Todas las pérdidas (#JusticiaParaClaudiaMatilde)

Todas las pérdidas
se vuelven una,
se aglutinan
en un llanto,
en una furia,
en un dolor.

Y el grito
por las que no están
es suprema indignación.

Todas las pérdidas
se vuelven una,
se materializan
en un rostro,
en un nombre,
en una petición.

Y la exigencia
por quien ya no está
se vuelve una demanda
inmediata,
superlativa,
en una obligación:

tráiganlo aquí.


Claudia Matilda Farrera Esponda falleció el 18 de diciembre de 2020, en Jiquipilas Chiapas, México, víctima de feminicidio. Su esposo y presunto asesino, Jesús Humberto N, escapó y se busca para ser llevado ante la justicia.

Pueden mostrar su apoyo en la página facebook.com/justiciaparaclaudiamatilde desde su lugar de residencia, tomando una foto con el hashtag #justiciaparaClaudiaMatilde:

Rodillas (Knees)

RODILLAS

Pese a las súplicas,
pese al terror,
hay manos
[rodillas]
que matan
por un sentimiento malsano
de superioridad,
por prejuicio racial.

Hay injustificadas
medidas,
brutales palizas
que acaban con vidas
sin razon, sin más.

La fuerza
excesiva,
la brutalidad
desmedida,
la tortura
policial
deben ser
castigadas,
si no aquí,
allá.

KNEES

Despite the pleads,
despite the terror,
there are hands
[or knees]
that take lifes
over a sick feeling
of racial hatred
or supremacy.

The excessive force,
the police brutality
should be punished
if not by our laws,
in the afterlife.

Poemas inspirados por la muerte de George Floyd, en Estados Unidos, y por los asesinatos de Giovanni López y el joven Alexander, en México, a manos de fuerzas policiales.

https://www.infobae.com/america/mexico/2020/06/06/quien-es-giovanni-lopez-el-albanil-que-tiene-de-cabeza-al-sistema/

Alexander, el adolescente que soñaba con ser futbolista profesional, y que policías mataron “por accidente”

#UnDíaSinNosotras

En México, el próximo lunes 9 de marzo, las mujeres han convocado a un paro nacional en protesta por los feminicidios y la violencia contra la mujer en el país.

La indignación se apoderó de la sociedad tras dos recientes asesinatos, de una mujer y una niña, que el New York Times explica de la siguiente manera:

«La mujer, Íngrid Escamilla, de 25 años, fue apuñalada, desollada y desentrañada, y la niña, Fátima Cecilia Aldrighett, de 7 años, fue secuestrada después de salir de la escuela, su cuerpo fue encontrado posteriormente en una bolsa de plástico».

Les comparto esa cruda descripción y los invito a leer el siguiente artículo del mismo diario para mostrar cómo un medio internacional ve y explica la situación de violencia contra la mujer en México y el próximo paro nacional: Un día sin mujeres en México como señal de protesta (https://www.nytimes.com/es/2020/02/27/espanol/america-latina/un-dia-sin-nosotras-mexico.html).

¿Qué significa el paro nacional?

Ninguna mujer en oficinas ni escuelas. Ninguna mujer en restaurantes y en tiendas. Ni en el transporte público, en los automóviles ni en las calles. Ni tampoco en las redes sociales. Un México sin mujeres, por un día.

La idea es hacer patente nuestra ausencia si nos mataran o desaparecieran a todas. Un día sin mujeres, viralizado con el hasthag #UnDíaSinMujeres, busca mostrar esta realidad.

Como editora de los blogs colectivos Arte y denuncia y Salto al reverso, no publicaré nada ese día y me ausentaré de mis labores administrativas de ambos sitios y de las redes sociales en general. Invito a las autoras de ambos blogs a solidarizarse y no publicar nada el 9 de marzo. Los hombres deberían seguir publicando en los blogs y haciendo sus labores cotidianas para hacer más visible nuestra ausencia.

Como en todos los aspectos de la vida, yo tengo la creencia de que, desde nuestras trincheras y con una convicción apasionada, podemos luchar por el cambio y nuestra voz será escuchada.

Desaparezcamos a manera de protesta este 9 de marzo para hacer visible el daño despiadado que el asesinato y la violencia infligen a las mujeres de México y de todos los países.

