Barcelona

GUARDADO POR CAROL AGUILERA EN PINTOREST

Mimos en las Ramblas de Barcelona  – Guardado por Carol Aguilera en Pinterest

Porque me cuesta reaccionar con versos ante la locura. Porque me asustan ciertos mimos. Porque sangro en el alma desconcierto. Porque sólo es el llanto y el silencio ante la herida que se agranda frente a la noticia. Porque no me salen las palabras frente al dolor. Porque se me paralizan los sentidos ante la maldad. Porque me siento débil ante lo perverso… Pero hay un momento , aunque no sepas cuándo… te brotan las palabras, se desborda el alma y dentro, muy dentro, se alborota en desorden la rabia al saber que los inocentes ya somos rehenes de los culpables. Y ahí comprendes que en la tragedia triunfa el amor y no hay  lugar para independencias… En ese instante, todos somos uno, y es ahora, que puedo escribir en acróstico: BARCELONA.

Bruscamente parada la vida entre las flores

Amargo es el perfume de la sangre vertida

Recojo odio en las ruedas de un furgón desbocado

Caballo enloquecido por intrigas ajenas

Encendidas de fobia matando en las aceras

Locura de un dios viejo que trastoca el sentido

O encarcela en las sombras la idea de la vida

No podrá con el miedo, tampoco con el orden

Aunque mate los sueños… ¡Nunca, la libertad!

©Julie Sopetrán

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¿Y a quién le importas?

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«Duelo a Garrotazos», por Francisco de Goya.

La incidencia es suceso, cuando vamos de paso
circunstancia que surge como a primera vista,
cuando vas en tu coche manejando a placer
y de repente, frenas, con luz intermitente
porque el conjunto avisa que te debes parar.
Sin saber lo que pasa, varios metros después
surge lo inoportuno que obstaculiza el ritmo
hoy, es un once de julio, más o menos, la una
cuando el sol se desploma con su inmenso poder
voy metida en el coche, con el aire encendido
me paro, y ya no sabes, hasta cuando y por qué.
Pasan las ambulancias, los guardias, los bomberos
y te quedas mirando, como si presintieras
que hay muertos a tus pies…
Y estamos esperando
salir de aquel escollo, laberinto sin calles
tropiezos sin traspiés. Ya dos horas pasaron
y hasta dieron las tres, más de veinte kilómetros
en fila y sin retorno, fue en plena carretera
comiéndonos el sol cual si su boca fuera
un duelo a garrotazos en siniestro abandono
o un desierto nacido, de repente, en camino:
ancianos, niños, seres, sin sombrilla y sin agua
y pasaron cuatro horas a punto de mareo
imaginando muertos, ¿accidente de tráfico?
la gente en las cunetas, la autovía cerrada
el sol quemando esperas, y sin poder movernos
sin auxilio: ¡Socorro!  los niños piden agua
¿Dónde están: la Cruz Roja, la Protección Civil,
ni un simple Policía, Fomento, o los Señores
que cuidan la Autovía? Todos están ausentes
nadie, nadie en la ayuda, y el tiempo sin salida
en raya recta, trullo, sudor a fuego lento
cinco horas y años, y años, pagando los impuestos
para saber que a nadie… realmente le importas.

