Manifestación tras la sentencia

«Because men are men, and women are women. We must not fly in the face of nature».
«Are Women People?», 1915.

Alice Duer Miller.

 

Cinco puntas de estrella clavadas en mis ojos.
La custodia de mi espalda
la ejerce mi igual.

Volví a escuchar a
aquellos fantasmas de 1915.
Me susurraban que estaba loca, que
acallase mis neuras y no gritase fuera
de mí —contra natura.

Pasé mi brazo por el suelo,
me deshice de mis ropas y
extendí la mancha del flujo de mi sangre
y mi silencio, haciendo una senda un río.
Despertaron como mariposas sanguinolentas
y echaron a volar. Me quedé desnuda, herida y con
los malditos fantasmas del pasado —pasado, que
nunca fue mejor—, malditos. Lucho por mi propia
humanidad, mientras hay hombres que van contra ella.

Me levanto y alzo mis manos vacías.
Alguien paga un precio y alguien es el precio,
así ha sido hasta ahora. ¿La furia también será ciega?

Cinco puntas de estrella clavadas en mis ojos,
quien me las quita, se las coloca como insignia
y ambos poseemos, con ellas, una distinción.

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Diario de una cooperante

Campamento de refugiados de…

«Entre tanta tarea como tengo, me ha salido una nueva ocupación que me llena más que otras: colaborar con un grupo de mujeres para documentar casos de niños perdidos durante la huida de su país. El asunto surgió espontáneamente, como surge casi todo por aquí, y como es un tema que, desde que supe de él, me ha interesado y me ha tocado el corazón, no me ha costado echar una mano.

manos hombre y niño

Foto obtenida de Pixabay, con licencia Creative Commons CCO

»Y en eso llevo trabajando desde hace unas semanas, aunque sea a ratos perdidos. Ya hemos documentado al menos once casos de desapariciones de niños, aunque algunos de ellos en realidad no fueran niños perdidos, sino “regalados”; es decir, que durante las largas huidas de la zona de conflicto la situación llegaba a ser tan dramática que hubo madres que dejaron a sus hijos en las casas que encontraron por el camino, con cualquier persona, porque de seguir con ellos seguramente morirían. De hecho, según me cuenta la gente, no es raro entre los campesinos la costumbre de “regalar” niños. Por ejemplo, si una mujer tiene muchos hijos y por el motivo que sea no puede cuidarlos a todos, “regala” uno a quien pueda hacerlo mejor que ella: a su hermana, su tía o incluso a su propia madre, y a partir de ese momento el hijo es adoptado por esta madre de acogida, la llama mamá y actúa en todo momento como si de verdad lo fuera.

»Pero como digo, eso son sólo unos pocos casos. En los demás, los niños se perdieron de verdad. De todos los que hemos documentado, hay uno que me ha llamado la atención, no porque fuese más terrible que los demás, sino porque la mujer hablaba de la pérdida de su chiquitín con un desconsuelo tal, mostraba una tristeza tan desoladora, que también a mí me dieron ganas de llorar. Dijo que se le perdió cuando cruzaban la frontera, hasta donde una tropa los había estado siguiendo y hostigando. Fue de repente: se le zafó un momento mientras corrían y ya no lo vio más. Y aunque examinó uno a uno los muertos por el ataque, y lo estuvo buscando durante más de una semana, arriesgándose incluso a separarse del grupo, no logró dar con él. Dijo también que un periodista que cubría la llegada de los refugiados le sacó una foto al niño antes de que se perdiese, que tal vez él tenga alguna información… pero no sabe como contactarlo. En todo caso, le gustaría conseguir la foto para tener siquiera un recuerdo de él».

