El poeta que se fue a buscar palabras a un pueblo vacío

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De mi pueblo fui guardando
el recuerdo de las horas
el tiempo de aquellos juegos
que parecían auroras.
El placer de los amigos
el dolor de sentir sola
el color de aquellas risas
rubor de niña-amapola.
Emigrantes de la sombra
palabras de fuentes puras
las cruces del cementerio
no están en las sepulturas.
Las chimeneas no humean
ni cuelgan de los balcones
aquellas colchas de seda
que parecían mantones…
cuando en el Corpus pasaba
el Señor por cada puerta…
Cuando íbamos a por agua
dejando la casa abierta.
En las calles empedradas
se apodera la maleza
hierba hiriente son los cardos
adornando la tristeza.
Palabras entumecidas
rotas entre muebles viejos
por las paredes oscuras
ya no miran los espejos.
Gritos de arañas salvajes
La soledad me requema
y en el dolor de esta nada
me discrimina el poema.
Palabra de labradores
que la simiente enterraron
para perder la cosecha
de todo lo que sembraron.
Ya no hay gallos que despierten.
La luna torna quimeras
alumbra a un sólo vecino
que trasnocha primaveras.
Y ya no brotan los olmos
de Machado en la garganta…
Sin árboles y sin niños
¿Qué poeta es el que canta?
Latido de acento claro
ya sin lápiz ni papel
sobre las calles de barro
el verso deja su piel
Allí encontré un diccionario
entre la pared hundida
Palabras son de mi llanto
sobre resquicios de vida.

©Julie Sopetrán

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Sequía (Villancico)

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Necesito un quitasol
que libre al Niño del sol.

El clima se ha vuelto loco
y ya no nieva en invierno;
el calor ya no es alterno
y nos provoca sofoco.
Porque es Navidad invoco
aminorar el resol
que al Niño lo quema el sol.

En Alaska ya no hay hielo
el Ártico se deshiela;
lo que allí no se congela
es auténtico desuelo.
Necesito un caramelo
con un viso tornasol
que libre al Niño del sol.

Ya no nieva en los apriscos
ni hace frío en los portales;
las risas son digitales
los aguinaldos, ariscos.
Y así nos queman los fiscos
con su fogoso farol
y el Niño… sin quitasol.

El clima no colabora
con el Portal de Belén;
¿Pero a quién le importa el Bien
o lo que suceda ahora?
El Niño de pena llora
¡Y no tiene quitasol
para librarse del sol!

©Julie Sopetrán

 Queridos amigos lectores, seguidores de este blog, a todos les deseo FELIZ AÑO NUEVO 2019, desde este cambio climático que tanto nos afecta.  Les quiero a todos. Un fuerte abrazo.

Buscando posada (Villancico)

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Y van pidiendo posada
y la puerta está cerrada.

Jesús, María y José
ya van en la caravana,
se fueron muy de mañana
cruzando el amanecer.
Y no tienen qué comer
en tan fría madrugada
que la puerta está cerrada.

La valla es una pared
hecha de alambre, con hierros;
y están ladrando los perros
y el Niño muere de sed.
¿Alguien le puede acoger
tras esta puerta cerrada
o en el mundo no hay posadas?

Y se acumula la gente
Y no se puede pasar.
De nada sirve gritar
mirando al muro de frente.
Y aunque seas diferente…
si al otro lado hay posada
¿Por qué la puerta cerrada?

Esperamos y esperamos
que nos den paso y comida;
que nuestro Niño es la vida
y porque todo lo damos
la libertad que buscamos
no es el fin de una encerrada:
sólo buscamos posada.

Practicamos buenas obras
nos une el bien para todos;
si eres rico, pues ni modo…
reparte lo que me robas
o dame lo que te sobra
tras de esa puerta cerrada
donde buscamos posada.

Y no queremos la guerra
somos migrantes humanos;
tan sólo tenemos manos
para trabajar la tierra,
la necesidad destierra…
Vamos pidiendo posada
y la puerta está cerrada.

Llegamos a la frontera
y nos recibe esta valla
donde el alma se desmaya
y no la salta cualquiera.
Si en Tijuana se durmiera
el Niño… José saltara
hasta encontrarnos posada.

©Julie Sopetrán
2018

Luces en el zoo

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 Zoo de Guadalajara, España. Foto: JS.

No sé
de dónde viene la luz que enmarca el zoo
cada mañana.
Entre los viejos árboles y a contraluz,
me envuelven los colores casi todos blancos,
verdes, azules, nuevos…
Sus reflejos encienden poesía.

No sé
por qué amanezco en el zoo. No tengo prisa.
Las marmotas ramonean las plantas,
excavan su madriguera invernal
siempre en pareja.

Los pavos reales me siguen perezosos,
parece que meditan cada paso
bajando la cabeza
hasta sus propias huellas; presumen de discretos
y guardan su abanico
entre las plumas.

No sé,
no me preguntes por qué mi animal favorito:
la cabra, se empina sobre sus patas traseras
para no dejar hoja
entre los huecos de las alambradas.
Nos saludamos a distancia,
nos conocemos desde siempre y nos miramos
como si fuera la primera vez.

No sé
por qué se encarcela a las palomas
grises, blancas, azules, negras,
con un cielo de alambre,
con vallas de cristal y filamentos rígidos
que maltratan sus alas
sin clemencia.

