Oración en el huerto

“Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Lucas 22:42

Abrir los ojos y cerrar la boca.
Abrir los ojos para no apartar de mí
esta copa. Cerrar la boca para que se haga
mi voluntad y no la de quien olvida que la alerta de vida
es innata al ser. No viene como temporal de lluvia.
Extender las manos y apartar los pies.
Condensar el vapor con palabras que no pronunciaré
al leer un suceso. Suspender el agua de los tejados,
aquellos que no habitas porque reina la provocación.
Y si es posible, aparta de mí a quienes violan,
a quienes sorprenden el alud, a quienes matan.
Aparta de mí, a la misma muerte y a quienes viven
en la desgracia tras atravesar el Mediterráneo
en una balsa de jabón; a quienes apuñalan,
a quienes juegan con los panfletos de desaparecidos
esparcidos por el suelo. Y no atropellaré a la vida que florece
al quebrar la solidez del mismo suelo que piso. Y sus pétalos,
óyeme bien, anidarán mi ánimo. Y llenarán mi copa.

Gema Albornoz

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Ni un silencio más, ni una voz menos

Solo silencio por aquellas que mueren en mi nombre,
solo silencio por aquellas que cayeron por mi vida,
solo silencio por aquellas que no tienen nombre,
ni voz, ni vida, ni rostro, ni alas, ni sonrisa.

Silencio por aquellas condenadas a él,
silencio por sus cuerpos y por sus heridas,
silencio por las víctimas y el dolor del crimen
del estado, del patriarcado y de la complicidad
de quién no es capaz de ver.

No, no, no quiero en tu rostro más lágrimas,
ni más silencio en nuestras calles.
No, ni una gota más de silencio en los días
ni un segundo más de soledad en tu nombre.

No estás sola, hermana, somos resistencia,
somos flor, somos fuego y seremos mares.
Desbordaremos los muros que te encierran
y partiremos las cadenas y los alambres,
que con golpes han desgarrado tu alma,
roto tu mirada y derramado tu sangre.
Sé fuerte, sé firme y vuela libre, vuela,
que no es amor, eso que pretende,
sino la mayor bestialidad, la de la guerra.
¡Vuela! Que no estás sola en nuestro enjambre,
que los pararemos y picaremos, compañera.

Mujer encarcelada por sus mentiras, levántate
que no hay nada de amor en su violencia,
que nos despertaremos en tormenta
frente a sus golpes y sus grilletes,
frente a sus palabras y sus cadenas,
juntas, mano a mano, frente a frente:
¡Ni un silencio más, ni una voz menos!

Huyendo

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«Centroamérica. Niños refugiados», por Julio Alejandre

─Toda la noche fue de andar y andar, una cadena larga de gente que se movía y daba vueltas igual que las revueltas del propio camino.
─Todos en la misma cadena.
─Todos. El que tenía algo y el que no tenía nada, el que debía como el que no.
─Cabal, es que las bombas no respetaban a nadie.
─Ni tampoco los que vinieron detrás.
─Fue noche de andar huyendo.
─Huyendo por entre los cerros y las sierras, buscando las hondonadas, la oscuridad de los árboles, huyendo por las veredas y las trochas de los animales y los animales. Perseguidos, acosados, atrapados estábamos entre el yunque y el martillo.
─De miedo fue la noche.
─Miedo de que nos descubrieran y nos mataran a todos, que nos mataran como masacraron a tantos. Balaceados. Quemados.
─Botados al río.
─A más de uno lo hicieron así.
─Crucificados en los cercos.
─Peor que a Nuestro Señor
─Miedo de que nos masacraran a nosotros también.
─Y no había otro ruido que el de los pasos de tanta gente que caminaba en silencio, un silencio tan terrible, tan terrible que todavía lo tengo tallado en la memoria, amasado con miedo y polvo y pasos y con más miedo.
─Un silencio de sí o sí.
─Con la tropa por todos lados, peinando los cerros, los campos, la montaña, peinándola apretaditos, igual a los dientes de un quitaliendres.
─Un silencio de morirse.
─De no oírse ni el llanto de una criatura, porque las madres con trapos les cerraban las bocas, con trapos bien apretados aunque se ahogaran, aunque reventaran de un sofocón.
─Qué brutas que fuimos, verdad.
─Verdad, y yo la que más.
─Pero era el miedo, vos, el miedo a morirse.
─Es que era una criatura. ¿Qué debía ella?
─Ya no te atormentes más, mujer. La pobrecita se murió y se murió.

