazo.
Gritar un                                                hasta cuándo.

Llevo dos días intentando
poner palabras al deleznable
hecho que se repite cada
cierto tiempo:una mujer pierde
la vida
por                   ser                                        mujer.

Y sigo sin entender
por qué.

Y sigo maldiciendo
por qué.

a través de Ha aparecido un cuerpo — Emociones encadenadas

La frontera es un avispero

Llegan en caravana buscando un sueño,

la frontera es un avispero,

todos y nadie tienen razón.

El que huye encuentra que no existe el paraíso,

el soldado actúa contra su voluntad,

los rancheros ya dispuestos a la caza,

Inmigración los espera y muerde.

Niños en pañales atacados con gases,

¡Oh, Alemania Nazi,

cuánto aprendimos de ti!

Un alcalde pide auxilio a los federales,

a los Estados Unidos,

a las Naciones Unidas,

pero todos están sordos y ciegos,

a nadie le importan.

Los desesperados amenazan

hacer huelga de hambre,

con el pellejo pegado a los huesos.

Nadie tiene capacidad de conmoverse,

para todos son una peste.

Dejan a su paso basura,

sangre, desolación, enfermedad

y muerte.

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Imagen: Migrant, mother, woman, children (CC0).

Germen

Un estornudo se despide
en, apenas, un segundo.
Podría recorrer hasta
cuatro metros. Podría
permanecer en el aire
durante cuarenta y cinco
minutos. Numerosos sucesos
podrían ocurrir en un segundo,
por ejemplo, que otra mujer
sea asesinada. El recuerdo
de este caso podría ser
inferior al tiempo
que persiste un estornudo
en tu habitación.

¿Cuántos estornudos?

¿Cuántas mujeres asesinadas?

Manifestación tras la sentencia

«Because men are men, and women are women. We must not fly in the face of nature».
«Are Women People?», 1915.

Alice Duer Miller.

 

Cinco puntas de estrella clavadas en mis ojos.
La custodia de mi espalda
la ejerce mi igual.

Volví a escuchar a
aquellos fantasmas de 1915.
Me susurraban que estaba loca, que
acallase mis neuras y no gritase fuera
de mí —contra natura.

Pasé mi brazo por el suelo,
me deshice de mis ropas y
extendí la mancha del flujo de mi sangre
y mi silencio, haciendo una senda un río.
Despertaron como mariposas sanguinolentas
y echaron a volar. Me quedé desnuda, herida y con
los malditos fantasmas del pasado —pasado, que
nunca fue mejor—, malditos. Lucho por mi propia
humanidad, mientras hay hombres que van contra ella.

Me levanto y alzo mis manos vacías.
Alguien paga un precio y alguien es el precio,
así ha sido hasta ahora. ¿La furia también será ciega?

Cinco puntas de estrella clavadas en mis ojos,
quien me las quita, se las coloca como insignia
y ambos poseemos, con ellas, una distinción.