 23 de abril de cualquier año

Sucesos de un 9 de abril

Declaran un nuevo incendio forestal en Galicia.
El eucalipto declarada especie no invasiva.
Cuarenta y cuatro accidentes en un fin de semana.
Los números 9,28, 40, 42, 43 y 47, complementario 37, reintegro 2
regalan más de 2 millones de euros en la Bonoloto.
Unos cuantos conductores dan positivo en drogas.
El cielo está nublado y hay probabilidad de precipitaciones.
Dos grupos radicales se apalean en una calle.
La policía interviene 400 kg de marihuana.
Un joven lía un porro                                                        y se lo fuma bajo el sol.
Una pandilla discute sobre el lugar donde cenar.
Una enferma ingresa sola en el hospital.
Tengo que pasar la tarjeta sanitaria de mi madre por la farmacia.
Una cuenta bancaria da el pésame.
El papa Francisco publica una exhortación apostólica sobre la santidad.
Una pareja se persigna —alarmada— ante un beso
de dos hombres dos mujeres un hombre y una mujer.
Las temperaturas bajan.
Se condena el uso de las armas.
Otro nuevo tiroteo en parte del mundo.
Aparece un nuevo vídeo de un gol de chilena a metro y medio del suelo.
Un niño uniformado entra a clase                                                      otro recorre las calles descalzo.
Un acusado de maltrato sale indemne por las puertas de un juzgado.
Otra mujer asesinada.                                                                                                ¿Cuántas van este año?
Se reactiva la alerta ante el viento la lluvia la crecida del río.
Se compra una firma para un documento oficial.
Abro un correo con sucesos que me son ajenos
hasta ser parte del titular.

Testimonio

Poema inspirado en el testimonio ante la corte de la gimnasta Aly Raisman, medallista olímpica, en contra del exmédico del equipo de gimnasia de Estados Unidos Larry Nassar, condenado a 175 años de prisión por múltiples cargos de abuso y agresión sexual en contra de más de 150 niñas y adolescentes. Raisman es una de las más de 150 mujeres que presentaron testimonio en su contra. 


Rabia
totalmente justificada
cuando por fin se puede alzar la voz.

En el centro
del cuerpo,
el fuego
del coraje.

Es decir,
enojo/valentía.
Es decir,
valor/ira.

Es decir,
el coraje
que lleva a la reivindicación
del derecho propio,
de la dignidad antes perdida.

¿Sabes lo que se necesita
para conjurar
ese momento de determinación feroz
tras el daño devastador
que personas como tú
le hacen a la razón?

Días, semanas, años
de postración,
de vergüenza, de dolor,
de silencio y de confusión.

Sufrimiento atroz.

Pero, en el día decisivo
en que el coraje
arrasa el corazón
en que la rabia justificada
sana la razón,
tú escucharás atento
y derrotado
el testimonio
que te traerá la condena
y el castigo desolador.


Más información: 10 poderosas frases de la gimnasta Aly Raisman contra su abusador, Larry Nassar.

Imagen destacada derivada de «Aly Raisman floor final», por Susie (CC BY-NC-SA).

Ni un silencio más, ni una voz menos

Solo silencio por aquellas que mueren en mi nombre,
solo silencio por aquellas que cayeron por mi vida,
solo silencio por aquellas que no tienen nombre,
ni voz, ni vida, ni rostro, ni alas, ni sonrisa.

Silencio por aquellas condenadas a él,
silencio por sus cuerpos y por sus heridas,
silencio por las víctimas y el dolor del crimen
del estado, del patriarcado y de la complicidad
de quién no es capaz de ver.

No, no, no quiero en tu rostro más lágrimas,
ni más silencio en nuestras calles.
No, ni una gota más de silencio en los días
ni un segundo más de soledad en tu nombre.

No estás sola, hermana, somos resistencia,
somos flor, somos fuego y seremos mares.
Desbordaremos los muros que te encierran
y partiremos las cadenas y los alambres,
que con golpes han desgarrado tu alma,
roto tu mirada y derramado tu sangre.
Sé fuerte, sé firme y vuela libre, vuela,
que no es amor, eso que pretende,
sino la mayor bestialidad, la de la guerra.
¡Vuela! Que no estás sola en nuestro enjambre,
que los pararemos y picaremos, compañera.