©Julie Sopetrán

En las calles oscuras

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Huele a llanto en las calles de los presentimientos
la ciudad duerme, el mal se esconde entre las sombras
la noche crea los fantasmas del miedo en las orillas
de las sucias aceras. La lluvia es ácida, contamina,
la química se extiende, las golondrinas ya no vuelven
las abejas se mueren, el campo suda pesticidas;
los sabores perecen y no se escucha la música en la cantina
los jóvenes la llevan puesta en los auriculares
y corren sin meta ni objetivo al son de no se sabe qué ritmo
todo es velocidad, urgencia, premura, displicencia.
La luz intermitente de un televisor relumbra en la ventana
abierta a los desasosiegos del programa basura.
Dos ancianos anestesian el tiempo en la mirada
la cena sin hacer, las patatas fritas tiradas por el suelo
y el manantial sin agua y los labios resecos
y la ansiedad con náuseas porque él se fue con otra
y el periódico, repleto de noticias, sobre la mesa del café
porque todo es mentira… menos los muertos o mandados matar
que aún no se sabe dónde se quedaron…
Y nos siguen matando y lo intuimos, somos la gran rebaja
el estorbo de las grandes acciones del gran poder oculto.
El aire está viciado y lo sabemos y es de noche
y las estelas de los aviones no dejan de cruzarse en el cielo
hasta destruir las verdaderas nubes aquellas que se fueron
y no vuelven ya no vuelven como antes a llover en calma…
Y aún recuerdo, cuando la agricultura era el alivio de los pobres.
Algunos políticos pisotean el hambre y la necesidad
de los más débiles… para después pedir el voto
que los mantenga en la opulencia. La sociedad está ebria
de embustes, se tambalea y aunque quiere estar viva, no puede
hacer frente al vino enmohecido por los aditivos de artificio…
No llego a fin de mes, mientras los niños me dicen que quieren ser políticos
en los paraísos fiscales. Llueve. Veo que los barcos no llegan a la costa
los emigrantes mueren en el intento. Es de noche. La justicia se esconde
los jueces se reúnen con las estrellas, tardarán en volver, todo es lento,
estoy buscando velas para escribir mis versos. Y me acosan
los toques del WhatsApp, son los mensajes tontos que intentan distraerme
de lo que ¿está pasando sin pasar?  Sé que algo se descompone en la mirada,
en el oído, en el tacto, huele a llanto, me sabe amargo el aire,
y he de matar las voces de los presentimientos.

©Julie Sopetrán

Desavenencia

 

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«Cristo crucificado» (detalle), por Diego Velázquez (Museo del Prado).

¿Cómo puedo quejarme en este día
cuando hasta el sol se esconde entre las nubes
para que nada brille en campo injusto?
Muertos en los derribos de la guerra,
mujeres, hombres, niños lastimados,
llanto de la impotencia en el exilio.
Mentiras por doquier en sementeras,
la química en la piel del inocente,
la sangre río abajo ya sin límites…
Políticos limándose las uñas,
espadas encubiertas de patrañas,
poder de las palabras sin paisaje.
El poema se ha roto en las esquinas,
las letras están muertas, no se mezclan,
el esquema visual ya está cifrado
y la razón se pierde en las pantallas.
Reconstruimos las ruinas que son cárceles,
la armonía se rompe en lo mudable.
¿Dónde vamos, venimos, sin trabajo,
puede algún “móvil” darme la respuesta?
¿Cómo puedo quejarme si los niños
no saben por qué mueren entre escombros?
¡Qué inocente dolor entre metralla!
¿Cómo puedo quejarme en este día
de un pequeño dolor, de un día gris
si el tiempo aún no ha curado los agravios
al ver a Dios clavado en una cruz?

©Julie Sopetrán

Tristeza

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Lágrimas llueven
por las calles vacías
donde el silencio grita.
Todas las muertes
son la noche en el puente
por donde cruza el miedo.

©Julie Sopetrán

Barreras

nube

La valla es como el muro
cristal y acero,
el aire es transparente
y adobe el miedo.
¡Quiero ser ave
para cruzar fronteras
mañana y tarde!

A un lado escribo versos
pluma y lucero,
al otro lado cantan
la mar y el cielo.
¡Quiero ser pez
para cruzar los bordes
sin tener sed!

Entre el calor y el frío
la verja es tiempo,
el amor se derrite
y el odio es fuego.
¡Quien fuera nube
y llover, llover versos
sobre las urbes!

©Julie Sopetrán

Realidad virtual

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En la materia
realidad virtual
desasosiego

Tecnología
sin alma, sin amor
vacío interno

Un mundo a solas
La máquina es el fin
de lo creado

Entre zarzales
se muere el caracol
envenenado

Un manicomio
la abeja enloquecida
por los sembrados

Contracorriente
dos zombis se pelean
un viejo llora.

©Julie Sopetrán