24 de marzo

Les comparto este poema de Ana Conde Menazzi: 

La calle no es prisión

 ni detiene mis ojos recorriendo el plasma de tus piernas

con la voluntad absorta de mis venas

pecando sobre la perversa ambigüedad que retratan mis penas.

Hablo de antes, no de ahora, ni después.

Antes de la muerte, antes de la vida.

Está este útero vacío,

este vicio negro cruzando la autopista,

el grito del orgasmo,

el salvaje llanto de los desaparecidos el 24 de marzo.

Llora, caucásica muchedumbre.

Espina de la villa,

jodida esquina de la misma comparsita.

Mierda que duele.

Te lloro desde la angustia lisérgica misma.

Quizás encuentre la sabía cuchilla en filo

y tuerza cada maldito suicidio.

Vamos, salgamos de esta ciclope penumbra.

La luz es un vitral confuso,

el calidoscopio del vómito que recuerda mi boca

vaciada de saliva sobre tus piernas

 que yacen por fuera de mí sepulcro.

@aconme1

TRISTEZA

f70d161e4885a2e08d7a6597792c81c5

TRISTEZA

Lágrimas llueven
por las calles vacías
donde el silencio grita.
Todas las muertes
son la noche en el puente
por donde cruza el miedo.

©Julie Sopetrán

Coltán

Coltán, coltán, coltán

los expertos en psicología

hacen que NO pienses

                     en

      un elefante blanco

y dicen coltán, al menos,

debes repetir 3 veces un nombre

para recordarlo.

        < suena un teléfono móvil >

—¿Dónde estás?

—Estoy enterrando vivo a un niño.

COLTÁN

Tráfico humano

atrafico

Una mujer se aborrece a sí misma. Tomó la decisión más horrible que una madre puede tomar. La vida de un hijo sobre la otra. Miró a los dos y sacrificó a la hija. A su niña hermosa de dos años. Perdió de cualquier modo, porque le quitaron al varón y nunca lo volvió a ver. Ni siquiera sabía si vivían. Llorando sobre una cama su desventura, se preguntaba por qué el varón y no la niña. No había justificación a su acto.

####

 —Amina, ven —escuchó la voz de su madre como en un sueño.

—Voy, mami —contestó.

Caminó dando pasos pequeños, con los brazos abiertos para hacer balance. Entró a una habitación donde una mujer estaba acostada en la cama, a medio vestir. Un hombre la acariciaba y la pequeña Amina intentó regresarse, pero el hombre se levantó rápidamente de la cama y la cargó.

—Es hermosa tu hija —dijo él.

—¿Por cuánto la quieres?

—Podemos llegar a un precio razonable.

Ella —su madre— le habló al hombre en el oído, él aceptó y ambos rieron.

—Eso será suficiente —concluyó ella.

Amina vio a su madre recoger su ropa —que no era mucha—, entregarla al extraño quien la puso en su camioneta. Luego tomó a la niña en los brazos y la subió en el asiento de atrás, cerrando la puerta. El hombre encendió el vehículo y la pequeña vio a la mujer parada en la orilla de la carretera, haciéndose cada vez más diminuta.

Llevaron a la niña a un lugar donde había muchas otras, todas de menos de cinco años. Las desnudaron y un hombre comenzó a fotografiarlas. Las ponían juntas y separadas, en diferentes poses, algunas no apropiadas para la edad. Amina era especialmente hermosa. De cabellera negra rizada, piel tostada y ojos inmensos color verde oliva, era la más llamativa del grupo. Seguramente habría un postor muy pronto, comentaban los lascivos que estaban allí.

Llegaron unos papeles solicitando una adopción. Una mujer de ojos muy dulces entró en la habitación en la que estaba Amina sola. Ella se acercó suavemente y le habló en otro idioma. La niña no conocía su lenguaje, pero sí el de las caricias buenas. Se hizo el trámite y ella fue separada de las otras muchachitas para partir con un padre y una madre nueva a un destino desconocido.

