Tiranos y víctimas

Tiranos y víctimas

Tiranos,
fanáticos de toda índole.
Indeseable plaga devastadora
que lo ha sido y es.
Espejos sagrados para demasiados.
Deidades ungidas por la espada del terror.
Autócratas inquisitivos
que arrastran a sus pueblos
hacia oscuros callejones de miseria y crueldad.

Víctimas,
seres inocentes ahogados en la sima del espanto.
Rostros consumidos en la desesperanza.
Presas fáciles de carroñeros y depredadores.
Vidas degradadas que perviven en la sombra
y en silencios que hielan la sangre.

                 Isabel F. Bernaldo de Quirós

(De mi libro “Luz velada”, Ed. Vitruvio (Baños del Carmen)

Ambrogio Lorenzetti - Allegoria del Cattivo Governo 1338

“Alegoría del mal gobierno” (1338) de Ambrogio Lorenzetti. El tirano, en el centro y  con aspecto demoníaco, representa el poder absoluto. Le rodean la Avaricia, La Soberbia y la Vanagloria. A su derecha se encuentran la crueldad, la Traición y el Fraude, y a su izquierda, el Furor, la Envidia y un “diablillo”.  Bajo el trono, La Justicia (de blanco), maniatada aparece abatida por impotencia .

Desavenencia

 

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«Cristo crucificado» (detalle), por Diego Velázquez (Museo del Prado).

¿Cómo puedo quejarme en este día
cuando hasta el sol se esconde entre las nubes
para que nada brille en campo injusto?
Muertos en los derribos de la guerra,
mujeres, hombres, niños lastimados,
llanto de la impotencia en el exilio.
Mentiras por doquier en sementeras,
la química en la piel del inocente,
la sangre río abajo ya sin límites…
Políticos limándose las uñas,
espadas encubiertas de patrañas,
poder de las palabras sin paisaje.
El poema se ha roto en las esquinas,
las letras están muertas, no se mezclan,
el esquema visual ya está cifrado
y la razón se pierde en las pantallas.
Reconstruimos las ruinas que son cárceles,
la armonía se rompe en lo mudable.
¿Dónde vamos, venimos, sin trabajo,
puede algún “móvil” darme la respuesta?
¿Cómo puedo quejarme si los niños
no saben por qué mueren entre escombros?
¡Qué inocente dolor entre metralla!
¿Cómo puedo quejarme en este día
de un pequeño dolor, de un día gris
si el tiempo aún no ha curado los agravios
al ver a Dios clavado en una cruz?

©Julie Sopetrán

La vida buena

No paramos de hablar de la vida humana y de su duración. Lo normal es que tenga un comienzo, y un final que viene dado por su extinción y regreso a la naturaleza de la que procede, culminando así el ciclo natural. Pero a ese ciclo también está sometido el resto de los seres vivos. Lo que nos caracteriza como humanos no es la capacidad de alimentarnos, reproducirnos o cobijarnos, tampoco la de asociarnos o comunicarnos, sino la de hacerlo con la palabra, con un lenguaje articulado, la de fabricar utensilios y cosas innecesarias, o crear elementos cuya única finalidad son ellos mismos y nuestro deleite, disfrute o entretenimiento; pero sobre todo, lo que nos caracteriza como humanos es el hecho de aspirar a la libertad y a una vida buena y activa.

Cuando faltan la libertad y la vida buena, al menos como posibilidad, se menoscaba nuestra condición y llegamos a convencernos de que así no merece la pena vivir, de modo que llegamos a la rebelión para conseguir la libertad y a usar esa libertad para poner fin a la vida cuando ésta se hace insoportable y no hay remedio que la pueda curar.

En eso o en algo parecido pensaría José Antonio Arrabal, aquejado de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), cuando decidió poner fin a su vida el pasado domingo en su casa de Alcobendas (Madrid). Dijo: “Me indigna tener que morir en clandestinidad”, y eso es lo que ocurre cuando los poderes no se hacen cargo de regular por ley el derecho a la eutanasia y a la muerte digna, porque la vida, si no es buena, en el sentido digno y clásico, no es vida.

Sobre José Antonio Arrabal, ver «Me indigna tener que morir en clandestinidad», El País, 6 de abril de 2017.

Cada 3 segundos

Frank HOll

«Faces in the Fire», 1867, por Frank Holl (Ashmolean Museum).

Si de entrada te quedas callado,
o lo que es peor,
si nada haces
y además pregonas
que nada se puede hacer por ellos.
Si no participas con tu grano de arena
en llenar el cubo del niño que te lo ofrece,
clama y reclama,
para mejorar su vida o salvarla…
Ten en cuenta entonces,
que cada 3 segundos se muere uno de ellos,
que cada 3 segundos, quizá,
podrías haber contribuido a evitarlo.

Isabel F. Bernaldo de Quirós
apalabrandolosdias.wordpress.com

Poema de mi libro “Al son de las mareas”, Ediciones Vitruvio (2014)

Convulsión

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«Convulsion of nature», por Kazuki Takahashi

 

La Tierra está llorando y lamentándose.

Los humanos, sus hijos más capaces,

comen todos los días de sus frutos,

pero no la oyen.

 

¿Tiene alguien conciencia del día exacto

en que la humanidad le dio la espalda a su madre?

 

La madre Tierra convulsiona.

Lo que vemos son síntomas, no castigos.

¿Volverá el hijo arrepentido

a hacerse cargo de su madre enferma?

24 de marzo

Les comparto este poema de Ana Conde Menazzi: 

La calle no es prisión

 ni detiene mis ojos recorriendo el plasma de tus piernas

con la voluntad absorta de mis venas

pecando sobre la perversa ambigüedad que retratan mis penas.

Hablo de antes, no de ahora, ni después.

Antes de la muerte, antes de la vida.

Está este útero vacío,

este vicio negro cruzando la autopista,

el grito del orgasmo,

el salvaje llanto de los desaparecidos el 24 de marzo.

Llora, caucásica muchedumbre.

Espina de la villa,

jodida esquina de la misma comparsita.

Mierda que duele.

Te lloro desde la angustia lisérgica misma.

Quizás encuentre la sabia cuchilla en filo

y tuerza cada maldito suicidio.

Vamos, salgamos de esta cíclope penumbra.

La luz es un vitral confuso,

el calidoscopio del vómito que recuerda mi boca

vaciada de saliva sobre tus piernas

 que yacen por fuera de mí sepulcro.

@aconme1

Tristeza

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Lágrimas llueven
por las calles vacías
donde el silencio grita.
Todas las muertes
son la noche en el puente
por donde cruza el miedo.

©Julie Sopetrán