La insoportable brevedad del ser mujer*

Por: Mayté Guzmán Mariscal

No se nombra lo que no se conoce. La maldad con la que se aniquila la vida de menores y mujeres, en particular, no tiene nombre. Algo debe estar podrido en quien no tiene escrúpulos para infligir semejante daño a una criatura inocente. No es humano quien detona un arma a sangre fría, quien viola, quien tortura, quien mutila, quien apuñala sin que le tiemble la mano. Y ni hablar de las cifras, que desafortunadamente resultan ser un indicador que la realidad siempre supera: mayor número de desapariciones, feminicidios, infanticidios, secuestros, asesinatos. Sé que tengo que escribir algo, no sé exactamente qué ni con qué fin. Quien lea estas líneas solo podrá sentir la rabia, la impotencia y la tremenda conmoción que intento expresar.

Los titulares se han llenado con las opiniones de los expertos en culpar, revictimizar, criticar, desinformar. Sobra decir que los medios de comunicación tienen todo que ver en este declive social. Lo cierto es que todo falló en el cruel asesinato de la pequeña Fátima, y en el de Ingrid, y en el de la bebé Karen, y… Pero es que hace años que todo falla.

Es imposible que esta cadena de feminicidios se cometa a manos de dos personas solamente. Yo no me lo creo, y esa justicia a medias no debería calmar nuestras conciencias. Detrás de estos incesantes crímenes hay una inmensa cantidad de cómplices, muchos de ellos de cuello blanco, a quienes el peso de la ley jamás ha incomodado. Y qué hay que hacer, cómo debemos actuar, a quién podemos recurrir, cuánto más tendremos que soportar.

Reconozco, ahora que soy madre, que el día en que me anunciaron el sexo de mi bebé inconscientemente sentí alivio de que no fuese niña. Tengo claro que nacer y ser mujer no es un castigo. Y sé que si hubiese parido una niña la amaría igual, aunque no hubiese podido evitar esa terrible sensación de temor por haber traído al mundo un ser más vulnerable que la otra mitad restante. Porque si somos vulnerables como mujeres evidentemente es una cuestión más allá de nuestro deseo. Es porque el capitalismo y patriarcado se ha cebado con nosotras, por el simple hecho de ser dadoras de vida. Es su venganza, es la sinrazón. Al menos eso parece.

Nadie puede llegar a entender el dolor que sienten las madres a quienes les han arrebatado a sus hijas, ni el daño irreparable que una pérdida en esas circunstancias ocasiona. Por ellas y por todas nosotras, debemos frenar esta violencia. Debemos recuperar el espacio público, un espacio que también es nuestro, llenar las calles, cuidarnos entre nosotras, y nunca más vivir con miedo.

En estos días leí un post con una idea muy cierta: las mujeres vivimos pretendiendo que no se nos noten las arrugas, las estrías, las lonjas, etcétera. La lógica del “que no se nos note” llegó al tal grado, que tampoco se notaba cuando nos agredían, nos violaban, nos desaparecían o nos mataban. Pero una situación así es insostenible en el tiempo. Teníamos que decir «¡basta!». Y lo hicimos, sin embargo, no ha sido suficiente.

Sí, México es un país feminicida, asquerosamente machista y misógino. Que todo el mundo lo sepa. ¿Y después qué?

Como sugerí en un artículo anterior, nunca deberíamos responder que nos provoca miedo nuestra condición de género, mucho menos avergonzarnos ni despreciarnos por ser mujeres. La voz y la palabra son armas de construcción masiva. Alcemos entonces nuestras voces, nuestros gritos cargados de futuro. Digamos «¡BASTA!».

*A la memoria de todas y cada una de las niñas, adolescentes y mujeres que han sido asesinadas en México.

A la columna minera

Escuchasteis la voz de la llamada
y a ella acudisteis sin pensarlo
en aquella premonitoria madrugada
en la que la noche ya clavaba sus garras.

La tierra ha llorado vuestros pasos
llevándose el secreto de vuestros ojos
almas de las flores y de los ocasos
que ahora reinan en mi recuerdo marchito.

Cada uno de los testigos del cielo
porta vuestro nombre imborrable
y cada noche delante de los sueños
aparecen fugaces e inmortales.
Pero no hay ojos con miradas
capaces de ver vuestra estela
y el olvido, de metal y escarcha,
los desgarra cada noche,
cada maldita noche sin vuestras almas
y los deshace con sus falsas promesas
y sus luchas de papel y de baladas.

