Ni un silencio más, ni una voz menos

Solo silencio por aquellas que mueren en mi nombre,
solo silencio por aquellas que cayeron por mi vida,
solo silencio por aquellas que no tienen nombre,
ni voz, ni vida, ni rostro, ni alas, ni sonrisa.

Silencio por aquellas condenadas a él,
silencio por sus cuerpos y por sus heridas,
silencio por las víctimas y el dolor del crimen
del estado, del patriarcado y de la complicidad
de quién no es capaz de ver.

No, no, no quiero en tu rostro más lágrimas,
ni más silencio en nuestras calles.
No, ni una gota más de silencio en los días
ni un segundo más de soledad en tu nombre.

No estás sola, hermana, somos resistencia,
somos flor, somos fuego y seremos mares.
Desbordaremos los muros que te encierran
y partiremos las cadenas y los alambres,
que con golpes han desgarrado tu alma,
roto tu mirada y derramado tu sangre.
Sé fuerte, sé firme y vuela libre, vuela,
que no es amor, eso que pretende,
sino la mayor bestialidad, la de la guerra.
¡Vuela! Que no estás sola en nuestro enjambre,
que los pararemos y picaremos, compañera.

Mujer encarcelada por sus mentiras, levántate
que no hay nada de amor en su violencia,
que nos despertaremos en tormenta
frente a sus golpes y sus grilletes,
frente a sus palabras y sus cadenas,
juntas, mano a mano, frente a frente:
¡Ni un silencio más, ni una voz menos!

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Huyendo

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«Centroamérica. Niños refugiados», por Julio Alejandre

─Toda la noche fue de andar y andar, una cadena larga de gente que se movía y daba vueltas igual que las revueltas del propio camino.
─Todos en la misma cadena.
─Todos. El que tenía algo y el que no tenía nada, el que debía como el que no.
─Cabal, es que las bombas no respetaban a nadie.
─Ni tampoco los que vinieron detrás.
─Fue noche de andar huyendo.
─Huyendo por entre los cerros y las sierras, buscando las hondonadas, la oscuridad de los árboles, huyendo por las veredas y las trochas de los animales y los animales. Perseguidos, acosados, atrapados estábamos entre el yunque y el martillo.
─De miedo fue la noche.
─Miedo de que nos descubrieran y nos mataran a todos, que nos mataran como masacraron a tantos. Balaceados. Quemados.
─Botados al río.
─A más de uno lo hicieron así.
─Crucificados en los cercos.
─Peor que a Nuestro Señor
─Miedo de que nos masacraran a nosotros también.
─Y no había otro ruido que el de los pasos de tanta gente que caminaba en silencio, un silencio tan terrible, tan terrible que todavía lo tengo tallado en la memoria, amasado con miedo y polvo y pasos y con más miedo.
─Un silencio de sí o sí.
─Con la tropa por todos lados, peinando los cerros, los campos, la montaña, peinándola apretaditos, igual a los dientes de un quitaliendres.
─Un silencio de morirse.
─De no oírse ni el llanto de una criatura, porque las madres con trapos les cerraban las bocas, con trapos bien apretados aunque se ahogaran, aunque reventaran de un sofocón.
─Qué brutas que fuimos, verdad.
─Verdad, y yo la que más.
─Pero era el miedo, vos, el miedo a morirse.
─Es que era una criatura. ¿Qué debía ella?
─Ya no te atormentes más, mujer. La pobrecita se murió y se murió.

Desavenencia

 

cristovelasquez

«Cristo crucificado» (detalle), por Diego Velázquez (Museo del Prado).

¿Cómo puedo quejarme en este día
cuando hasta el sol se esconde entre las nubes
para que nada brille en campo injusto?
Muertos en los derribos de la guerra,
mujeres, hombres, niños lastimados,
llanto de la impotencia en el exilio.
Mentiras por doquier en sementeras,
la química en la piel del inocente,
la sangre río abajo ya sin límites…
Políticos limándose las uñas,
espadas encubiertas de patrañas,
poder de las palabras sin paisaje.
El poema se ha roto en las esquinas,
las letras están muertas, no se mezclan,
el esquema visual ya está cifrado
y la razón se pierde en las pantallas.
Reconstruimos las ruinas que son cárceles,
la armonía se rompe en lo mudable.
¿Dónde vamos, venimos, sin trabajo,
puede algún “móvil” darme la respuesta?
¿Cómo puedo quejarme si los niños
no saben por qué mueren entre escombros?
¡Qué inocente dolor entre metralla!
¿Cómo puedo quejarme en este día
de un pequeño dolor, de un día gris
si el tiempo aún no ha curado los agravios
al ver a Dios clavado en una cruz?

©Julie Sopetrán

24 de marzo

Les comparto este poema de Ana Conde Menazzi: 

La calle no es prisión

 ni detiene mis ojos recorriendo el plasma de tus piernas

con la voluntad absorta de mis venas

pecando sobre la perversa ambigüedad que retratan mis penas.

Hablo de antes, no de ahora, ni después.

Antes de la muerte, antes de la vida.

Está este útero vacío,

este vicio negro cruzando la autopista,

el grito del orgasmo,

el salvaje llanto de los desaparecidos el 24 de marzo.

Llora, caucásica muchedumbre.

Espina de la villa,

jodida esquina de la misma comparsita.

Mierda que duele.

Te lloro desde la angustia lisérgica misma.

Quizás encuentre la sabia cuchilla en filo

y tuerza cada maldito suicidio.

Vamos, salgamos de esta cíclope penumbra.

La luz es un vitral confuso,

el calidoscopio del vómito que recuerda mi boca

vaciada de saliva sobre tus piernas

 que yacen por fuera de mí sepulcro.