Amina viajó por primera vez en avión. La llevaron a otro lugar en el que le enseñaron una habitación —su propio cuarto—, adornado de personajes de cuentos, una cama de princesa y un armario lleno de ropas bonitas. La niña sonrió olvidándose —aparentemente— de su pasado con la mujer que era su madre. Esta otra era amorosa, tierna, la atendía, la alimentaba, compraba cosas lindas y la llevaba a la escuela. El nuevo padre viajaba mucho, pero cuando llegaba no dormía con su esposa. Entraba al cuarto de la pequeña y debajo de las sábanas la manoseaba. Y ella no se atrevía a decirlo a nadie.

A los doce años salió embarazada. La madre le preguntó de mil maneras quién era el padre de la criatura. Nunca dijo. No quería lastimar a esa mujer que le había dado tanto, mucho más que la que la vendió. Amina se había dado cuenta de que quién la había criado no tenía idea de los «viajecitos nocturnos» que daba su esposo a la recámara para violarla. Lo que el hombre no calculó bien fueron los días de su fertilidad.

Amina parió un niño hermosísimo como ella. La casa era lo suficientemente grande como para que la criatura se quedara. Así lo decidieron todos. La madre dejó de preguntar por el padre y alegre de ser abuela se dedicó a su cuidado mientras su hija regresaba a la escuela. Pero las violaciones no pararon ahí. El hombre se sentía dueño de las dos. De su mujer y de la hija. Poco le importaba el niño, nunca estaba en casa. Cada vez que volvía la jovencita seguía siendo objeto de la lujuria del infeliz. Hasta que volvió a embarazarse.

Esta vez las cosas no fueron iguales. La madre de Amina sabía que ella no tenía novio ni ningún amigo especial. Se había fijado muy bien. La llevaba a la universidad y allí mismo la recogía. Esta niña adoptada ya no era la pequeña dulce y amorosa que la seguía a todas partes. De hecho, desde que nació el niño ya no era la misma.

La mujer comenzó a hacer sus averiguaciones porque las sospechas la estaban consumiendo. Cuando su esposo llegó del último viaje no tomó sus pastillas para dormir y esperó simulando estar dormida. Unos minutos más tarde el hombre se levantó muy despacio para que ella no lo sintiera. Caminó sigiloso por las escaleras hasta el primer nivel de la casa en donde se encontraba la habitación de Amina y su hijo. Entró y puso su mano en la boca de la muchacha para que no hablara. Abrió el botón de su pijama y sin siquiera bajarla se subió sobre ella que en silencio recibía las sucias estocadas de su «padre adoptivo» sin protestar. Sus lágrimas mojaban sus orejas y la almohada. Nada podía hacer.

Se encendió la luz. Su madre, la única que la había amado y aceptado, vio a su marido sobre Amina. Él se levantó, se cerró el botón del pantalón y salió del cuarto sin dar una explicación. La niña que «había recogido» era una traidora, después de tanto amor y cuidados que le había dado, no solo a ella, sino también a su bastardo. Ni quiso preguntar si el niño era de su marido. Tampoco quiso saber si el embarazo era también de él. Salió de la habitación sin decir una palabra, pero antes miró —hasta ahora su hija— con odio.

####

—No puedes quedarte con tus hijos —condenó la mujer.

—Pero, mamá, ¿cómo me haces algo así? —preguntó Amina, que vivía en un cuartito desde que la echaron de la gran casa de su niñez cuando todavía estaba embarazada.

—Desde que decidiste acostarte con mi marido no eres mi hija. ¿No has entendido? ¿Te di mi hogar, te cuidé y así me pagaste?

—Por favor, escúchame. Puedo explicarte…

—¡No quiero saber nada, desagradecida! Vives en este cuchitril. No puedes alimentar a esos niños. Mi esposo se llevará a uno de ellos. ¡Escoge!

—¿Él? ¿Cómo puedo escoger? Los dos son carne de mi carne, sangre de mi sangre…

—Sí, pero también son sus hijos. Deja el dramatismo. ¡Escoge!

Amina miró a sus hijos con dolor. El varón ya entendía todo lo que pasaba y la miraba con ojos temerosos. Su amada niña, nada sabía todavía. No tendría recuerdos. Como si le desgarraran el alma, extendió los brazos y depositó a su hija en las manos de la mujer que una vez amó tanto como a una madre. Luego entró otro hombre, agarró al niño y se lo llevó arrastras. Ella trató de evitarlo, pero le dieron un golpe que la dejó tirada en el suelo. Solo escuchaba los gritos de sus hijos alejándose.