Pero yo sigo escuchando llorar la tierra
y las flores del campo se vuelven rojas
como vuestro alto corazón sobre las sierras
cruzando desde la mina hasta los llanos
en nombre de la libertad y contra la guerra,
fue la primera voz del alba de los pueblos.
Y siento el dolor de las balas traidoras
cruzando el cielo hasta vuestros pechos,
cuerpos caídos y mutilados en las horas
del clamor del sol y de la noche sin luna.
Donde todo fue esperanza, lloran
los ancianos, los niños y los héroes.
Aún se estremece la calle recorrida
por la noticia de vuestra derrota:
huellas de sangre, llanto y vigilia
caminan por todas sus arrugas,
pero el olvido y el silencio gritan
y ocultan el dolor insoportable
de vuestra segunda muerte tras la vida.

Cada uno de los ríos del corazón minero
se han teñido del color de vuestra sangre,
la que pusisteis frente a los cuervos
y frente a las llamas de la barbarie.
No habrá nuevos obreros ni esperanzas
que no porten cada uno de vuestros nombres
sobre sus frentes y en el centro de sus alas,
mineros y héroes de la patria del pueblo
la de vuestra alta estrella escarlata
dibujada en el centro de su pecho.

El mar ha llorado vuestros pasos,
allí donde partía el mineral usurpado para siempre
de vuestros cuerpos y sudores vallados,
donde el dolor se desvanece en el horizonte.

No hubo despedidas, ni más estrellas
dibujadas sobre el cielo
porque todas las luces bellas
quedaron refugiadas y defendidas
en el valor de vuestros ojos y en sus cuencas.
Ni el metal ni el infierno sobre el río
detuvo vuestros corazones de justicia
ni la muerte lo logrará jamás.

No volverá a haber música en esta tierra
hasta que el negro mar del olvido
devuelva la voz a vuestra garganta fiera,
alta, resonante, cargada de futuro.
Vosotros que empuñasteis la mina misma
para defender la libertad y la justicia
cuando se os fue pedida hasta la vida,
no podréis morir.

Y volveréis a caminar sobre esta tierra,
porque os debemos nuestros labios,
y volveréis victoriosos frente a las arenas,
porque os debemos la voz de nuestras gargantas,
y volveréis empuñando la misma bandera
porque os debemos la poesía y la esperanza,
y volveréis libres sobre esta tierra
porque viviréis para siempre en nuestra memoria.

 

 

Para saber más sobre la columna minera de Riotinto

Mi blog  

El testigo de la luna

La alta luna sobre la noche oscura
miraba pálida las calmadas aguas
y dormía el sueño bajo su cuna,
silencio, calladas las guitarras,
silencio, la calle expectante,
silencio, la sombra acechaba.
No era una noche cualquiera
aquella noche de aquel verano
las calles vacías caían esbeltas
al paso de una famélica legión,
portando en su seno abanderado
la esperanza y en su corazón,
el corazón mismo de la tierra.
Todos formaron, todos avanzaron
su paso firme de atronador barreno,
su voz profunda, el torrente del minero,
su corazón infinito, pilar de todo valor,
y avanzaron bajo la luna sobre la noche oscura,
y la luna miraba inquieta con su sonrisa de plata
y los cantos abandonaron los pueblos y plazas
y fueron clamor de pueblos lejanos y plazas nuevas.
Bajo la luna sobre la noche oscura,
en sus rostros ennegrecidos brotaban
astros de nácar y en sus ojos la luna
brillaba firme y presa de la luz amada,
determinada a iluminar luchas y senderos
por los que transcurriría libre el mañana,
el sueño y el sentir de los puños obreros,
su refulgente luz sigue brillando bajo nuestros días.
No fue la luna la única blanca figura
ni la sombra de la noche su forma más oscura,
sino las ortigas, punzantes y traidoras
que crecieron voraces y hediondas
portando muerte donde vida, llamas
donde sed, yugos donde libertad
y donde esperanza, lágrimas.
Allí en la plaza donde las ortigas
habían crecido, allí en La Pañoleta
a las puertas de Sevilla,
allí donde los mineros cayeron,
allí se pudran todas las malditas ortigas,
viriles y traidoras.

 

El testigo de la luna

Maltrato

Las manos que no pueden defenderse,
¿qué hacen?
Las mentes que no saben discernir,
¿qué pueden?

¿Quién las protege del impacto,
de las miradas decepcionadas,
de la ira de tus palabras?

¿Quién las escuda del daño
que siembras como semilla
en las entrañas
con tu violencia,
con negligencia,
con rabia?

Y esa hierba malsana,
¿quién impedirá que se expanda?

Imagen destacada por Roberto Cabral.