@aconme1

Coltán

Coltán, coltán, coltán

los expertos en psicología

hacen que NO pienses

                     en

      un elefante blanco

y dicen coltán, al menos,

debes repetir 3 veces un nombre

para recordarlo.

        < suena un teléfono móvil >

—¿Dónde estás?

—Estoy enterrando vivo a un niño.

COLTÁN

Réquiem por Berta Cáceres

Hoy es el aniversario de la muerte de Berta. ¡Furia, Berta, rabia contra el mundo en declive!

Arte y denuncia

Berta Caceres (Imagen: © 2016 foodfirst.org)


Berta Cáceres, activista ambiental y de derechos indígenas de Honduras, 
fue premiada con el Premio Ambiental Goldman después de que condujo una campaña pacífica para detener a uno de los constructores de represas más grandes del mundo de perseguir la construcción, lo que habría cortado a la etnia Lenca de agua, alimentos y medicinas.

En su último proyecto, ella estaba trabajando para detener otra empresa de construir una presa hidroeléctrica. Berta se había enfrentado a amenazas por su activismo ambiental. Tanto es así que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había pedido al gobierno de Honduras a que le facilitara protección.

Fue asesinada en su ciudad natal de La Esperanza, Intibucá, el 3 de marzo de 2016. Hubiese cumplido 46 años el siguiente día.

Berta Cáceres (Wikipedia)

Berta Cáceres (EL País)

originalmente publicada en: https://poemundo.wordpress.com/2016/03/21/requiem-por-berta-caceres/

I.

El aire no se vende

Ni las raíces de las primeras gentes
Que pusieron huevos de…

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Réquiem por Berta Cáceres

Berta Caceres (Imagen: © 2016 foodfirst.org)


Berta Cáceres, activista ambiental y de derechos indígenas de Honduras, 
fue premiada con el Premio Ambiental Goldman después de que condujo una campaña pacífica para detener a uno de los constructores de represas más grandes del mundo de perseguir la construcción, lo que habría cortado a la etnia Lenca de agua, alimentos y medicinas.

En su último proyecto, ella estaba trabajando para detener otra empresa de construir una presa hidroeléctrica. Berta se había enfrentado a amenazas por su activismo ambiental. Tanto es así que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había pedido al gobierno de Honduras a que le facilitara protección.

Fue asesinada en su ciudad natal de La Esperanza, Intibucá, el 3 de marzo de 2016. Hubiese cumplido 46 años el siguiente día.

Berta Cáceres (Wikipedia)

Berta Cáceres (EL País)

originalmente publicada en: https://poemundo.wordpress.com/2016/03/21/requiem-por-berta-caceres/

I.

El aire no se vende

Ni las raíces de las primeras gentes
Que pusieron huevos de sangre y carne
En la espalda virgen de la gran madre

El mar no tiene precio

Ni el sanguinario abono
Que vistió los montes de verde
Y bronceó las calles del viejo mundo

II.

Berta…
A tu cama de sueños verdes
Vino una mano cobarde y sin nombre:
La muerte vestida de envidia,
señor de Xibalbá
Se robó la orquídea de la huerta en tu alma
Y cuando dormías inocente
Derramó el subversivo tecnicolor que fluía
Por tus venas henchidas

Al madrugar
El ruiseñor y el quetzal
Ya lo habían barruntado
Y entonces musitaron
Una endecha a la aurora gris
De ese día fatal

III.

Las estrellas no están en oferta

Berta de maíz
Berta de frijol
Berta de chocolate
Mazorca de tierra y carne
Te plantaste y echaste raíces
Cuyos dedos profundos escribieron
Nuevos capítulos en el Libro del Consejo
Que desafiaron pensares moribundos del mundo viejo

Berta madre
Berta hija de Flores
Berta guardián de colores
Berta víctima de rencores
Berta de las primeras gentes
Berta corazón del cielo
Berta Huracán
¡Berta Cáceres!
Yo voceo tu nombre alto y estruendoso
En los mismos rostros cobardes,
Dementes, insidiosos,
De hombres defectuosos
Como el primer deshilvanado hombre de barro
Hasta quedarme en sollozos
Por una humanidad tambaleando
Hacia el lugar de la calavera

IV.

Desde el reino crepúsculo
Debajo la huerta
Donde duermes inocente
Denuncia la voz desierta
Cual contagió la sequía en tus venas
Transmite tu clamor al Rey del Maíz
A través del musgo y el follaje
Pídele a la Serpiente Emplumada
Que arrasen con piedad los traidores del alborozo
Que castiguen con clemencia los que ensucian el aire
Que azoten con misericordia los infame envidiosos
Y asi conozcan el arma feroz de tu alma blanca

V.

Y te fuiste por el aire
Libre
Con el Rey del Maíz de la mano
Y desde el cerro todavía baja tu grito
Entre el musgo y follaje
Alumbrando la orilla del río sucio de angustia
Pintando el entorno de verde
Dando voz a tu gente
Y con tu aliento a nuestra espalda
Juntos venceremos la fusta
Juntos derrumbaremos la herrumbre
Juntos ganaremos la batalla contra la mustia

VI.

Compañera…
Anoche vinieron a comprar
El aire
El mar
El color verde
Quisieron pagarte por el viento
Por estrellas que no quisieron venderse
Vinieron a comprar tu corazón rebelde
Plantaste tu hito y no vendiste
¡No!
Y cuando cantaba el rey de la noche allá en el alto sauce
En el cúspide de la esperanza
Murió la flor del grito

Hoy ERES Berta Isabel Cáceres Flores
¡Limpia y clara!
¿Y aquellos hombres cero de barro?
¡No son nada!

No descanses en paz
Descansa en potencia
Descansa en fulgor