####

Amina sigue sin entender su decisión. Debió protegerlos a ambos. Dejarse matar por ellos, el resultado habría sido el mismo. Se los habrían robado. Pero no sentiría este peso, el de haber decidido entre uno y la otra. «¿A dónde irán mis hijos? Les tomarán fotos y los venderán como me vendieron a mí», sollozó.

Imagen: https://pixabay.com/en/feet-children-s-feet-baby-barefoot-619399/

Copyrighted.com Registered & Protected<br /> RJCM-N8OF-CU6G-OE1O

Hace ciento ocho meses atrás

Hay pérdidas
que cambian el curso de los días

a través de Hace ciento ocho meses atrás — Emociones encadenadas

Una pétrea figura
fue testigo
hace ciento ocho meses atrás.
Los tejados quedaron mudos
—durante ciento ocho segundos.

Ninguno viró su veleta en su dirección.
Las antenas medían entonces,
la velocidad del viento,
en su lugar.
Una electricidad lúgubre inundó
el ambiente.
Los gorriones
dieron ciento ocho vueltas
con ciento ocho aleteos,
premonizando en sus alas
—y pinzando con sus plumas—
cada sensación voluble en el aire.

Los muros enseñaron cicatrices
y desconchones en sus fachadas
—aún sin revestir de blanco.
Caían ciento ocho costras
llorando el momento, por el que el suelo
se llenó de ríos de sangre incolora
—porque nadie había pinchado
su superficie para verla sangrar.

Los árboles tiraron el ropaje ramado
que vestían mientras hacían un camino
señalando una emigración sin residencia,
silenciosa y sin causa,
ni necesidad.

Ciento ocho entradas al instante congelado
donde todo se repite.

Sin salida
sin entrada,
sin camino,
sin una visita
a ese mosaico sepulcral
—faltante aún,
ahora —
teniendo en mi pecho,
tu vida
y en mis manos,
un ramo de crisantemos.

Gema Albornoz

Copyrighted.com Registered & Protected JIMJ-UCC6-2SIA-KSPW

Réquiem por Berta Cáceres

Hoy es el aniversario de la muerte de Berta. ¡Furia, Berta, rabia contra el mundo en declive!

Arte y denuncia

Berta Caceres (Imagen: © 2016 foodfirst.org)


Berta Cáceres, activista ambiental y de derechos indígenas de Honduras, 
fue premiada con el Premio Ambiental Goldman después de que condujo una campaña pacífica para detener a uno de los constructores de represas más grandes del mundo de perseguir la construcción, lo que habría cortado a la etnia Lenca de agua, alimentos y medicinas.

En su último proyecto, ella estaba trabajando para detener otra empresa de construir una presa hidroeléctrica. Berta se había enfrentado a amenazas por su activismo ambiental. Tanto es así que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había pedido al gobierno de Honduras a que le facilitara protección.

Fue asesinada en su ciudad natal de La Esperanza, Intibucá, el 3 de marzo de 2016. Hubiese cumplido 46 años el siguiente día.

Berta Cáceres (Wikipedia)

Berta Cáceres (EL País)

originalmente publicada en: https://poemundo.wordpress.com/2016/03/21/requiem-por-berta-caceres/

I.

El aire no se vende

Ni las raíces de las primeras gentes
Que pusieron huevos de…

Ver la entrada original 446 palabras más

Barreras

nube

La valla es como el muro
cristal y acero,
el aire es transparente
y adobe el miedo.
¡Quiero ser ave
para cruzar fronteras
mañana y tarde!

A un lado escribo versos
pluma y lucero,
al otro lado cantan
la mar y el cielo.
¡Quiero ser pez
para cruzar los bordes
sin tener sed!

Entre el calor y el frío
la verja es tiempo,
el amor se derrite
y el odio es fuego.
¡Quien fuera nube
y llover, llover versos
sobre las urbes!

©Julie Sopetrán