Mirando las joyas

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Hoy me paré a mirar un viejo escaparate

es de una joyería estable en mi camino;

y me vino a la mente algún lugar lejano

letal para ese niño obrero de la mina.

Hoy es San Valentín las joyas se cotizan

soles, lunas, y el brillo aciago que conecta

y así, cuenta me doy, que la gema es humana.

El niño que separa el oro del mercurio

el veneno que el aire expande entre las llamas

la enfermedad no cuenta, el rico compra todo.

Es San Valentín, la luna se ha escondido

y me paro a mirar la vieja joyería

veo por el espejo, el trabajo ilegal

y el mercurio de termómetro entre sus manos…

Metal hiriente, líquidos envenenados

entre la inocencia de millones de niños.

La amalgama está lista, el oro se separa

y las llamas muerden cual peligrosos monstruos

para niños de África, América latina…

“y mi papá es minero y si tenemos hambre…”

La salud se fractura y la familia sufre

mientras la joya brilla un sentimiento oculto.

 

©Julie Sopetrán

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Ruqia Hassan

Ruqia Hassan

Ruqia Hassan

Yo no sabía tu nombre de flor del desierto
de Siria, y hoy lo pronuncio con el aliento triste
de la muerte abriendo la puerta a la lista
interminable de nombres de mujer con aroma
de jazmines, grito
de majestuosa dignidad, “mejor morir, morir,
que vivir humillada
 —dijiste— por esos tipos
que nos imponen su poder
”.

Yo no sabía tu nombre, el que abre la esperanza de los pueblos
y la libertad de sus mujeres. Ruqia Hassan,
asesinada en Raqa. “Seguramente
seré detenida
y decapitada —
lo sabías—,
pero conservaré mi dignidad”. Y al corazón
del mundo
llega el aliento de tus últimas palabras; y enmudece
el mundo
porque
tu juventud está hecha
de sabiduría y honradez,
de la belleza imparable de la vida
que otra vez, ¡ay, el alma y la memoria de Hypatia de Alejandría!,
harán sangre en sus manos aquellos que interpretan
los designios de los hombres y los deseos de Dios
para justificar sus crímenes en todas las ciudades
y los pueblos ocupados. Contra ellos
nada valen tu valor y el conocimiento de la filosofía,
pero saben que puede más que ellos la verdad que ilumina
tus sólo treinta años contra el totalitarismo de velos
y nicabs negros, crucifixiones,
decapitaciones, torturas,
flagelaciones públicas en las plazas de Raqa,
la ciudad que está siendo aniquilada
silenciosamente.

El valle del Eúfrates se ahoga en sangre;
yo no sabía tu nombre ni la alegría de los pétalos blancos
de sus letras, y ahora tengo en mis manos
todo el terror que desangra a Siria y no sé qué hacer
con las bombas aliadas
ni con el horror del Califato. Tú estás muerta
y tu muerte defiende nuestras vidas, pero sé
que no será suficiente
si seguimos callados ante el crimen.

Julio González Alonso
lucernarios.net


Con tristeza ante la realidad, comparto este poema con los lectores de Arte y denuncia, para hacer notar lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Un poema del extraordinario poeta Julio González Alonso, que me ha conmovido intensamente. Ruqia Hassan se adentra en nuestras vidas, nos habla de lo que está pasando. Es importante que reflexionemos ante su muerte. Ruqia Hassan tenía 30 años, fue acusada de espionaje y asesinada por decir la verdad, murió en manos de los yihadistas por contar lo que estaba pasando en su ciudad.
Julie Sopetrán

Jesús, vuelve (Villancico)

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Porque hoy has vuelto a nacer
vengo a cantarte otra vez.

Nace en el mar, en pateras
o en campos de refugiados,
en la montaña, en los prados,
en el centro, en las afueras,
al borde de las fronteras
y nace y vuelve a nacer
pa que le cante otra vez.

Nace en la paz y en la guerra
entre el más rico y más pobre;
recoge lo que nos sobre
del producto de la tierra,
al Amor, al Bien se aferra
y porque vuelve a nacer
quiero cantarle otra vez.

Y nace en grandes palacios
y en las humildes chabolas;
y a veces, entre las olas
y allí donde no hay espacios
y llora entre los presagios
y porque lo quiero ver
vengo a cantarle otra vez.

Niños que nacen y mueren
otros se quedan perdidos
sin papeles ni apellidos
niños que a todos nos duelen,
nada piden, nada tienen.
Jesús ha vuelto a nacer
y yo le canto otra vez.

©Julie Sopetrán

 

Independiente

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Yo ya nací independiente
soy hija de la post-guerra;
si tenía qué comer
aún se lo debo a la tierra.
Crecí libre entre las ruinas
de un monasterio quemado;
entre piedras y cenizas
leí a Lorca y a Machado.
Pero fue Miguel Hernández
quien me dio a conocer Troya;
porque leí muy despacio
sus Nanas de la cebolla
Mi situación de lectura
me hizo depender del verso;
y mi estado libertino
molestaba al universo.
Así crecí en mi carácter
de dependencia total;
hice de “mi capa un sayo”
y me fui a la capital.
Soñadora, emancipada
trabajadora y consciente;
basé todo en el Amor
para ser independiente
y pensando en los demás
aprendí a ser… sonriente.
Recorrí algunos lugares
lejanos, y el mundo entero;
me pareció soberano
para saber lo que quiero.
Que yo soy de todas partes
a mí me gusta la gente;
y el tiempo corre que vuela
seas o no independiente.
Vete a vivir a una isla
si te gustan las fronteras;
que si no quieres a nadie
es mejor que te perdieras.
Y olvidado entre las aguas
que te cerque la corriente;
que siendo de todas partes
serás más… independiente.

