Buscando posada (Villancico)

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Y van pidiendo posada
y la puerta está cerrada.

Jesús, María y José
ya van en la caravana,
se fueron muy de mañana
cruzando el amanecer.
Y no tienen qué comer
en tan fría madrugada
que la puerta está cerrada.

La valla es una pared
hecha de alambre, con hierros;
y están ladrando los perros
y el Niño muere de sed.
¿Alguien le puede acoger
tras esta puerta cerrada
o en el mundo no hay posadas?

Y se acumula la gente
Y no se puede pasar.
De nada sirve gritar
mirando al muro de frente.
Y aunque seas diferente…
si al otro lado hay posada
¿Por qué la puerta cerrada?

Esperamos y esperamos
que nos den paso y comida;
que nuestro Niño es la vida
y porque todo lo damos
la libertad que buscamos
no es el fin de una encerrada:
sólo buscamos posada.

Practicamos buenas obras
nos une el bien para todos;
si eres rico, pues ni modo…
reparte lo que me robas
o dame lo que te sobra
tras de esa puerta cerrada
donde buscamos posada.

Y no queremos la guerra
somos migrantes humanos;
tan sólo tenemos manos
para trabajar la tierra,
la necesidad destierra…
Vamos pidiendo posada
y la puerta está cerrada.

Llegamos a la frontera
y nos recibe esta valla
donde el alma se desmaya
y no la salta cualquiera.
Si en Tijuana se durmiera
el Niño… José saltara
hasta encontrarnos posada.

©Julie Sopetrán
2018

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La frontera es un avispero

Llegan en caravana buscando un sueño,

la frontera es un avispero,

todos y nadie tienen razón.

El que huye encuentra que no existe el paraíso,

el soldado actúa contra su voluntad,

los rancheros ya dispuestos a la caza,

Inmigración los espera y muerde.

Niños en pañales atacados con gases,

¡Oh, Alemania Nazi,

cuánto aprendimos de ti!

Un alcalde pide auxilio a los federales,

a los Estados Unidos,

a las Naciones Unidas,

pero todos están sordos y ciegos,

a nadie le importan.

Los desesperados amenazan

hacer huelga de hambre,

con el pellejo pegado a los huesos.

Nadie tiene capacidad de conmoverse,

para todos son una peste.

Dejan a su paso basura,

sangre, desolación, enfermedad

y muerte.

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Imagen: Migrant, mother, woman, children (CC0).

Decidme…

La separación de padres  e hijos, cruel, absolutamente inhumana y despreciable que está llevando a cabo con su política migratoria el presidente de los Estados Unidos de América ¿no es una práctica absolutamente nazi?
Jaulas como perreras , “pabellones de la muerte” donde se aniquila la inocencia de los niños, se les alimenta de terror y se les marca con símbolos de abandono, soledad y llanto…
Decidme…
¿Hay algún lugar donde habiten los derechos humanos?
¿Alguien sabe para qué sirve la ONU?
¿Y la Corte Internacional de Justicia (CIJ)?
Decidme…

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Miradle…
Tiene el perfil del tirano endiosado por el dinero y el poder, del provocador innato que le gusta llegar a extremos nunca sospechados en un país que presume de ser el más democrático del mundo.
Francotirador de Twitts.
Experto jugador en desestabilizar la economía y la paz mundial.
¡Negocio!

Miradles…
Los iris de sus ojos están manchados de sangre.

Isabel F. Bernaldo de Quirós

Las jaulas de Trump

 

Un titular del periódico
ha hecho rodar mi pluma
hasta el suelo. La punta se
ha doblado. La única forma que
tenía de enderezarla ha sido con
mis dientes. La tinta me ha llegado
a las manos. No sé bien, si de la pluma
o de la escabrosa noticia con las jaulas de Trump.

Gema Albornoz

[Leer en Emociones encadenadas]

a través de Las jaulas de Trump — Emociones encadenadas

Diario de una cooperante

Campamento de refugiados de…

«Entre tanta tarea como tengo, me ha salido una nueva ocupación que me llena más que otras: colaborar con un grupo de mujeres para documentar casos de niños perdidos durante la huida de su país. El asunto surgió espontáneamente, como surge casi todo por aquí, y como es un tema que, desde que supe de él, me ha interesado y me ha tocado el corazón, no me ha costado echar una mano.