Mujer encarcelada por sus mentiras, levántate
que no hay nada de amor en su violencia,
que nos despertaremos en tormenta
frente a sus golpes y sus grilletes,
frente a sus palabras y sus cadenas,
juntas, mano a mano, frente a frente:
¡Ni un silencio más, ni una voz menos!

Impotencia

  ¡Cuánta mujer marchita

en la flor de su núbil juventud!

rea de un troglodita

que asoló su virtud

tratándola con infame acritud.

Gritos de dolor, llanto,

el horror se agazapa tras la puerta

cerrada a cal y canto.

La madre yace muerta,

en los ojos de su niño, el espanto.

El cobarde asesino,

mortal enemigo, marido y padre,

decidió el cruel destino

del hijo y de la madre

y en la sociedad, no hay perro que ladre.

El “héroe” de la historia,

asomado a un atisbo de cordura,

el suicidio, la gloria;

ve en la muerte ventura

para escapar de su impía locura.

¿Qué obscura sinrazón

infecta a la sociedad actual

que no ve la ocasión

de desterrar el mal

que corre por sus venas, cual caudal?

Obvia el letal veneno,

absorta como está en sus vacuidades,

fluyendo tan ajeno

a prístinas verdades,

que muestra sin cesar sus necedades.

Y dormimos tranquilos,

aun conviviendo en la misma escalera,

el vecino machista

y su fiel compañera

que en un infierno vive y desespera.

©Rosa María Lorenzo

Ruqia Hassan

Ruqia Hassan

Ruqia Hassan

Yo no sabía tu nombre de flor del desierto
de Siria, y hoy lo pronuncio con el aliento triste
de la muerte abriendo la puerta a la lista
interminable de nombres de mujer con aroma
de jazmines, grito
de majestuosa dignidad, “mejor morir, morir,
que vivir humillada
 —dijiste— por esos tipos
que nos imponen su poder
”.

Yo no sabía tu nombre, el que abre la esperanza de los pueblos
y la libertad de sus mujeres. Ruqia Hassan,
asesinada en Raqa. “Seguramente
seré detenida
y decapitada —
lo sabías—,
pero conservaré mi dignidad”. Y al corazón
del mundo
llega el aliento de tus últimas palabras; y enmudece
el mundo
porque
tu juventud está hecha
de sabiduría y honradez,
de la belleza imparable de la vida
que otra vez, ¡ay, el alma y la memoria de Hypatia de Alejandría!,
harán sangre en sus manos aquellos que interpretan
los designios de los hombres y los deseos de Dios
para justificar sus crímenes en todas las ciudades
y los pueblos ocupados. Contra ellos
nada valen tu valor y el conocimiento de la filosofía,
pero saben que puede más que ellos la verdad que ilumina
tus sólo treinta años contra el totalitarismo de velos
y nicabs negros, crucifixiones,
decapitaciones, torturas,
flagelaciones públicas en las plazas de Raqa,
la ciudad que está siendo aniquilada
silenciosamente.

El valle del Eúfrates se ahoga en sangre;
yo no sabía tu nombre ni la alegría de los pétalos blancos
de sus letras, y ahora tengo en mis manos
todo el terror que desangra a Siria y no sé qué hacer
con las bombas aliadas
ni con el horror del Califato. Tú estás muerta
y tu muerte defiende nuestras vidas, pero sé
que no será suficiente
si seguimos callados ante el crimen.

Julio González Alonso
lucernarios.net


Con tristeza ante la realidad, comparto este poema con los lectores de Arte y denuncia, para hacer notar lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Un poema del extraordinario poeta Julio González Alonso, que me ha conmovido intensamente. Ruqia Hassan se adentra en nuestras vidas, nos habla de lo que está pasando. Es importante que reflexionemos ante su muerte. Ruqia Hassan tenía 30 años, fue acusada de espionaje y asesinada por decir la verdad, murió en manos de los yihadistas por contar lo que estaba pasando en su ciudad.
Julie Sopetrán