Desavenencia

 

cristovelasquez

«Cristo crucificado» (detalle), por Diego Velázquez (Museo del Prado).

¿Cómo puedo quejarme en este día
cuando hasta el sol se esconde entre las nubes
para que nada brille en campo injusto?
Muertos en los derribos de la guerra,
mujeres, hombres, niños lastimados,
llanto de la impotencia en el exilio.
Mentiras por doquier en sementeras,
la química en la piel del inocente,
la sangre río abajo ya sin límites…
Políticos limándose las uñas,
espadas encubiertas de patrañas,
poder de las palabras sin paisaje.
El poema se ha roto en las esquinas,
las letras están muertas, no se mezclan,
el esquema visual ya está cifrado
y la razón se pierde en las pantallas.
Reconstruimos las ruinas que son cárceles,
la armonía se rompe en lo mudable.
¿Dónde vamos, venimos, sin trabajo,
puede algún “móvil” darme la respuesta?
¿Cómo puedo quejarme si los niños
no saben por qué mueren entre escombros?
¡Qué inocente dolor entre metralla!
¿Cómo puedo quejarme en este día
de un pequeño dolor, de un día gris
si el tiempo aún no ha curado los agravios
al ver a Dios clavado en una cruz?

©Julie Sopetrán

24 de marzo

Les comparto este poema de Ana Conde Menazzi: 

La calle no es prisión

 ni detiene mis ojos recorriendo el plasma de tus piernas

con la voluntad absorta de mis venas

pecando sobre la perversa ambigüedad que retratan mis penas.

Hablo de antes, no de ahora, ni después.

Antes de la muerte, antes de la vida.

Está este útero vacío,

este vicio negro cruzando la autopista,

el grito del orgasmo,

el salvaje llanto de los desaparecidos el 24 de marzo.

Llora, caucásica muchedumbre.

Espina de la villa,

jodida esquina de la misma comparsita.

Mierda que duele.

Te lloro desde la angustia lisérgica misma.

Quizás encuentre la sabia cuchilla en filo

y tuerza cada maldito suicidio.

Vamos, salgamos de esta cíclope penumbra.

La luz es un vitral confuso,

el calidoscopio del vómito que recuerda mi boca

vaciada de saliva sobre tus piernas

 que yacen por fuera de mí sepulcro.

@aconme1

Coltán

Coltán, coltán, coltán

los expertos en psicología

hacen que NO pienses

                     en

      un elefante blanco

y dicen coltán, al menos,

debes repetir 3 veces un nombre

para recordarlo.

        < suena un teléfono móvil >

—¿Dónde estás?

—Estoy enterrando vivo a un niño.

COLTÁN

Réquiem por Berta Cáceres

Hoy es el aniversario de la muerte de Berta. ¡Furia, Berta, rabia contra el mundo en declive!

Arte y denuncia

Berta Caceres (Imagen: © 2016 foodfirst.org)


Berta Cáceres, activista ambiental y de derechos indígenas de Honduras, 
fue premiada con el Premio Ambiental Goldman después de que condujo una campaña pacífica para detener a uno de los constructores de represas más grandes del mundo de perseguir la construcción, lo que habría cortado a la etnia Lenca de agua, alimentos y medicinas.

En su último proyecto, ella estaba trabajando para detener otra empresa de construir una presa hidroeléctrica. Berta se había enfrentado a amenazas por su activismo ambiental. Tanto es así que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había pedido al gobierno de Honduras a que le facilitara protección.

Fue asesinada en su ciudad natal de La Esperanza, Intibucá, el 3 de marzo de 2016. Hubiese cumplido 46 años el siguiente día.

Berta Cáceres (Wikipedia)

Berta Cáceres (EL País)

originalmente publicada en: https://poemundo.wordpress.com/2016/03/21/requiem-por-berta-caceres/

I.

El aire no se vende

Ni las raíces de las primeras gentes
Que pusieron huevos de…

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