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Foto obtenida de Pixabay, con licencia Creative Commons CCO

»Y en eso llevo trabajando desde hace unas semanas, aunque sea a ratos perdidos. Ya hemos documentado al menos once casos de desapariciones de niños, aunque algunos de ellos en realidad no fueran niños perdidos, sino “regalados”; es decir, que durante las largas huidas de la zona de conflicto la situación llegaba a ser tan dramática que hubo madres que dejaron a sus hijos en las casas que encontraron por el camino, con cualquier persona, porque de seguir con ellos seguramente morirían. De hecho, según me cuenta la gente, no es raro entre los campesinos la costumbre de “regalar” niños. Por ejemplo, si una mujer tiene muchos hijos y por el motivo que sea no puede cuidarlos a todos, “regala” uno a quien pueda hacerlo mejor que ella: a su hermana, su tía o incluso a su propia madre, y a partir de ese momento el hijo es adoptado por esta madre de acogida, la llama mamá y actúa en todo momento como si de verdad lo fuera.

»Pero como digo, eso son sólo unos pocos casos. En los demás, los niños se perdieron de verdad. De todos los que hemos documentado, hay uno que me ha llamado la atención, no porque fuese más terrible que los demás, sino porque la mujer hablaba de la pérdida de su chiquitín con un desconsuelo tal, mostraba una tristeza tan desoladora, que también a mí me dieron ganas de llorar. Dijo que se le perdió cuando cruzaban la frontera, hasta donde una tropa los había estado siguiendo y hostigando. Fue de repente: se le zafó un momento mientras corrían y ya no lo vio más. Y aunque examinó uno a uno los muertos por el ataque, y lo estuvo buscando durante más de una semana, arriesgándose incluso a separarse del grupo, no logró dar con él. Dijo también que un periodista que cubría la llegada de los refugiados le sacó una foto al niño antes de que se perdiese, que tal vez él tenga alguna información… pero no sabe como contactarlo. En todo caso, le gustaría conseguir la foto para tener siquiera un recuerdo de él».

 23 de abril de cualquier año

A pesar de todo…

Sigo apostando por la belleza de corazón de la mayoría de los seres humanos, creyendo en ella, viviendo por ella, pese a que me lleguen a diario los ecos lastimosos de millones de niños que la desconocen, que sólo saben de espanto, de miseria, de supervivencia extrema, y para los cuales la vida es un nada y un todo, un soplo de sangre infecta. Se comercia con su niñez y con su exterminio porque se la considera germen de un futuro cotizable y peligroso, y quienes esto hacen, también saben que los niños supervivientes del sutil y feroz entramado del terrorismo y de las guerras, de la inhumanidad de los campos de refugiados, de las obligadas migraciones en desamparo, vivirán siempre con un llanto póstumo y la perpetua muerte de su inocencia.

A pesar de todo…

Necesito seguir pensando que el corazón de la mayoría de los seres humanos es fuente de bondad, de amor, de entrega, y que nunca sucumbirá al miedo y al potencial sentimiento de indiferencia —trágica ceguera— ante los crímenes y violaciones que se comenten contra la infancia por aquéllos que se escudan en un sinfín de pretextos, y por quienes se proclaman “caudillos” y ejecutan sentencias en nombre de patrias, banderas y religiones.

A pesar de todo…

Necesito seguir creyendo que algún día, en algún momento, todos los niños del mundo puedan sentir que la vida, su vida, es, como la belleza, un feliz anhelo.

A los niños.

A los niños que padecen un presente desolador y un futuro incierto, para que dejen de ser objetivo y fin de la más ponzoñosa violencia humana.

Con amor.      

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Mirando las joyas

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Hoy me paré a mirar un viejo escaparate

es de una joyería estable en mi camino;

y me vino a la mente algún lugar lejano

letal para ese niño obrero de la mina.

Hoy es San Valentín las joyas se cotizan

soles, lunas, y el brillo aciago que conecta

y así, cuenta me doy, que la gema es humana.

El niño que separa el oro del mercurio

el veneno que el aire expande entre las llamas

la enfermedad no cuenta, el rico compra todo.

Es San Valentín, la luna se ha escondido

y me paro a mirar la vieja joyería

veo por el espejo, el trabajo ilegal

y el mercurio de termómetro entre sus manos…

Metal hiriente, líquidos envenenados

entre la inocencia de millones de niños.

La amalgama está lista, el oro se separa

y las llamas muerden cual peligrosos monstruos

para niños de África, América latina…

“y mi papá es minero y si tenemos hambre…”

La salud se fractura y la familia sufre

mientras la joya brilla un sentimiento oculto.

 

©Julie Sopetrán