©Julie Sopetrán

Barcelona

GUARDADO POR CAROL AGUILERA EN PINTOREST

Mimos en las Ramblas de Barcelona  – Guardado por Carol Aguilera en Pinterest

Porque me cuesta reaccionar con versos ante la locura. Porque me asustan ciertos mimos. Porque sangro en el alma desconcierto. Porque sólo es el llanto y el silencio ante la herida que se agranda frente a la noticia. Porque no me salen las palabras frente al dolor. Porque se me paralizan los sentidos ante la maldad. Porque me siento débil ante lo perverso… Pero hay un momento , aunque no sepas cuándo… te brotan las palabras, se desborda el alma y dentro, muy dentro, se alborota en desorden la rabia al saber que los inocentes ya somos rehenes de los culpables. Y ahí comprendes que en la tragedia triunfa el amor y no hay  lugar para independencias… En ese instante, todos somos uno, y es ahora, que puedo escribir en acróstico: BARCELONA.

Bruscamente parada la vida entre las flores

Amargo es el perfume de la sangre vertida

Recojo odio en las ruedas de un furgón desbocado

Caballo enloquecido por intrigas ajenas

Encendidas de fobia matando en las aceras

Locura de un dios viejo que trastoca el sentido

O encarcela en las sombras la idea de la vida

No podrá con el miedo, tampoco con el orden

Aunque mate los sueños… ¡Nunca, la libertad!

©Julie Sopetrán

¿Y a quién le importas?

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«Duelo a Garrotazos», por Francisco de Goya.

La incidencia es suceso, cuando vamos de paso
circunstancia que surge como a primera vista,
cuando vas en tu coche manejando a placer
y de repente, frenas, con luz intermitente
porque el conjunto avisa que te debes parar.
Sin saber lo que pasa, varios metros después
surge lo inoportuno que obstaculiza el ritmo
hoy, es un once de julio, más o menos, la una
cuando el sol se desploma con su inmenso poder
voy metida en el coche, con el aire encendido
me paro, y ya no sabes, hasta cuando y por qué.
Pasan las ambulancias, los guardias, los bomberos
y te quedas mirando, como si presintieras
que hay muertos a tus pies…
Y estamos esperando
salir de aquel escollo, laberinto sin calles
tropiezos sin traspiés. Ya dos horas pasaron
y hasta dieron las tres, más de veinte kilómetros
en fila y sin retorno, fue en plena carretera
comiéndonos el sol cual si su boca fuera
un duelo a garrotazos en siniestro abandono
o un desierto nacido, de repente, en camino:
ancianos, niños, seres, sin sombrilla y sin agua
y pasaron cuatro horas a punto de mareo
imaginando muertos, ¿accidente de tráfico?
la gente en las cunetas, la autovía cerrada
el sol quemando esperas, y sin poder movernos
sin auxilio: ¡Socorro!  los niños piden agua
¿Dónde están: la Cruz Roja, la Protección Civil,
ni un simple Policía, Fomento, o los Señores
que cuidan la Autovía? Todos están ausentes
nadie, nadie en la ayuda, y el tiempo sin salida
en raya recta, trullo, sudor a fuego lento
cinco horas y años, y años, pagando los impuestos
para saber que a nadie… realmente le importas.

©Julie Sopetrán

En las calles oscuras

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Huele a llanto en las calles de los presentimientos
la ciudad duerme, el mal se esconde entre las sombras
la noche crea los fantasmas del miedo en las orillas
de las sucias aceras. La lluvia es ácida, contamina,
la química se extiende, las golondrinas ya no vuelven
las abejas se mueren, el campo suda pesticidas;
los sabores perecen y no se escucha la música en la cantina
los jóvenes la llevan puesta en los auriculares
y corren sin meta ni objetivo al son de no se sabe qué ritmo
todo es velocidad, urgencia, premura, displicencia.
La luz intermitente de un televisor relumbra en la ventana
abierta a los desasosiegos del programa basura.
Dos ancianos anestesian el tiempo en la mirada
la cena sin hacer, las patatas fritas tiradas por el suelo
y el manantial sin agua y los labios resecos
y la ansiedad con náuseas porque él se fue con otra
y el periódico, repleto de noticias, sobre la mesa del café
porque todo es mentira… menos los muertos o mandados matar
que aún no se sabe dónde se quedaron…
Y nos siguen matando y lo intuimos, somos la gran rebaja
el estorbo de las grandes acciones del gran poder oculto.
El aire está viciado y lo sabemos y es de noche
y las estelas de los aviones no dejan de cruzarse en el cielo
hasta destruir las verdaderas nubes aquellas que se fueron
y no vuelven ya no vuelven como antes a llover en calma…
Y aún recuerdo, cuando la agricultura era el alivio de los pobres.
Algunos políticos pisotean el hambre y la necesidad
de los más débiles… para después pedir el voto
que los mantenga en la opulencia. La sociedad está ebria
de embustes, se tambalea y aunque quiere estar viva, no puede
hacer frente al vino enmohecido por los aditivos de artificio…
No llego a fin de mes, mientras los niños me dicen que quieren ser políticos
en los paraísos fiscales. Llueve. Veo que los barcos no llegan a la costa
los emigrantes mueren en el intento. Es de noche. La justicia se esconde
los jueces se reúnen con las estrellas, tardarán en volver, todo es lento,
estoy buscando velas para escribir mis versos. Y me acosan
los toques del WhatsApp, son los mensajes tontos que intentan distraerme
de lo que ¿está pasando sin pasar?  Sé que algo se descompone en la mirada,
en el oído, en el tacto, huele a llanto, me sabe amargo el aire,
y he de matar las voces de los presentimientos.

©Julie Sopetrán