Nota al pie

Llueve en la habitación.

Si esto

fuera un verso

podría ser un buen verso

para empezar un poema.

Un poema de amor, desamor

de paso del tiempo o

uno de esos que

no entiendo

pero amo.

Podría ser hermoso

y alegre

y quizás alguien

en algún lugar

lo leyera

y lo hiciera suyo.

Pero no.

“Llueve en la habitación”*

no es un verso.

*La gotera ocupaba toda la sala// Sala 1 del hospital// Habían colocado unos plásticos a modo de guía para que las gotas —caprichosas— no tuvieran otro recorrido hacia suelo// que al cubo// Esperábamos nuestro turno// El mío 16 A// Y esperábamos viendo cómo se llenaba igual que una clepsidra grotesca// Llueve en la habitación// Ahora los hospitales los llaman Fundaciones y el dinero público lo gastan —gota a gota— de forma privada// Se está desbordando// Llueve en la habitación// Por desgracia, algunos pacientes no somos rentables.

En las calles oscuras

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Huele a llanto en las calles de los presentimientos
la ciudad duerme, el mal se esconde entre las sombras
la noche crea los fantasmas del miedo en las orillas
de las sucias aceras. La lluvia es ácida, contamina,
la química se extiende, las golondrinas ya no vuelven
las abejas se mueren, el campo suda pesticidas;
los sabores perecen y no se escucha la música en la cantina
los jóvenes la llevan puesta en los auriculares
y corren sin meta ni objetivo al son de no se sabe qué ritmo
todo es velocidad, urgencia, premura, displicencia.
La luz intermitente de un televisor relumbra en la ventana
abierta a los desasosiegos del programa basura.
Dos ancianos anestesian el tiempo en la mirada
la cena sin hacer, las patatas fritas tiradas por el suelo
y el manantial sin agua y los labios resecos
y la ansiedad con náuseas porque él se fue con otra
y el periódico, repleto de noticias, sobre la mesa del café
porque todo es mentira… menos los muertos o mandados matar
que aún no se sabe dónde se quedaron…
Y nos siguen matando y lo intuimos, somos la gran rebaja
el estorbo de las grandes acciones del gran poder oculto.
El aire está viciado y lo sabemos y es de noche
y las estelas de los aviones no dejan de cruzarse en el cielo
hasta destruir las verdaderas nubes aquellas que se fueron
y no vuelven ya no vuelven como antes a llover en calma…
Y aún recuerdo, cuando la agricultura era el alivio de los pobres.
Algunos políticos pisotean el hambre y la necesidad
de los más débiles… para después pedir el voto
que los mantenga en la opulencia. La sociedad está ebria
de embustes, se tambalea y aunque quiere estar viva, no puede
hacer frente al vino enmohecido por los aditivos de artificio…
No llego a fin de mes, mientras los niños me dicen que quieren ser políticos
en los paraísos fiscales. Llueve. Veo que los barcos no llegan a la costa
los emigrantes mueren en el intento. Es de noche. La justicia se esconde
los jueces se reúnen con las estrellas, tardarán en volver, todo es lento,
estoy buscando velas para escribir mis versos. Y me acosan
los toques del WhatsApp, son los mensajes tontos que intentan distraerme
de lo que ¿está pasando sin pasar?  Sé que algo se descompone en la mirada,
en el oído, en el tacto, huele a llanto, me sabe amargo el aire,
y he de matar las voces de los presentimientos.

©Julie Sopetrán

Tiranos y víctimas

Tiranos,
fanáticos de toda índole.
Indeseable plaga devastadora
que lo ha sido y es.
Espejos sagrados para demasiados.
Deidades ungidas por la espada del terror.
Autócratas inquisitivos
que arrastran a sus pueblos
hacia oscuros callejones de miseria y crueldad.

Víctimas,
seres inocentes ahogados en la sima del espanto.
Rostros consumidos en la desesperanza.
Presas fáciles de carroñeros y depredadores.
Vidas degradadas que perviven en la sombra
y en silencios que hielan la sangre.

                 Isabel F. Bernaldo de Quirós

(De mi libro “Luz velada”, Ed. Vitruvio, Baños del Carmen).

Ambrogio Lorenzetti - Allegoria del Cattivo Governo 1338

Alegoría del mal gobierno de Ambrogio Lorenzetti (1338). El tirano, en el centro y con aspecto demoníaco, representa el poder absoluto. Le rodean la Avaricia, la Soberbia y la Vanagloria. A su derecha se encuentran la Crueldad, la Traición y el Fraude, y a su izquierda, el Furor, la Envidia y un “diablillo”. Bajo el trono, la Justicia (de blanco), maniatada, aparece abatida por impotencia.

Desavenencia

 

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«Cristo crucificado» (detalle), por Diego Velázquez (Museo del Prado).