No sé, no sé
por qué está tan sucio el zoo,
agua estancada, cieno, ciervos sobre el tarquín
o el barro, sin nada que rumiar, sin hierba
que vigorice su cornamenta,
su belleza, anquilosada entre los barrizales.

No sé.
No sé por qué el zoo ya no es un jardín animal,
lo que se exhibe es trágico, triste, tétrico.
¿Pues qué puedo aprender de jaulas sucias
de animales  maltrechos, encarcelados,
cautivos, rendidos ante mis ojos húmedos?
No sé
de dónde viene la luz cada mañana.

El mono capuchino me mira,
está sentado en una piedra, está solo,
se tapa los ojos, ya no sabe jugar,
me hizo recordar una música de infancia…
Dice que está muriendo,
le digo: mira al cielo y déjate envolver
por los colores de la mañana…
Y no sé, no sé
si me hará caso.

©Julie Sopetrán

 

Nana para dormir el dolor que causa la estupidez

Wifredo Lam - Your Own Life, 1942 at The Kreeger Art Museum Washington DC

«Your Own Life» (1942), obra de Wifredo Lam, Art Museum Washington, D.C.

No llores, corazón
el ser es una deuda de lo errático
ea ea ea o
el destierro es la pena
bo bo bo

Minerva inspira el canto
del mundo, disparate
Demócrito está triste
ea ea e e e

El asno
rebuzna entre las flores
de Apuleyo
no llores, corazón
ea ea ea o

Ser libre cual soy yo
no es comprensible
rústica, tosca, basta
ea ea e

Complacer
es honor
y quien se ofenda…
es culpable o no es
lo que parece

ea ea e
así es
la estupidez
e e e e.

©Julie Sopetrán

Del adobe al plástico pasando por el mar

 

Yo vi cómo mi padre hacía adobes
Todavía conservo el molde que usaba para darles forma
utilizaba la tierra, el agua, la paja, el barro
toda una masa hecha con los pies
me encantaba pisar, bailar con pies descalzos sobre aquella materia natural…
Luego, los dejaba al sol dos o tres días y cuando estaban secos
los ponía de canto para que se airearan, varios días después, los cepillaba
y no había aditivos y así se construían nuestras casas
y las de los animales, como las gallinas, los cerdos, las mulas…
y a esos lugares los llamábamos casas, establos, cortes, cuadras, gallineros.

Y en menos de cincuenta años hemos pasado del adobe al plástico
Por ejemplo, ya se inauguró el moderno edificio Media-Tic en Barcelona
arquitectura sostenible de plástico, nueva tecnología, sistema resistente, más de veinte millones de euros de presupuesto, innovación, comunicación, restaurante, sala de actos para unas tres mil personas…

—y seiscientas en el mar sin techo, sin comida, sin patria… esperando
que algún plástico generoso les lleve a alguna parte—

…y a la  piel de este edificio se la llama ETFE, que es un polímero Ethilene Tetrafluor Ethilene
algo así como un plástico especial capaz de atraer la atención
del más moderno de los habitantes de este planeta.

Hemos pasado por la piedra, la madera, el ladrillo, el hormigón, el hierro,
el acero, el vidrio.. y ahora somos de plástico… el mismo que reciclamos,
para no destruir los mares, no contaminar los ríos,
para no ser partícipes del desastre
y es la nueva moda de edificar con plástico.
Y sí, un día nos señalarán con el dedo
por crear la época flexible, dúctil, moldeable…

¿Empezó todo con aquellas flores de plástico ya descoloridas
o fue la cirugía plástica en desgaste de encantos?
Pero ahí están los teléfonos móviles hechos con plástico, el dinero, las tarjetas, las gafas… los edificios, los muebles, los zapatos, las bolsas… los platos, los etcs. interminables del consumo diario.
Los envases de cada cosa que tocamos… botellas, cajas, dulces…
en cualquier momento nos invade el mercado de basuras para al instante
instalar en cada casa el reciclaje, porque ya no tenemos otra cosa que hacer
y cualquier día hasta los ataúdes serán de plástico.

Y llueve, llueve y los adobes se deshacen, pero ahí queda ese plástico
que ya  estamos comiendo… y poco a poco nos está matando.
¿Hay alguien que pueda o quiera evitar ésta náusea?

©Julie Sopetrán

Mirando las joyas

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Hoy me paré a mirar un viejo escaparate

es de una joyería estable en mi camino;

y me vino a la mente algún lugar lejano

letal para ese niño obrero de la mina.

Hoy es San Valentín las joyas se cotizan

soles, lunas, y el brillo aciago que conecta

y así, cuenta me doy, que la gema es humana.

El niño que separa el oro del mercurio

el veneno que el aire expande entre las llamas

la enfermedad no cuenta, el rico compra todo.

Es San Valentín, la luna se ha escondido

y me paro a mirar la vieja joyería

veo por el espejo, el trabajo ilegal

y el mercurio de termómetro entre sus manos…

Metal hiriente, líquidos envenenados

entre la inocencia de millones de niños.

La amalgama está lista, el oro se separa

y las llamas muerden cual peligrosos monstruos

para niños de África, América latina…

“y mi papá es minero y si tenemos hambre…”

La salud se fractura y la familia sufre

mientras la joya brilla un sentimiento oculto.

 

©Julie Sopetrán