¿Cómo puedo quejarme en este día
cuando hasta el sol se esconde entre las nubes
para que nada brille en campo injusto?
Muertos en los derribos de la guerra,
mujeres, hombres, niños lastimados,
llanto de la impotencia en el exilio.
Mentiras por doquier en sementeras,
la química en la piel del inocente,
la sangre río abajo ya sin límites…
Políticos limándose las uñas,
espadas encubiertas de patrañas,
poder de las palabras sin paisaje.
El poema se ha roto en las esquinas,
las letras están muertas, no se mezclan,
el esquema visual ya está cifrado
y la razón se pierde en las pantallas.
Reconstruimos las ruinas que son cárceles,
la armonía se rompe en lo mudable.
¿Dónde vamos, venimos, sin trabajo,
puede algún “móvil” darme la respuesta?
¿Cómo puedo quejarme si los niños
no saben por qué mueren entre escombros?
¡Qué inocente dolor entre metralla!
¿Cómo puedo quejarme en este día
de un pequeño dolor, de un día gris
si el tiempo aún no ha curado los agravios
al ver a Dios clavado en una cruz?

©Julie Sopetrán

La vida buena

No paramos de hablar de la vida humana y de su duración. Lo normal es que tenga un comienzo, y un final que viene dado por su extinción y regreso a la naturaleza de la que procede, culminando así el ciclo natural. Pero a ese ciclo también está sometido el resto de los seres vivos. Lo que nos caracteriza como humanos no es la capacidad de alimentarnos, reproducirnos o cobijarnos, tampoco la de asociarnos o comunicarnos, sino la de hacerlo con la palabra, con un lenguaje articulado, la de fabricar utensilios y cosas innecesarias, o crear elementos cuya única finalidad son ellos mismos y nuestro deleite, disfrute o entretenimiento; pero sobre todo, lo que nos caracteriza como humanos es el hecho de aspirar a la libertad y a una vida buena y activa.

Cuando faltan la libertad y la vida buena, al menos como posibilidad, se menoscaba nuestra condición y llegamos a convencernos de que así no merece la pena vivir, de modo que llegamos a la rebelión para conseguir la libertad y a usar esa libertad para poner fin a la vida cuando ésta se hace insoportable y no hay remedio que la pueda curar.

En eso o en algo parecido pensaría José Antonio Arrabal, aquejado de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), cuando decidió poner fin a su vida el pasado domingo en su casa de Alcobendas (Madrid). Dijo: “Me indigna tener que morir en clandestinidad”, y eso es lo que ocurre cuando los poderes no se hacen cargo de regular por ley el derecho a la eutanasia y a la muerte digna, porque la vida, si no es buena, en el sentido digno y clásico, no es vida.

Sobre José Antonio Arrabal, ver «Me indigna tener que morir en clandestinidad», El País, 6 de abril de 2017.

SPQR

Originalmente publicado en: https://poemundo.wordpress.com/2016/02/20/spqr/

Y ascendió Saturno y devoró a sus hijos…

¡Ciudadanos!

Voces frías
Voces de mármol
Voces duras y blancas
Revolotearon entre filigrana y capitel
Ecos de Palabras
Civilitas
Res Publica
Clementia
Libertas
Dignitas
Virtus
Palabras, Palabras
Palabras en la garganta de la Gorgona
Cuervos de humo
Cuerpos sin zumo
Estatuas sin corazones
Alzaron un muro
De verbos vacíos
A un lado bocas hediondas de oraciones
Al otro bocas hambrientas de acciones

En la pubertad de la civilización…

¡Romanos!

Cariátides desmoronadas
Bajo la carga de mármol limpio y blanco
El sucio y osado corazón de Roma fulmina
“¡¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?!”

Miel de avispa en el foro
Y en el tribunal, calumnias
Graznadas de picos córvidos
Cuyas alas echaron sombra
Sobre la plebedumbre y el coro

Hiel en las tripas del ave
Y en el viento el agravio
Fiel a los labios sátiros
Y a la piel del minotauro

La turba es Roma…

¡Ave!

Varones ilustres
Se armaron en el campo de marte
Donde celebraron un triunfo
Que les hizo olvidar que solo eran hombres

Ave el imperio sin límite
Ave el hombre nuevo
Ave el destino manifiesto
Ave el espanto del pueblo
Ave el ave negro
Ave el graznar siniestro
Ave el esclavo y suplicio
Ave el desenfrenado atrevimiento
Ave el césar perverso

¡Respira el polvo de Catargo!

El ascenso del hombre
Fue una fiesta lupercal
Amamantados por la loba
Buscamos la república ideal
Y desde el potencial de Roma
Hasta el derramar en el Sena
El descenso fue brutal
Y la sociedad platónica
Se convirtió en columnas de sal
Y ni los senos de la loba
Nos podrán rescatar

Boca de la verdad

Imagen extraída de internet. Licencia: CC0 Public Domain

Imagen extraída de internet. Licencia: CC0 Public Domain

Informan de un nuevo caso
de mentiras.
Son unos pocos.

Hechos irreprensibles
dejan una nota al dorso.
Comienza el trámite
de investigaciones preliminares.

En calidad del sector defensor
solo puedo trocear los sucesos
y despedazar la opinión.
Calla tú que hablo yo.

Lo que dices lo capturo.
Si quiero y me interesa.
Lo que digo no lo asumes.
Tienes las orejas, y boca, llenas.

Criticar mi crítica
será fácil de criticar.
Una crítica con otra se va.

Gema Albornoz

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